José Martí

viernes, 29 de enero de 2016

Antón Chéjov

(Antón Pávlovich Chéjov; Taganrog, 1860 - Badenweiler, 1904) 

Narrador y dramaturgo ruso. Considerado el representante más destacado de la escuela realista en Rusia, su obra es una de las más importantes de la dramaturgia y la narrativa de la literatura universal. 

Su estilo está marcado por un acendrado laconismo expresivo y por la ausencia de tramas complejas, a las que se sobreponen las atmósferas líricas que el autor crea ayudado por los más sutiles pensamientos de sus personajes. Chéjov se apartó decididamente del moralismo y la intencionalidad pedagógica propios de los literatos de su época en una Rusia convulsa y preocupada por su destino, para apostar por un tipo de escritor carente de compromiso y pasión, plasmando una idea de la literatura que rechazaba el principio del autor como narrador omnisciente.

Antón Chéjov

Procedía de una familia de hábitos sencillos y escasos medios, cuya cabeza, el modesto mercader Pavel, era nieto de un siervo de la gleba. Chéjov acabó los estudios secundarios en Taganrog, donde permaneció solo tras la marcha de sus familiares a Moscú. Entre 1879 y 1884 cursó medicina en la universidad de la capital; pero, más interesado en la literatura que en la ciencia médica desde hacía algunos años, pospuso ésta a aquélla, y pronto difundió su nombre a través de varias narraciones humorísticas, reunidas en un libro titulado Cuentos de varios colores (1886).
Alentado por el escritor Grigorovich y el director del periódico Novoe vremja(Tiempo nuevo), Suvorin, con quien estableció una cordial y duradera amistad, y librado ya de las formas un tanto forzadas del cuento humorístico, hacia el año 1888 ya era ampliamente conocido por el público, tanto por su obra humorística como por textos de alcance más profundo, en los que la incisiva descripción de las miserias y la existencia humanas fueron desplazando los recursos humorísticos.
En ese año apareció, en la revista Severny Vestnik de San Petersburgo, el relato La estepa, inspirado en un viaje al sur del país, donde los idílicos paisajes de su infancia habían desaparecido por la industrialización, contra la que el autor se rebela. Aquí introdujo uno de los elementos más característicos de su enfoque narrativo: la supeditación del argumento a la atmósfera del relato. El punto de vista del autor omnisapiente se diluye en la mirada de un personaje, Egorushka, que no alcanza a comprender lo que sucede a su alrededor. Los elementos que mueve este relato aparecerán una y otra vez en la obra de Chéjov, pues La estepa está poblada por una galería de personajes (el campesino Dymov, el empresario Varlamov o el pope Kristofor) que constituyen una genuina representación del "inconsciente colectivo" de la Rusia finisecular.
Otro significativo relato del período que se abre a partir de 1888 (en el que el autor disminuyó el ritmo de su producción literaria: de unos cien relatos al año en 1886, pasa a escribir diez en 1888) es Una historia aburrida (1889), penetrante estudio de la mente de un viejo profesor de medicina, profesión que ejerció esporádicamente el propio Chéjov. Pertenece a una serie de obras del autor que fueron llamadas "clínicas", por tener como personajes a enfermos físicos o mentales. Acaso el relato más conocido de esa serie sea Palata Nº 6 (1892), acerba crítica de la psiquiatría en el que la relación entre el paciente Gromov y el doctor Ragin se resuelve dramáticamente con el ingreso del segundo en su propia clínica, para terminar muerto por mano de uno de los celadores.
En adelante, la existencia del autor careció de acontecimientos relevantes, excepto un viaje a la isla de Sakhalin, realizado a través de Siberia a la ida, y a lo largo de las costas de la India al regreso; de tal expedición dejó constancia en el libro La isla de Sakhalin (1891). Durante la penuria de 1892-93, que azotó a la Rusia meridional, Chéjov participó en la obra de socorro sanitario. Luego vivió largo tiempo en la pequeña propiedad de Melichovo, no lejos de Moscú, donde escribió la mayor parte de sus narraciones y de sus textos teatrales más famosos. Enfermo de tuberculosis, hubo de trasladarse a Crimea, y desde allí, por razones de la cura, realizó frecuentes viajes a Francia y Alemania.
En los últimos años del siglo se produjeron en su existencia dos hechos que sin duda modificaron su curso: la nueva orientación del escritor hacia la izquierda, que le alejó de su amigo Suvorin, conservador, y el éxito de su drama La gaviota en el Teatro de Arte de Moscú, de Stanislavski y Nemirovich-Danchenko. A sus nuevas tendencias y al ejemplo de Korolenko se debió también su dimisión de la Academia, que, tras haber nombrado miembro honorario a Gorki, acató la orden del gobierno y tuvo que anular el nombramiento.
La fortuna de La gaviota convenció inesperadamente a Chéjov de su capacidad como escritor dramático, tras sus propias dudas acerca de ello debidas al fracaso del mismo drama en el Teatro Aleksandrinski de San Petersburgo. A la obra citada siguieron, con no menor éxito, El tío Vania en 1898-99, Tres hermanas en 1901 y El jardín de los cerezos en 1904. Mientras tanto, el número de sus narraciones había aumentado considerablemente, y a algunas de ellas se debió su progresiva fama como representante asimismo del humor y el espíritu de su época y del característico producto de ésta, la "inteligentzia" (así Mi vidaLa sala n.º 6Relatos de un desconocidoEl monje negroUna historia aburrida, etc.).
Como en los dramas, también en las narraciones resulta posible percibir una atmósfera determinada: la que fue llamada precisamente "chejoviana", particular estado de ánimo definido por Korolenko como el de un alegre melancólico. Cabe advertir que existe un nexo entre el Chéjov jovial e irreflexivo de la adolescencia y la primera juventud, interesado, según describe su hermano, en la recopilación de anécdotas destinadas a facilitar su colaboración en las revistas humorísticas, y el de la madurez, inquieto como una gaviota que, en vuelo sobre el mar, no sabe dónde posarse (según la bella imagen empleada por la actriz Olga Knipper, que en 1898 llegó a ser su esposa).
La aguda intuición de la tristeza de la vida, que muchos atribuyen erróneamente sólo al Chéjov de los años maduros, se hallaba ya en él precisamente tras la alegría y la despreocupación del joven estudiante de medicina, oculto, como si de revelar su propia naturaleza se avergonzara, bajo algunos seudónimos. De la misma forma, la capacidad de ver a las criaturas humanas en envolturas hechas adrede para provocar la risa continuó caracterizando su estilo, aun cuando atenuada en matices de parodia, fantasía o espejismo, y de transposición, finalmente, fuera de la realidad cotidiana, hacia un hipotético futuro lejano.
Dentro de su diversidad, efectivamente, Chéjov resultó uniforme en cuanto a los aspectos artístico y espiritual. Como lo afirmó él de la existencia, se mostró a la vez extraordinariamente simple y complejo, y si pese a no juzgarse pesimista puso de relieve los pliegues más tristes y ocultos de la naturaleza humana, fue precisamente porque, según dijo él mismo, amó la vida. Todo ello, como es natural, quedó también reflejado en la forma, o sea en el estilo propiamente dicho. Sin embargo, la plena conciencia del valor artístico de la obra de Chéjov no se alcanzó hasta más tarde; sea como fuere, cabe recordar la admiración que hacia ella experimentaronTolstoi y Gorki y la influencia ejercida por Chéjov, ya fuera de Rusia, en Katherine Mansfield.

miércoles, 27 de enero de 2016

Conversatorio de Antonio Estévez en la B.PC Rómulo Gallegos

Nace en Calabozo (Edo. Guárico) el 1.1.1916
Muere en Caracas el 26.11.1988
Antonio Estévez
Antonio Estévez
Ilustración realizada por Francisco Maduro.
Compositor musical y fundador del Orfeón de la Universidad Central de Venezuela. Fueron sus padres Mariano Estévez y Carmen Aponte. En 1923, inició sus estudios musicales en Caracas y los continuó en Calabozo, al regresar a su ciudad natal en 1925. En 1926 ingresó en la banda del pueblo como ejecutante del saxhorn. En 1930, retorna a la capital de la República, donde prosiguió con sus estudios musicales generales y los de clarinete de la mano de Miguel Gallo en la Escuela de Música y Declamación. En 1932, ingresó a la Banda Marcial de Caracas dirigida en ese entonces por Pedro Elías Gutiérrez. Desde 1934 Vicente Emilio Sojo fue su profesor de composición en la Escuela de Música y Declamación. También en 1934, ingresó a la Orquesta Sinfónica de Venezuela como segundo oboe. En 1938 comenzó su obra para coro: Rocío, El Jazminero estrellado. En 1942 contrajo nupcias con Flor Roffé y se graduó como ejecutante de oboe.
En 1943, fundó el Orfeón Universitario de la Universidad Central de Venezuela. Al año siguiente se graduó de compositor en la Escuela de Música y Declamación. En 1945, obtuvo una beca del Ministerio de Educación para continuar sus estudios de música en Europa y Estados Unidos. Luego de finalizar los estudios musicales en el extranjero, regresó a Venezuela donde comenzó a trabajar sobre su Concierto para orquesta y en la Cantata criolla que finalizó en 1954, año en que se le otorgó por esa obra musical, el Premio Anual de Sinfónicas. En 1949 fue galardonado con el Premio Nacional de Música. En 1961, regresa a Europa esta vez a Inglaterra, con la finalidad de actualizar su lenguaje musical, y posteriormente en 1963 a París, donde frecuentó el Centro de Investigación de la Radiodifusión Francesa, bajo la dirección de Pierre Shaeffer. A partir de su amistad con Jesús Soto, se produjo un cambio en la estética de su obra el cual quedó expresado en Cromovibrafonía, que era una obra de ambientación sonora para una exposición de Soto en Montreal en 1967. En 1971 regresa a Venezuela y con el apoyo del Centro Simón Bolívar crea el Instituto de Fonología Musical que dirigió hasta 1979. En 1972 junto a Jesús Soto produjo Cromovibrafonía múltiple una obra de ambientación para el Museo de Arte Moderno de Ciudad Bolívar. En 1987 recibió el Premio Nacional de Música y el doctorado Honoris Causa en letras que le confirió la Universidad de Los Andes.
tomado de http://www.venezuelatuya.com/biografias/antonio_estevez.htm

martes, 26 de enero de 2016

De Enero a Marzo de 2016: Taller de Crónica literaria en la B.P.C. "Rómulo Gallegos"

Como parte de las actividades programadas para el primer trimestre del año en curso, la Biblioteca Pública Central Rómulo Gallegos tiene planificado el Taller de Crónica Literaria, auspiciado por la Casa Nacional de las Letras y con el apoyo de la Red de Bibliotecas Públicas Guárico a cargo de Wollmer Uzcátegui.
Yony Martínez, director del recinto bibliotecario declaró junto a Jeroh Montilla, facilitador del taller, que a partir del jueves 28 de enero inicia el taller, que se realizará en el transcurso de 16 horas a dos horas semanales, durante ocho jueves consecutivos de 3:00 a 5:00 de la tarde.
Tendrá un cupo de 14 participantes, entre jóvenes escritores, profesores e interesados en la temática tratada como es la crónica literaria, género  de reciente actualidad en el mundo literario y periodístico Latinoamericano.
Montilla acotó que los participantes explorarán y discutirán la historia y las técnicas de la realización del género en donde se mezcla estéticamente la literatura y el periodismo, asimismo, al culminar el taller cada uno de los participantes deberán presentar su propia crónica respaldados con investigación y sumando la creatividad.
Recalcó que este tipo de talleres se vienen realizando en la Biblioteca Pública Central desde hace cuatro años en los mismos, en sus modalidades de poesía, narrativa y ensayo y a su vez ha constribuido al surgimiento y consolidación de una generación de jóvenes escritores que constituyen una camada de creadores que ya han marcado pautas en la literatura regional, obteniendo galardones, con posteriores publicaciones, en algunos concursos literarios internacionales, acotó Montilla.


El colectivo de la Misión Leer y Escribir en el Warairarepano


El colectivo de la Misión Leer y Escribir compartieron con los 28 profesores de siete países Suramericanos  como Ecuador, Bolivia, Brasil, Perú, Colombia, Uruguay y Argentina  y visitaron el día sábado el Warairarepano  y compartieron sus experiencias. Un día diferente . 


Misión Leer y Escribir promovió lectura en encuentro con profesores de música Suramericanos

En el salón de Aguas Termales en San Juan de los Morros se promovió lectura en el encuentro entre los profesores de música de siete paises Suramericanos y la Misión Leer y Escribir donde a su vez conocieron el trabajo que realizan los promotores de lectura, el Sistema de orquesta y el colectivo que la conforma.
Wollmer Uzcátegui, coordinador de la Red de Bibliotecas Públicas del estado Guárico y Presidente de la Mision Leer y Escribir manifestó que Carola Martínez, primera combatiente del Estado Guárico sembró esta hermosa idea en la región llanera y cada día se ven sus frutos. Asimismo, Uzcátegui, agradeció a los profesores en nombre de Martínez y del Gobernador de Guárico, Ramón Rodríguez Chacín el haber seleccionado a nuestro Estado para conocer el concepto del sistema de orquestas venezolano, y de esta manera llevarlo a otras fronteras.
"La visita de profesores de Ecuador, Bolivia, Brasil, Perú, Colombia, Uruguay y Argentina es un espaldarazo para seguir trabajando en colectivo - apuntó-  el Sistema de Orquestas del estado Guárico ha logrado muchas cosas, y una de ellas. La Misión tiene como propósito que la gente se acostumbre a escuchar música y leer, pues hace muchos años no era posible este tipo de Encuentros. Gracias a Dios, hoy en dia tenemos un Sistema de Orquestas fortalecido".
Agregó que en los municipios guariqueños también cuenta con núcleos del Sistema de Orquestas que igualmente realizan un excelente trabajo y Guárico siempre estará abierto a trabajar con este tipo de actividades. Asimismo, comentó que la Misión Leer y Escribir continuará visitando cada rincón del Guárico en compañía de Valeria, Tamanaco Chacín, nuevo integrante de la Misión, y el colectivo para llevar lectura.
En el Encuentro Valeria Campos y Tamanaco Chacín narraron la historia "Un León en Biblioteca"  y deleitaron a los presentes con su particular manera de hacer llegar el mensaje.     
Por su parte, María José Patiño, directora de orquesta en Argentina agradeció a Carola Martinez el apoyo para la permanencia de los docentes en el estado Guárico "la experiencia que nos llevamos de Venezuela ,en especial de Guárico es motivadora, profunda e inspiradora, y estoy segura que lo llevaremos a nuestros países para copiarlo".







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miércoles, 20 de enero de 2016

Nuestros libros de Martí en la Biblioteca Pública Rómulo Gallegos


Pueden solicitar en nuestra Biblioteca Pública Rómulo Gallegos los libros de José Martí,  Patriota y escritor cubano, apóstol de la independencia de Cuba, última colonia española en América. El hecho de haber muerto en la batalla lo transformó en el mártir de las aspiraciones cubanas a la independencia. 


Nació en el seno de una modesta familia española en la Habana, el 28 de enero de 1853,donde recibió su educación primaria. Fue discípulo de Mendive y de Luz y Caballero. A los 16 años por sus ideas revolucionarias fue condenado a seis años de prisión. Con la salud quebrantada, fue indultado y confinado en la isla de Pinos. Deportado a España en
1871, publicó El presidio político en Cuba, el primero de muchos folletos que abogaban por la independencia cubana de España y La República Española ante la Revolución Cubana. Terminó su educación en la Universidad de Zaragoza; donde en 1874 se licenció en Derecho y Filosofía y Letras. Años más tarde, vivió su destierro en Francia, en 1875
se trasladó a México donde se casó con Carmen Zayas Bazán, y en 1877 fue a Guatemala, donde enseñó por un tiempo en la Universidad Nacional. 
Volvió a Cuba en 1878 pero fue desterrado nuevamente en 1879 por sus continuas actividades revolucionarias.  
Se trasladó a EE.UU. donde vivió entre 1881 y 1895 en Nueva York, ejerció el periodismo y fundó en 1892 el Partido Revolucionario Cubano, del que fue elegido delegado para la organización de la lucha independentista. Fue ese año cuando fundó su diario, "Patria". 
En 1895 en la isla de Santo Domingo redactó el Manifiesto de Montecristi, en el que predicó la guerra sin odio, y que firmó con Máximo General Gómez y Baez, el héroe de la independencia cubana. Desembarcó con éste en Playitas, en el este de Cuba, donde murió un mes más tarde, el 19 de mayo de 1895, durante una escaramuza con tropas
españoles en Dos Ríos.  
Como escritor Martí fue un precursor del modernismo iberoamericano. Sus escrituras incluyen numerosos poemas, "Ismaelillo" (1882), "Versos sencillos" (1891) y "Versos libres" (1892), la novela "Amistad funesta" (1885) y ensayos. 
 
En 1889 fundó y dirigió la revista para niños "La edad de oro" donde publicó un texto sobre San Martín. 
 
Se destacó por su estilo fluido, simple y su vívidas imágenes personales. Sus Obras Completas, formadas por 73 volúmenes, se publicaron desde 1936 a 1953.

Respetado ante la Sociedad Literaria


Texto de una obra literaria de José Martí, La Edad de Oro


Martí participa activamente en la velada de la Sociedad Literaria Hispanoamericana en honor a Venezuela en 1892

 Señoras, señores: 

No con la voz penosa de quien vive aún en la fatiga de los primeros días de América, puesto que sólo se han de contar en un pueblo los días que nacen de aquel en que se sacudió de la frente la corona extraña; no con la voz caída de quien, hasta por el cuerpo ruin, padece de envidia de aquellos cíclopes que escalaron el cielo y se trajeron de él la banda azul que abrió en dos, para siempre, el antiguo pabellón; no con la voz desmayada de la enfermedad tenaz, sino con acentos que fueran a la vez como fragor de rayo y como música de seda, quisiera yo sacar del relicario de mi pecho aquella tierna reliquia de la pasión que guardo en él para el pueblo que a la hora de la libertad puso en sus hombres la fuerza de los ríos con que echa atrás el mar, y el ímpetu y el fuego y el estrépito con que arrancaron de los senos de la tierra sus montañas; para el pueblo que pone en sus mujeres el alma nacarada y aromosa de su flor de café. Porque yo no sé que haya derecho más grato que el de admirar como hijo al pueblo por donde América mostró al mundo cómo la libertad vence desnuda, sin más cureña que el lomo del caballo ni más rancho que recortes de cuero, al poder injusto que se socorre de las riquezas de la tiranía y del mismo ciego favor de la Naturaleza; de venerar como hijo a la tierra que nos ha dado en nuestro primer guerrero a nuestro primer político, y el más profundo de nuestros legisladores en el más terso y artístico de nuestros poetas; de amar como hijo a la república donde las almas, a modo de espada de fábrica finísima, son todas de acero, que pica frente a frente, para quien les pellizca la dignidad o les rebana la tierra del país, y para el que de afuera va a pedirles techo y pan son todas puño de oro. Duermen tal vez otros pueblos,-que es cosa que no se ha de hacer, porque hay siempre pueblos que acechan y vigilan,-duermen otros pueblos tal vez, entretenidos en comadrear por las ventanas o en descascarar el maíz, sobre una gloria que sólo tiene derecho a recordar quien la cultiva y continúa; y suele uno que otro americano,-por el anhelo codicioso de las pompas y bienes del mundo, o por aturdimiento fácil ante las maravillas ajenas, acaso más viciadas que seguras, o por el horror natural de los trastornos y la sangre, o por impaciencia mal aconsejada de progresos superficiales e inmaturos,-proclamar más pesada de la cuenta, o abandonar a la lluvia y el polvo del camino, la patria que sus padres sublimes les confiaron, para obtenerle del Universo indiferente la paz del respeto, y librarla del desdén peligroso con que miran a las almas entecas los creadores y fuertes de este mundo; ¡pero a Venezuela, como a toda nuestra América, a nuestra América desinteresada, la hemos de querer y de admirar sin límites, porque la sangre que dio por conquistar la libertad ha continuado dándola por conservarla! ¡Proclamemos, contra lacayos y pedantes, la gloria de los que en la gran labor de América se van poniendo de quicio y abono para la paz libre y decorosa del continente y la felicidad e independencia de las generaciones futuras! Fue un día en que de la tierra, como la Naturaleza de los llanos después de las lluvias, surgieron, a medio vestir, los héroes que descansaron de la cabalgata en el alumbramiento de Ayacucho; ¡y allí las margariteñas fueron de más valor que las perlas de la Margarita, que a cestos vaciaban, sin fatigárseles las manos, en el tesoro de la libertad, siempre mendiga en sus primeras horas; y allí, con sus manos blancas y afiladas, como la fragante reina de la noche de su jardín, a su hermano imberbe armaban caballero, de la caballería que no vuelve la espalda sino como en las Queseras, aquellas magníficas barcelonesas, torres de alabastro; y con las valencianas de hospital y reserva, daban el frente a los demonios montados de Boves los espectros de lanza y cinturón que defendían a Valencia invencible; y "con los escarpines de raso" y el in cendio de la patria asolada en las mejillas, salieron de sus flores y na ranjos a la tiniebla de la emigración, como el jacinto teñido de sangre, las finas caraqueñas! ¡Y allí se abrazaban los hombres a la pólvora, y el sol ante su luz palidecía de celos; y volvió a ser que les hombres a pie firme anduviesen y triunfasen sobre las aguas de la mar y le cor taron a Ribas la cabeza del gorro frigio y la mano inmortal con que señala su camino a América! Luego fue el día-porque el drama de la sangre tiene siempre más de un acto-en que, con el calor de la libertad novel en las regiones apartadas de propósito por la malicia colonial, o enemistadas por los celos de predominio o las diferencias de cultura, las armas criadas en la pelea contra el opresor se emplearon en acomodar, con la prisa pró diga de la juventud, las entidades que la distancia y la emulación no han podido dividir tanto como las ha juntado al cabo el patriotismo. Y con los métodos violentos que eran de naturaleza en un país sanguíneo y brillante, venido al gobierno propio sin el cocimiento ni costumbre de las prácticas despaciosas y rutinarias de la libertad, precipitó Venezuela generosa, a saltos armados, la amalgama indispensable para la fundación de un pueblo,-por la ley de los árboles nuevos, que tienen el corazón muy cerca aún de la corteza, y no por la impotencia inherente que los débiles o los ignorantes creen reconocer en esto que no es más que el cumplimiento útil e inevitable de un simple trance histórico. ¡Héroes tuvo Venezuela, bellos como banderas desgarradas, y como el potro fiero de su escudo, y como el rayo primero del Sol; en la pelea sobrenatural de la independencia! ¡y héroes ha tenido, no menos útiles por ser menos gloriosos, en esta brega de amasar, con cadáveres, y con desterrados, y con presos, los cimientos firmes e inconmovibles de una verdadera república! ¡Y entonces fue la miríada de los méritos: de los llaneros que se amoldaban a la presidencia; de los maestros canosos que hacían del pecho trinchera del civismo; de los magistrados que volvían del sitial de la nación a la silla de la cátedra; de los coroneles a quienes no les salía el discurso a la multitud sino cuando estaban a caballo, con la lanza en su bota; de los patricios que, en el continuo choque de la mezcla urbana y postiza de la civilización de Roma y las de Francia y los Estados del Norte, con la civilización burda y real que caía de las regiones naturales del país, hallaron tiempo para exponer los cánones del mundo nuevo y de la literatura constante en aquella lengua que crece con los años. como el aroma del vino generoso; para cantar la Naturaleza y los afectos en una poesía que mantuvo siempre,-aun en la época en que el fuego patriótico parecía tener su forma propia en las importaciones románticas, aun en los días en que el afán de la emancipación definitiva llevaba a tomar los modelos franceses de sus mismos imitadores españoles,-aquel orden ameno y encendida moderación por donde en las letras de América tiene aire como de rosa entre flores la literatura venezolana. Entonces fue cuando, con los vaivenes de la foro tuna en aquellos años de subir y de caer, se enseñó en sus quilates mayores el alma de la mujer de Venezuela, palma en el salón, y sol suave en la casa, y amiga en la adversidad; de aquella mujer que sabe unir, sin egoísmo ni rudeza, el albedrío al decoro, y en las quintas del valle hace olvidar, con su gracia elocuente e ingenua, los tornasoles y hermosuras que de todas partes reclaman los ojos en aquella soberbia naturaleza, y en los paseos de la plaza florida viene y va como la misma flor, con su elegancia y su finura, a quien el jardinero ha dado asueto para travesear por los jardines. Y hoy es el día de la grandeza más difícil, en que los que reciben de sus padres, en el carácter ya hecho a la realidad y a la disciplina, el país más compacto y adulto, han de ordenar, como están ordenando, las fuerzas nacionales, descascaradas en la larga trilla, y han de evitar, como están evitando, la suerte que en el mundo que avanza ha de caber a los pueblos que no se deciden a avanzar con el mundo; hoy es el día de trabajar y de juntar, en que una juventud que pide al empleo directo y al estudio de los problemas propios la paz dichosa que jamás vendría de ideas de afuera ni de amistades artificiales, ni de la creencia impropia y enervante en la irremediable superioridad ajena, entiende acaso que entró ya la América en aquella hora de alma eficaz y común en que se cumplirá por fin el angustioso anhelo, el deseo profético y mortal, de aquel cuyo nombre no se ha de decir, porque con evocarlo sólo ya las almas se subliman y elevan; del que por las astas tomó a la Naturaleza, cuando la Naturaleza se le oponía, y la volcó en tierra; del que cuando pensó en "poner una piedra fundamental para la libertad" en América. no la pidió para la libertad de Venezuela, sino para la libertad sudamericana; del que murió del afán devorador de alzar a tiempo, con un siglo de tiempo, las energías que al cabo de él habría de necesitar para su salvación, en la batalla esencial y evitable, el continente que se sacó de las entrañas. Ni de soberbia, ni de ambición, ni de despecho murió el hombre increíble que acaso pecó por todas ellas; sino del desacuerdo entre su espíritu previsor, turbado por aquella misma viveza de la fuerza per sonal que lo movía a las maravillas, y la época de distancias enemigas y de civilizaciones hostiles, o incompletas y ajenas, o aborígenes y de gradadas, que juntó él mismo a vivir; del desacuerdo murió entre su concepto impaciente y original de los métodos de creación de un país a ningún otro semejante, y los conceptos, más influyentes a veces que sinceros, de los que en la misma libertad prefieren el seguro de la canonjía a las emociones costosas y saludables de las labores de raíz; murió de la lucha, por entonces inútil, entre su idea continental con las ideas locales, y de la fatiga de conciencia de haber traído al mundo histórico una familia de pueblos que se le negaba a acumular, desde la cuna, las fuerzas unidas con que podía, un siglo más tarde, refrenar sin conflicto y contener para el bien del mundo las excrecencias del vigor foráneo, o las codicias que por artes brutales o sutiles pudiesen caer, arrollando o serpeando, sobre los pueblos de América, cuando levantasen por su riqueza un apetito mayor que el respeto que hubiera levantado por su odio y auxilio. ¡Y se cubrió el grande hombre el rostro, y murió frente al mar! Me lleno de júbilo y de orgullo al ver cómo, en la casa de la nieve, hemos tallado el altar donde se comulga en la amistad discreta y entrañable de los pueblos de nuestro continente. Y al mirar al pie de esta bandera, más limpia de sangre inocente que ninguna otra de las grandes banderas del mundo, y más empapada de sangre gloriosa, los hijos agra decidos de nuestra familia de pueblos, que vienen a poner las almas, atónitas aún de admiración, ante la madre de nuestras repúblicas, siento que en las botas de pelear, que no se ha quitado todavía, se pone en pie el genio de América, y mira satisfecho, con el fuego vivifico de sus ojos, a los que, de buena voluntad para todos los pueblos buenos de la Tierra, cumplen, sin comprometerlo con coqueterías de salto atrás ni con deslumbramientos pueriles, su legado de juntar en un haz las hijas todas de nuestra alma de América.

Conoce el discurso Pronunciado por Martí en la velada de la Sociedad Literaria Hispanoamericana en honor de Simón Bolívar el 28 de octubre de 1893

 Señoras, señores: 

Con la frente cota de los americanos que no han podido entrar aun en América; con el sereno
conocimiento del puesto y valer reales del gran caraqueño en la obra espontánea y múltiple de la emancipación americana; con el asombro y reverencia de quien ve aún ante sí, demandándole la cuota, a aquel que fue como el samán de sus llanuras, en la pompa y generosidad, y como los ríos que caen atormentados de las cumbres, y como los peñascos que vienen ardiendo, con luz y fragor, de las entrañas de la tierra, traigo el homenaje infeliz de mis palabras, menos profundo y elocuente que el de mi silencio, al que desclavó del Cuzco el gonfalón de Pizarro. Por sobre tachas y cargos, por sobre la pasión del elogio y la del denuesto, por sobre las flaquezas mismas, ápice negro en el plumón del cóndor, de aquel príncipe de la libertad, surge radioso el hombre verdadero. Quema, y arroba. Pensar en él, asomarse a su vida, leerle una arenga, verlo deshecho y jadeante en una carta de amores, es como sentirse orlado de oro el pensamiento. Su ardor fue el de nuestra redención, su lenguaje fue el de nuestra naturaleza, su cúspide fue la de nuestro continente: su caída, para el corazón. Dícese Bolívar, y ya se ve delante el monte a que, más que la nieve, sirve el encapotado jinete de corona, ya el pantano en que se revuelven, con tres repúblicas en el morral, los libertadores que van a rematar la redención de un mando. ¡Oh, no! En calma no se puede hablar de aquel que no vivió jamás en ella: ¡de Bolívar se puede hablar con una montaña por tribuna, o entre relámpagos y rayos, o con un manojo de pueblos libres m el puño, y la tiranía descabezada a los pies...! Ni a la justa admiración ha de tenerse miedo, porque esté de moda continua en cierta especie de hombres el desamor de lo extraordinario; ni el deseo bajo del aplauso ha de ahogar con la palabra hinchada los decretos del juicio, ni hay palabra que diga el misterio y fulgor de aquella frente cuando en el desastre de Casacoima, en la fiebre de su cuerpo y la soledad de sus ejércitos huidos, vio claros, allá en la cresta de los Andes, los caminos por donde derramaría la libertad sobre las cuencas del Perú y Bolivia. Pero cuanto dijéramos, y aun lo excesivo, estaría bien en nuestros labios esta noche, porque cuantos nos reunimos hoy aquí, somos los hijos de su espada. Ni la presencia de nuestras mujeres puede, por temor de parecerles enojoso, sofocar en los labios el tributo; porque ante las mujeres ameno canas se puede hablar sin miedo de la libertad. Mujer fue aquella hija de Juan de Mena, la brava paraguaya, que al saber que a su paisano Antequera lo ahorcaban por criollo, se quitó el luto del marido que vestía, y se puso de gala, porque "es día de celebrar aquel en que un hombre bueno muere gloriosamente por su patria";-mujer fue la colombiana, de saya y cotón, que antes que los comuneros, arrancó en el Socorro el edicto de impuestos insolentes que sacó a pelear a veinte mil hombres;-mujer la de Arismendi, pura cual la mejor perla de la Margarita, que a quien la pasea presa por el terrado de donde la puede ver el esposo sitiador, dice, mientras el esposo riega de metralla la puerta del fuerte: "jamás lograréis de mi que le aconseje faltar a sus deberes";-mujer aquella soberana Pola, que armó a su novio para que se fuese a pelear, y cayó en el patíbulo junto a él;-mujer Mercedes Abrego, de trenzas hermosas, a quien cortaron la cabeza porque bordó, de su oro más fino, el uniforme del Libertador;-mujeres, las que el piadoso Bolívar llevaba a la grupa, compañeras indómitas de sus soldados, cuando a pechos juntos vadeaban los hombres el agua enfurecida por donde iba la redención a Boyacá, y de los montes andinos, siglos de la naturaleza, bajaban torvos y despedazados los torrentes. Hombre fue aquél en realidad extraordinario. Vivió como entre llamas, y lo era. Ama, y lo que dice es como florón de fuego. Amigo, se le muere el hombre honrado a quien quería, y manda que todo cese a su alrededor. Enclenque, en lo que anda el posta más ligero barre con un ejército naciente todo lo que hay de Tenerife a Cúcuta. Pelea, y en lo más afligido del combate, cuando se le vuelven suplicantes todos los ojos, manda que le desensillen el caballo. Escribe, y es como cuando en lo alto de una cordillera se coge y cierra de súbito la tormenta, y es bruma y lobreguez el valle todo; y a tajos abre la luz celeste la cerrazón, y cuelgan de un lado y otro las nubes por los picos, mientras en lo hondo luce el valle fresco con el primor de todos sus colores. Como los montes en él ancho en la base, con las raíces en las del mundo, y por la cumbre enhiesto y afilado, como para penetrar mejor en el cielo rebelde. Se le ve golpeando, con el sable de puño de oro; en las puertas de la gloria. Cree en el cielo, en los dioses, en los inmortales, en el dios de Colombia, en el genio de América, y en su destino. Su gloria lo circunda, inflama y arrebata. Vencer ¿no es el sello de la divinidad? ¿vencer a los hombres, a los ríos hinchados, a los volcanes, a los siglos, a la naturaleza? Siglos. ¿cómo los desharía, si no pudiera hacerlos? ¿no desata razas, no desencanta el continente, no evoca pueblos, no ha recorrido con las banderas de la redención más mundo que ningún conquistador con las de la tiranía, no habla desde el Chimborazo con la eternidad y tiene a sus plantas en el Potosí, bajo el pabellón de Colombia picado de cóndores, una de las obras más bárbaras y tenaces de la historia humana? ¿no le acatan las ciudades, y los poderes de esta vida, y los émulos enamorados o sumisos, y los genios del orbe nuevo, y las hermosuras? Como el sol llega a creerse, por lo que deshiela y fecunda, y por lo que ilumina y abrasa. Hay senado en el cielo, y él será, sin duda, de él. Ya ve el mundo allá arriba, áureo de sol cuajado, y los asientos de la roca de la creación, y el piso de las nubes, y el techo de centellas que le recuerden, en el cruzarse y chispear, los reflejos del mediodía de Apure en los rejones de sus lanzas: y descienden de aquella altura, como dispensación paterna, la dicha y el orden sobre los humanos.-¡Y no es así el mundo, sino suma de la divinidad que asciende ensangrentada y dolorosa del sacrificio y prueba de los hombres todos! Y muere él en Santa Marta del trastorno y horror de ver hecho pedazos aquel astro suyo que creyó inmortal, en su error de confundir la gloria de ser útil, que sin cesar le crece, y es divina de veras, y corona que nadie arranca de las sienes, con el mero accidente del poder humano, merced p encargo casi siempre impuro de les que sin mérito u osadía lo anhelan para al, o estéril triunfo de un bando sobre otro, o fiel inseguro de los intereses y pasiones, que sólo recae en el genio o la virtud en los instantes de suma angustia o pasajero pudor en que los pueblos, enternecidos por el peligro, aclaman la idea o desinterés por donde vislumbran su rescate. ¡Pero así está Bolívar en el cielo de América, vigilante y ceñudo, sentado aún en la roca de crear, con el inca al lado y el haz de banderas a los pies; así está él, calzadas aún las botas de campaña, porque lo que él no dejó hecho, sin hacer está hasta hoy: porque Bolívar tiene que hacer en América todavía! América hervía, a principios del siglo, y él fue como su horno. Aún cabecea y fermenta, como los gusanos bajo la costra de las viejas raíces, la América de entonces, larva enorme y confusa. Bajo las sotanas de los canónigos y en la mente de los viajeros próceres venia de Francia y de Norteamérica el libro revolucionario, a avivar el descontento del criollo de decoro y letras, mandado desde allende a horca y tributo; y esta revolución de lo alto, más la levadura rebelde y en cierto modo democrática del español segundón y desheredado, iba a la par creciendo, con la cólera baja, la del gaucho y el roto y el cholo y el llanero, todos tocados en su punto de hombre: en el sordo oleaje, surcado de lágrimas el rostro inerme, vagaban con el consuelo de la guerra por el bosque las majadas de indígenas, como fuegos errantes sobre una colosal sepultura. La independencia de América venía de un siglo atrás sangrando:-¡ni de Rous seau ni de Washington viene nuestra América, sino de sí misma!- Así, en las noches amorosas de su jardín solariego de San Jacinto, o por las riberas de aquel pintado Anauco por donde guió tal vez los pies menudos de la espesa que se le murió en flor, vería Bolívar, con el puño al corazón, la procesión terrible de los precursores de la independencia de América: ¡van y vienen los muertos por el aire, y no reposan basta que no esta su obra satisfecha! El vio, sin duda, en el crepúsculo del Avila, el séquito cruento... Pasa Antequera, el del Paraguay, el primero de todos, alzando de sobre su cuello rebanado la cabeza: la familia entera del pobre inca pasa, muerta a los ojos de su padre atado, y recogiendo los cuartos de en cuerpo: pasa Tupac Amaru: el rey de los mestizos de Venezuela cima luego, desvanecido por el aire, como un fantasma: dormido en su sangre va después Salinas, y Quiroga muerto sobre su plato de comer, y Morales como viva carnicería, porque en la cárcel de Quito amaban a su patria; sin casa adonde volver, porque se la regaron de sal, sigue León, moribundo en la cuca: en garfios van los miembros de José España, que murió sonriendo en la horca, y va humeando el tronco de Galán, quemado ante el patíbulo: y Berbeo pasa, más muerto que ninguno,-aunque de miedo a sus comuneros lo dejó el verdugo vivo,-porque para quien conoció la dicha de pelear por el honor de su país, no hay muerte mayor que estar en pie mientras dura la vergüenza patria: ¡y, de esta alma india y mestiza y blanca hecha una llama sola, se envolvió en ella el héroe, y en la constancia y la intrepidez con ella; en la hermandad de la aspiración común juntó, al calor de la gloria, los compuestos desemejantes; anuló o enfrenó émulos, pasó el páramo y revolvió montes, fue regando de repúblicas la artesa de los Andes, y cuando detuvo la carrera, porque la revolución argentina oponía su trama colectiva y democrática al ímpetu boliviano, ¡catorce generales españoles, acurrucados en el cerro de Ayacucho, se desceñían la espada de España! De las palmas de las costas, puestas allí como para entonar canto perenne al héroe, sube la tierra, por tramos de plata y oro, a las copiosas planicies que acuchilló de sangre la revolución americana; y el cielo ha visto pocas veces escenas más hermosas, porque jamás movió a tantos pechos la determinación de ser libres, ni tuvieron teatro de más natural grandeza, ni el alma de un continente entró tan de lleno en la de un hombre. El cielo mismo parece haber sido actor, porque eran dignas de él, en aquellas batallas: ¡parece que los héroes todos de la libertad, y los mártires todos de toda la tierra, poblaban apiñados aquella bóveda hermosa, y cubrían, como gigante égida, el aprieto donde pujaban nuestras armas, o huían despavoridos por el cielo injusto, cuando la pelea nos negaba su favor! El cielo mamo debía, en verdad, detenerse a ver tanta hermosura:-de las eternas nieves, ruedan, desmontadas, las aguas portentosas: como menuda cabellera, o crespo vellón, visten las negras abras árboles seculares; las ruinas de los templos indios velan sobre el desierto de los lagos: por entre la bruma de los valles asoman las recias torres de la catedral española: los cráteres humean, y se ven las entrañas del universo por la boca del volcán descabezado: ¡y a la vez, por los rincones todos de la tierra, los americanos están peleando por la libertad! Unos cabalgan por el llano y caen al choque enemigo como luces que se apagan, en el montón de sus monturas; otros, rienda al diente, nadan, con la banderola a flor de agua, por el río crecido: otros, como selva que echa a andar, vienen costilla a costilla, con las lanzas por sobre las cabezas; otros trepan un volcán, y le clavan en el belfo encendido la bandera libertadora. ¡Pero ninguno es más bello que un hombre de frente montuosa, de mirada que le ha comido el rostro, de capa que lo aletea sobre el potro volador, de busto inmóvil en la lluvia del fuego o la tormenta, de espada a cuya luz vencen cinco naciones! Enfrena su retinto, desmadejado el cabello en la tempestad del triunfo, y ve pasar, entre la muchedumbre que le ha ayudado a echar atrás la tiranía, el gorro frigio de Ribas, el caballo dócil de Sucre, la cabeza rizada de Piar, el dolmán rojo de Páez, el látigo desflecado de Córdoba, o el cadáver del coronel que sus soldados se llevan envuelto en la bandera. Yérguese en el estribo, suspenso como la naturaleza, a ver a Páez en las Queseras dar las caras con su puñado de lanceros, y a vuelo de caballo, plegándose y abriéndose, acorralar en el polvo y la tiniebla al hormiguero enemigo. ¡Mira, húmedos los ojos, el ejército de gala, antes de la batalla de Carabobo, al aire colores y divisas, los pabellones viejos cerrados por un muro vivo, las músicas todas sueltas a la vez, el sol en el acero alegre, y en todo el campamento el júbilo misterioso de la casa en que va a nacer un hijo! ¡Y más bello que nunca fue en Junín, envuelto entre las sombras de la noche, mientras que en pálido silencio se astillan contra el brazo triunfante de América las últimas lanzas españolas! ...Y luego, poco tiempo después, desencajado, el pelo hundido por las sienes enjutas, la mano seca como echando atrás el mundo, el héroe dice en su cama de morir: "¡José! ¡José, vámonos, que de aquí nos echan: ¿a dónde iremos?" Su gobierno nada más se había venido abajo, pero él acaso creyó que lo que se derrumbaba era la república; acaso, como que de él se dejaron domar, mientras duró el encanto de la independencia, los recelos y personas locales, paró en desconocer, o dar por nulas o menores, estas fuerzas de realidad que reaparecían después del triunfo: acaso, temeroso de que las aspiraciones rivales le decorasen los pueblos recién nacidos, buscó en la sujeción, odiosa al hombre, el equilibrio político, sólo constante cuando se fía a la expansión, infalible en un régimen de justicia, y más firme cuanto más desatada. Acaso, en su sueño de gloria, para la América y para si, no vio que la unidad de espíritu, indispensable a la salvación y dicha de nuestros pueblos americanos, padecía, más que se ayudaba, con su unión en formas teóricas y artificiales que no se acomodaban sobre el seguro de la realidad: acaso el genio previsor que proclamó que la salvación de nuestra América está en la acción una y compacta de sus repúblicas, en cuanto a sus relaciones con el mundo y al sentido y conjunto de su porvenir, no pudo, por no tenerla en el redaño, ni venirle del hábito ni de la casta, conocer la fuerza moderadora del alma popular, de la pelea de todos en abierta lid, que salva, sin más ley que la libertad verdadera, a las repúblicas: erró acaso el padre angustiado en el instante supremo de los creadores políticos, cuando un deber les aconseja ceder a nuevo mando su creación, porque el título de usurpador no la desluzca o ponga en riesgo, y otro deber, tal vez en el misterio de su idea creadora superior, les mueve a arrostrar por ella basta la deshonra de ser tenidos por usurpadores. ¡Y eran las hijas de su corazón, aquellas que sin él se desangraban en lucha infausta y lenta, aquellas que por su magnanimidad y tesón vinieron a la vida, las que le tomaban de las manos, como que de ellas era la sangre y el porvenir, el poder de regirse conforme a sus pueblos y necesidades! ¡Y desaparecía la conjunción, más larga que la de los astros del cielo, de América y Bolívar para la obra de la independencia, y se revelaba el desacuerdo patente entre Bolívar, empeñado en unir bajo un gobierno central y distante los países de la revolución, y la revolución americana, nacida, con múltiples cabezas, del ansia del gobierno local y con la gente de la casa propia! "¡José! ¡José! vámonos que de aquí nos echan: ¿adónde iremos?"... ¿Adónde irá Bolívar? ¡Al respeto del mundo y a la ternura de los americanos! ¡A esta casa amorosa, donde cada hombre le debe el goce ardiente de sentirse como en brazos de los suyos en los de todo hijo de América, y cada mujer recuerda enamorada a aquel que se apeó siempre del caballo de la gloria para agradecer una corona o una flor a la hermosura! ¡Ala justicia de los pueblos, que por el error posible de las formas, impacientes, o personales, sabrán ver el empuje que con ellas mismas, como de mano potente en lava blanda, dio Bolívar a las ideas madres de América! ¿Adónde irá Bolívar? ¡Al brazo de los hombres para que defiendan de la nueva codicia, y del terco espíritu viejo, la tierra donde será más dichosa y bella la humanidad! ¡A los pueblos callados, como un beso de padre! ¡A los hombres del rincón y de lo transitorio, a las panzas aldeanas y los cómodos harpagones, para que, a la hoguera que fue aquella existencia, vean la hermandad indispensable al continente y los peligros y la grandeza del porvenir americano! ¿Adónde irá Bolívar?... Ya el último virrey de España yacía con cinco heridas, iban los tres siglos atados a la cola del caballo llanero, y con la casaca de la victoria y el elástico de lujo venia al paso el Libertador, entre el ejército, como de baile, y al balcón de los cerros asomado el gentío, y como flores en jarrón, saliéndose por las cuchillas de las lomas, los mazos de banderas. El Potosí aparece al fin, roído y ensangrentado: los cinco pabellones de los pueblos nuevos, con verdaderas llamas, flameaban en la cúspide de la América resucitada: estallan los morteros a anunciar al héroe,-y sobre las cabezas descubiertas de respeto y espanto, rodó por largo tiempo el estampido con que de cumbre en cumbre respondían, saludándolo, los montea. ¡Así, de hijo en hijo, mientras la América viva, el eco de en nombre resonará en lo más viril y honrado de nuestras entrañas! 

Patria. Nuera York 4 de noviembre de 1893

*Información enviada por la BNV

La herencia de Martí y Bolívar como guía para lucha revolucionaria de los pueblos

*IV Conferencia Internacional “La obra de Carlos Marx y los desafíos del siglo XXI”

El pensamiento ético – pedagógico latinoamericano tiene un alcance universal y una gran riqueza ideológica que se materializa en importantes pensadores, cuya trascendencia no sería posible esbozar al margen del escenario histórico cultural en que se han desarrollado nuestras naciones. Síntesis de ese pensamiento son precisamente, Simón Bolívar y José Martí, los cuales legitiman la expresión más alta y acabada del antiimperialismo, el latinoamericanismo, la dignifcación social, el patriotismo y la independencia nacional, valores éstos que están en la esencia misma de los proyectos de liberación de ambos pensadores y que conforman el corpus ético que fundamentan la educación cívica ciudadana y que hoy día se levantan frente a las pretensiones dominadoras de los centros de poder. 
Bolívar y Martí tienen dentro de sus aspiraciones fundamentales el logro de una patria nueva, no sólo por su riqueza material, sino por la grandeza del alma y del razonamiento de sus hombres. En la realización de este anhelo los valores morales se configuran como la fuerza propulsora hacia la perfección humana. De ahí su marcada connotación humanista y dignificadora que promueven la reflexión del presente trabajo, cuyo propósito es develar la convergencia y vigencia de las ideas de ambos pensadores en el contexto de la mundialización.
La ética Martiana y Bolivariana constituye la base fundamental de la educación y la ideología, ambas encaminadas a transformar la realidad social existente en función de un orden político consecuente y representativo del poder de todos.
Simón Bolívar (1783-1830) fue un hombre de pueblo que dedicó su vida a la lucha por la independencia latinoamericana. Fue un hombre que supo advertir las necesidades y urgencia s del Continente y sus naciones y en consecuencia supo definir los objetivos de la lucha emancipadora hispanoamericana y se entregó consecuentemente al logro de ese objetivo, a partir de una visión crítica de los gobiernos y formas de gobiernos.
Resulta difícil esbozar el pensamiento ético – pedagógico de Bolívar sin hacer referencia a su concepción de independencia e integración, pues en su visión revolucionaria lo uno está estrechamente vinculada a lo otro formando una unidad en la práctica social que lo guiara en todas sus acciones. La ética siempre estuvo asociada a la independencia constituyendo el objetivo principal de su vida expresado en valores morales como el respeto, el patriotismo, la dignidad, el honor, la honradez que se configuran en un ideal educativo tendiente a la libertad social y personal.
Si bien en Simón Bolívar podemos encontrar un pensamiento ético consagrado en la aspiración de la indecencia y la libertad continental, no es éste precisamente un sistema de normas y principios coherentemente fundamentado y articulado es sencillamente un torrente de ideas que van emanando en sus escritos y discurso y que fueron madurando en su vida cotidiana dejando para la posteridad lecciones morales concretas que lo ha inmortalizado para siempre.
La riqueza teórica adquirida por Bolívar, a través de su Maestreo Simón Rodríguez tiene sus antecedentes en las ideas del Ilusionismo, el empirismo y el enciclopedismo y especialmente del legado pedagógico de John Locke (1632 – 1704) y Jean Jacques Rousseau (1712- 1778), de este consultó el Emilio, el Contrato Social, La Declaración de derechos del hombre y el Ciudadano, los cuales de una forma u otra influyeron en su conciencia independentista cuya esencia tendía a subvertir el régimen colonial.
El cultivo Bolivariano de la idea de la libertad e independencia estuvo muy vinculado a la educación y la cultura, ambas muy deterioradas en los pueblos latinoamericanos y de lo cual da fe en el Discurso de Angostura, el 15 de Febrero de 1819:
“Uncido el Pueblo Americano al triple yugo de la ignorancia, de la tiranía, y del vicio, no hemos podido adquirir, ni saber, ni poder, ni virtud. Discípulos de tan perniciosos maestros, las lecciones que hemos recibido, y los ejemplos que hemos estudiados, son los más destructores. Por el engaño se nos ha dominado más que por la fuerza y por el vicio se nos ha degradado más bien que por la superstición”.
La herencia legada por el colonialismo a nuestras naciones ha sido generalizada durante años privando a los hombres de todo el continente no sólo a la educación espiritual de sus derechos y deberes esenciales, sino también a muchos de estos a vivir con cierta impotencia ante tales realidades y eso es precisamente el resultado de la estrecha visión de los gobiernos americanos que se han conformado con servir a los colonizadores y no a servir a los pueblos. Por eso Bolívar al analizar la realidad social latinoamericana consideraba a la educación como una necesidad para el ejercicio de la vida pública vista en dos direcciones, la primera, en la educación que ha de tener el gobernante para orientar los destinos de su nación y la segunda, en la visión que ha de tener el gobierno para potenciar en los ciudadanos una vida con templanza, sabiduría, y valores morales legítimos. Esta idea la esboza en el Discurso de Bogotá en enero de 1815 al referir:
“(…) la sabiduría, el valor y la templanza producen en el alma un orden y una armonía en sus funciones, que Platón llama justicia interior .La justicia exterior es solo la realización de un orden análogo en la sociedad. El hombre más justo en sí mismo es también el más justo en sus relaciones con los demás. La justicia lleva en sí la beneficencia. Hay que hacer bien a todos los hombres; no hay que hacer daño a nadie. No se debe volver injusticia por injusticia. ( la justicia es la reina de la virtudes republicanas y con ella se sostienen la igualdad y la libertad”.
Aquí se hace explícita la concepción de justicia que se articula en la trilogía Roussoniana Igualdad, Libertad y Fraternidad, la cual fue acogida y defendida en su lucha por la emancipación social.
Bolívar consideraba la justicia como la virtud esencial, siendo ésta el establecimiento de un nuevo orden que ha de tener en su base el reconocimiento de la igualdad de derechos de todos los seres humanos, la oportunidad y la condición externa para una buena vida.
El logro de la justicia a costa de sacrificio personal es la más elevada virtud que Bolívar tuvo como revolucionario entregado a una causa que lo acompaño en su vida y sus concepciones alumbrado por el sentido de entrega a la patria y a los ideales más legítimos que haya defendido.
El ideal que lo consagró por siempre a la vida sacrificada y entregada a la causa de la liberta está refrendado en su epistolario y que se materializa en ideas muy profundas en torno a la moral y al sacrifico. En relación con éste último aseveró:
“ (…) no es para mí un sacrificio, es para mi corazón un triunfo. El que lo abandona todo por ser útil a su patria, no pierde nada, y gana cuanto le consagra”.
Asimismo se refirió a la utilidad fortuna en la Carta a Pedro Briceño Méndez, “La fortuna no debe luchar vencedora contra quienes la muerte no intimida; y la vida no tiene precio sino en tanto que es gloriosa”.
La conformación de un corpus moral sistematizado no estaba en el centro de la actividad del libertador, pues para entonces tenía otras urgencias y más que con la teoría estaba comprometido con la transformación de la vida y de los hombres y mujeres del continente. Sin embargo, al tiempo que se consagró en la actividad revolucionaria planteó en varios de sus escritos su concepción ético – moral y como debía ésta regir la vida de los ciudadanos y el gobierno.
La moral bolivariana se articula de manera natural con sus aspiraciones de bienestar social y libertad moral. De sus sentencias más diáfanas en relación con el Ideal moral figura: “ Nada sino las malas acciones, deben molestar a los hombres sensatos.
Le atribuye Bolívar una importancia capital a la moral, la concibe como el sostén de la sociedad y el fundamento de la vida. En la carta a José María Castillo Rada dice: (…) la destrucción de la moral pública, causa bien pronto la destrucción del estado.
En el congreso de Angostura ya había planteado: “ moral y luces son nuestras primeras necesidades“, aquí está subrayando la importancia de la educación y la necesidad de su preparación para participar en la vida pública porque para él, la educación era fuente liberadora y podía contribuir a eliminar las
diferencias entre los hombre, por ello en su práctica política nunca desestimó la educación y por el contrario contribuyó a su desarrollo , a través de la creación de escuelas y universidades, en Guayaquil y el Perú., Caracas y Colombia.

A partir de estos elementos podemos plantear que la posición ética de Simón Bolívar se manifiesta en la consagración a los cambios sociales, en la eliminación de toda forma de discriminación, en el establecimiento de las indispensables garantías sociales, paz e igualdad de derechos, y en esta dirección apunta valores como justicia, lealtad, fidelidad, donde la justicia se convierte en el núcleo duro de su imperativo ético – moral, en tanto es la virtud que le concede a cada cual lo que le corresponde por derecho y por supuesto el compromiso de luchar por su defensa.
El aspecto moral y la educación ciudadana fueron una permanente preocupación para este luchador porque veía en ellas el sostenimiento de la causa de la libertad y del individuo mismo. Aquí nótese una convergencia con Martí en su máxima “ser cultos es el único modo de ser libres”.
La referencia a José Martí (1853-1895) en estas reflexiones más que casual es obligada, pues si en América Latina hay un pensador que se acerca de manera casi natural a Simón Bolívar ese es precisamente Martí, no sólo por su ideal emancipatorio y sus ansias de independencia, sino también, por la convergencia de sus concepciones éticas y educativas.
El ideal moral de José Martí constituye la cumbre del pensamiento ético en Cuba y la más elevada expresión de la ética de liberación nacional y continental ya propugnada por Bolívar, enriquecida por Félix Varela, José de luz y Caballero y Enrique José Varona. En este sentido la moral desde la óptica martiana se caracteriza esencialmente por la negación del individualismo y el cumplimiento del deber social de mera sencilla y natural.
En la atención brindada por el Maestro a los valores es determinante su modo de percibir a los hombres y su conducta. Los capta en la realidad, en su cultura e historia con sus ideales, paradigmas, relaciones y conducta. Los valores morales son el núcleo de su axiología y otorgan connotación ética a su humanismo. Los valores morales y la riqueza espiritual tienen un significativo lugar. Considera que mediante la aproximación al bien, la verdad y la belleza, el hombre se perfecciona.
Las virtudes en el humanismo martiano son valores morales. Tienen una especial relación con el bien: de él parten y hacia él retornan hechas conciencia una vez incorporadas a la vida humana. Este recorrido encuentra perfeccionamiento con la incorporación de la verdad y la belleza.
Aunque a lo largo de la obra escrita de José Martí pueden encontrarse diversas reflexiones sobre los valores morales, en La Edad de Oro aparece un concentrado diáfano que enfatiza el presente y apunta al futuro. Los niños son la encarnación del tránsito del ser al deber ser, el cual se alcanza con el esfuerzo del hombre.
En su obra dedicada a los niños de nuestra América aspira a que los mismos sean “hombres que digan lo que piensan, y lo digan bien: hombres elocuentes y sinceros”. La sinceridad se entrelaza con la honradez y la valentía: “Un hombre que oculta lo que piensa, o no se atreve a decir lo que piensa, no es un hombre honrado” y enfatiza la lucha para ser honrado y para que todos los demás lo logren. Cada cual debe autoperfeccionarse y contribuir al perfeccionamiento de los otros. Martí indica el camino: el estudio, el trabajo, el sacrificio eternos.
Las concepciones éticas Martianas tienen su base en el humanismo revolucionario que apunta al perfeccionamiento del hombre, a hacer culto al amor y al mismo tiempo, apela a la lucha y al combate para preservarlo. Éste se articula con otros no menos importantes para Martí cuya jerarquía se va a ir imponiendo de acuerdo a las necesidades y el momento. Se ubican por su constancia y renuencia la sinceridad, la dignidad, la humildad, la honradez, la honestidad, la solidaridad, el patriotismo, el amor y el cumplimiento del deber.
En el ideario ético martiano el amor, el humanismo y el patriotismo forman una triada indivisible que explica por si misma la fuerza propulsora de la transformación, a partir de la convicción de lo esencialmente significativo en la vida.
El amor como fuerza humana suprema, valor en sí mismo y conducto de valores, se acopla armónicamente de modo especial con el patriotismo, concebido por Martí como síntesis de todos los valores. “El patriotismo no es más que amor”.
La alta estima por el patriotismo y su asunción como valor que funge como prisma e imán se observa en el pensamiento martiano desde muy temprano. Es derrotero de su humanismo. Su humanismo es patriótico. A él se llega mediante el amor y el razonamiento. Por eso permea toda la subjetividad social e individual.
Las aspiraciones de superación humana asentadas en todo un sistema de valores morales, con el patriotismo como eje medular, conducen al hombre constantemente a otros dos valores. Estos merecen distinción especial por constituir fundamento de la patria en el futuro y ser aspectos claves en la lucha revolucionaria. Son la dignidad y la justicia.
La dignidad es autoestima, vergüenza, elevado precio de la condición humana y respeto irrestricto por poseerla. Significa posibilidad de pensar y actuar por sí mismo y fuerza que anima a su humanismo y lo diferencia de una misericordia superficial. Es el bien preferido por Martí para el futuro de la patria, cuyo fundamento ha de ser que “en la mejilla ha de sentir todo hombre verdadero el golpe que reciba cualquier mejilla de hombre”. Martí aspiraba a que éste se manifestara en la conducta de los hombres, en toda su actividad y en todas las relaciones humanas, las cuales han de desarrollarse sobre la base de la justicia.
La igualdad social es la base de la justicia, concebida ésta como valor moral. Le recalca a Manuel Mercado su pasión por ella como antítesis de la infamia y la violación del derecho. De ahí que consideraba que la pérdida del sentido de lo justo propiciaría el descenso humano.
El ideal martiano de justicia se expresa en su concepto de república, que como proyecto alternativo ante el dominio colonial español, representa una nueva visión de los problemas humanos y a la vez que reproduce el pensamiento liberal de la época, lo supera al concebir la revolución de liberación nacional como una condición para la liberación individual y de toda la sociedad.
Para Martí, alcanzar la justicia presupone la realización de diferentes transformaciones: crear una cultura original e integradora de lo mejor de la humanidad y de la historia patria; en lo económicosocial lo fundamental es borrar el atraso y disminuir las grandes diferencias sociales; en lo político es establecer un estado independiente y soberano, basado en la democracia más auténtica y la igualdad social; en lo jurídico lo conforma un derecho especial de garantía de igualdades ante la obra social.
En el pensamiento ético martiano se aprecia una articulación ético-política que emerge como resultado de una visión socio-cultural antropológica, con sus determinaciones histórico-políticas y su aplicación consciente al análisis de la sociedad.
La vinculación ético-política en el pensamiento martiano responde a la convicción de no ser alcanzable la emancipación humana y de la patria solamente mediante la moral puesto que no hay revolución sin la creación de una nueva ética. En él nunca desaparece la prédica de la moral encaminada a la superación humana, porque no desprecia su capacidad para perfeccionar y liberar al hombre.
La libertad está estrechamente relacionada con la capacidad racional humana, con los conocimientos. Con ellos pueden aparecer las soluciones que tendrán a la política como la vía para realizarlas.
Hay en la obra de Martí un rico ideario ético-político, consustancial a un humanismo pedagógico que da primacía a los valores. No es posible olvidar que estamos en presencia de un hombre fundador, cuyo pensamiento y praxis los puso en función de la formación humana del hombre de nuestra América. Toda su obra es formativa, en esencia; siempre lleva un mensaje de perfección humana, para la ascensión del hombre.
La multiplicidad del pensamiento ético – educativo Martiano y Bolivariano radica en la diversidad de valores que esbozaron y la profundidad que connota su importancia al expresar la relación entre las diferentes miradas del problema moral en su vinculación con lo humano trascendente para el hombre, la patria y la región. Ello hace al mismo tiempo convergente las concepciones de ambos pensadores que a pesar de las distancias se aproximan por su identidad política, cultural que hacen que cada vez más Cuba y Venezuela sean miradas y percibidas desde una realidad específica y común.
Por la trascendencia de sus ideales, Simón Bolívar y José Martí son y seguirán siendo paradigmas de los pueblos latinoamericanos que aun tienen el desafío de hacer realidad sus sueños de lograr una América libre e independiente, en el marco de la gigantesca crisis que compartimos con todos los pueblos de la Tierra, se hace verdad cotidiana la fe sencilla y profunda de José Martí en el mejoramiento humano, y en la utilidad de la virtud.
Dra. Diana Sedal Yanes.
Profesora Titular
Facultad de Ciencias Sociales. U.O
E-mail diana@csh.uo.edu.cu


 * Información enviada por BNV

Poesía El Ismaelillo. Escrita por Martí a su hijo


Conoce a José Martí...

Biografía de José Martí-Resumen

José Julián Martí Pérez nació en la calle Paula No. 41, La Habana, el 28 de enero de 1853.  
En 1866 matricula en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana. Ingresa también en la clase de Dibujo Elemental en la Escuela Profesional de Pintura y Escultura de La Habana, más conocida como San Alejandro.
El 4 de octubre de 1869, al pasar una escuadra del Primer Batallón de Voluntarios por la calle Industrias No. 122, donde residían los Valdés Domínguez, de la vivienda se oyen risas y los voluntarios toman esto como una provocación. Regresan en la noche y someten la casa a un minucioso registro. Entre la correspondencia encuentran una carta dirigida a Carlos de Castro y Castro, compañero del colegio que, por haberse alistado como voluntario en el ejército español para combatir a los independentistas, calificaban de apóstata.
Por tal razón, el 21 de octubre de 1869 Martí ingresa en la Cárcel Nacional acusado de infidencia por escribir esa carta, junto a su entrañable amigo Fermín Valdés Domínguez. El 4 de marzo de 1870, Martí fue condenado a seis años de prisión, pena posteriormente conmutada por el destierro a Isla de Pinos, lugar al que llega el 13 de octubre. El 18 de diciembre sale hacia La Habana y el 15 de enero de 1871, por gestiones realizadas por sus padres, logró ser deportado a España. Allá comienza a cursar estudios en las universidades de Madrid y Zaragoza, donde se gradúa de Licenciado en Derecho Civil y en Filosofía y Letras.
De España se traslada a París, por breve tiempo. Pasa por Nueva York y llega a Veracruz el 8 de febrero de 1875, donde se reúne con su familia. En México entabla relaciones con Manuel Mercado y conoce a Carmen Zayas Bazán, la cubana que sería su esposa.
Del 2 de enero al 24 de febrero de 1877 estuvo de incógnito en La Habana como Julián Pérez. Al llegar a Guatemala trabaja en la Escuela Normal Central como catedrático de Literatura y de Historia de la Filosofía. Retorna a México, para contraer matrimonio con Carmen el 20 de diciembre de 1877, regresando a inicios de 1878 a Guatemala.
Concluida la Guerra del 68 vuelve a Cuba el 31 de agosto de 1878, para radicarse en La Habana, y el 22 de noviembre nace José
Francisco,
su único hijo. Comenzó sus labores conspirativas figurando entre los fundadores del Club Central Revolucionario Cubano, del cual fue elegido vicepresidente el 18 de marzo de 1879. Posteriormente el Comité Revolucionario Cubano, radicado en Nueva York bajo la presidencia del Mayor General Calixto García, lo nombró subdelegado en la Isla.
En el bufete de su amigo Don Nicolás Azcárate conoce a Juan Gualberto Gómez. Entre el 24 y el 26 de agosto de 1879 se produce un nuevo levantamiento en las cercanías de Santiago de Cuba. El 17 de septiembre Martí es detenido y deportado nuevamente a España, el 25 de septiembre de 1879, por sus vínculos en la Guerra Chiquita. Al llegar a Nueva York, se establece en la casa de huéspedes de Manuel Mantilla y su esposa, Carmen Miyares.
Martí logra traer a su esposa e hijo el 3 de marzo de 1880. Permanecen juntos hasta el 21 de octubre, en que Carmen y José Francisco regresan a Cuba. Una semana después resultó electo vocal del Comité Revolucionario Cubano, del cual asumió la presidencia al sustituir a Calixto, quien había partido hacia Cuba para incorporarse a la Guerra Chiquita.
Entre 1880 y 1890 Martí alcanzaría renombre en la América a través de artículos y crónicas que enviaba desde Nueva York a importantes periódicos: La Opinión Nacional, de Caracas; La Nación, de Buenos Aires y El Partido Liberal, de México.
Posteriormente decide buscar mejor acomodo en Venezuela, a donde llega el 20 de enero de 1881. Fundó la Revista Venezolana, de la que pudo editar sólo dos números. Tras chocar con el caudillismo, tiene que retornar a Nueva York.
A mediados de 1882 reinició la labor de reorganizar a los revolucionarios, comunicándoselo mediante cartas a Máximo Gómez y Antonio Maceo. El 2 de octubre de 1884 se reúne por vez primera con ambos líderes y comienza a colaborar en el Plan Insurreccional Gómez-Maceo; posteriormente desistió de su empeño por estar en desacuerdo con los métodos de dirección empleados.
El 30 de noviembre de 1887 fundó una Comisión Ejecutiva, de la cual fue elegido presidente, encargada de dirigir las actividades organizativas de los revolucionarios. En enero de 1892 redactó las Bases y los Estatutos del Partido Revolucionario Cubano. El 8 de abril de 1892 resultó electo Delegado de esa organización, cuya constitución fue proclamada dos días después, el 10 de abril de 1892. El 14 de ese mes fundó el periódico Patria, órgano oficial del Partido.
En los años 1893 y 1894 recorrió varios países de América y ciudades de Estados Unidos, uniendo a los principales jefes de la Guerra del 68 y acopiando recursos para la nueva contienda. Desde mediados de 1894 aceleró los preparativos del Plan Fernandina, con el cual pretendía promover una guerra corta, sin grandes desgastes y destrucciones para los cubanos. El 8 de diciembre de 1894 redactó y firmó, conjuntamente con los coroneles Mayía Rodríguez (en representación de Máximo Gómez) y Enrique Collazo (en representación de los patriotas de la Isla), el plan de alzamiento en Cuba. El Plan Fernandina fue descubierto e incautadas las naves con las cuales se iba a ejecutar. A pesar del gran revés que ello significó, Martí decidió seguir adelante con los planes de pronunciamientos armados en la Isla, en lo que fue apoyado por los principales jefes.
El 29 de enero de 1895, junto con Mayía y Collazo, firmó la orden de alzamiento y la envió a Juan Gualberto Gómez para su ejecución. Partió de inmediato de Nueva York a Montecristi, en República Dominicana, donde lo esperaba Gómez, con quien firmó el 25 de marzo de 1895 un documento conocido como "Manifiesto de Montecristi", programa de la nueva guerra. Ambos líderes llegan a Cuba el 11 de abril de 1895, por Playitas de Cajobabo, Baracoa.
Tres días después del desembarco, hicieron contacto con las fuerzas del Comandante Félix Ruenes. El 15 de abril de 1895 los jefes allí reunidos bajo la dirección de Gómez, acordaron conferir a Martí el grado de Mayor General por sus méritos y servicios prestados.
El 28 de abril de 1895, en el campamento de Vuelta Corta, en Guantánamo, en unión de Gómez firmó la circular "Política de guerra". Envió mensajes a los jefes indicándoles que debían enviar un representante a una asamblea de delegados para elegir un gobierno en breve tiempo. El 5 de mayo de 1895 tuvo lugar su encuentro con Gómez y Maceo en La Mejorana, donde se discutió la estrategia a seguir. El 14 de mayo de 1895 firmó la "Circular a los jefes y oficiales del Ejército Libertador", último de los documentos organizativos de la guerra, la que elaboró conjuntamente con Máximo Gómez.
Siguiendo la marcha hacia el oeste de la provincia oriental, llegaron a Dos Ríos, cerca de Palma Soriano. El 19 de mayo de 1895 una columna española se desplegó en la zona y los cubanos fueron a su encuentro. Martí marchaba entre Gómez y el Mayor General Bartolomé Masó. Al llegar al lugar de la acción, Gómez le indicó detenerse y permanecer en el lugar acordado. No obstante, en el transcurso del combate, se separó del grueso de las fuerzas cubanas, acompañado solamente por su ayudante Ángel de la Guardia. Martí cabalgó, sin saberlo, hacia un grupo de españoles ocultos en la maleza y fue alcanzado por tres disparos que le provocaron heridas mortales. Cuando se conoció lo sucedido, resultó imposible rescatar su cadáver, el cual fue conducido por los españoles y, tras varios enterramientos, fue finalmente sepultado el día 27, en el nicho número 134 de la galería sur del Cementerio de Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba.

*Información enviada por la Biblioteca Nacional de Venezuela