Crónicas de Orituco de Carlos A. López Garcés

A partir de este momento, amigo lector, usted podrá apreciar las crónicas de Carlos López Garces, reconocido por su trabajo en Altagracia de Orituco, municipio Monagas. Hoy Cronista de este municipio guariqueño.

Crónica 21-2018
JOSÉ FRANCISCO MARTÍNEZ ARMAS

            Fue un humanista guariqueño, autodidacta y polifacético, a quien el tintineo del gentilicio le repiqueteaba en las intimidades del espíritu. Las cualidades humanas que caracterizaron su existencia útil le acreditaron para merecer el recuerdo perdurable. Fue hombre de inteligencia clara, amistad cordial, conversación fluida y agradable, receptividad a las buenas intenciones y a las solicitudes justas, observación prudente, comentarios positivos, cooperación espontánea, honestidad imperturbable y sin mezquindades ni egoísmos; en fin, un ser humano en la expresión exacta de los términos. Vivió impregnado de espiritualidades y sin los angustiosos ni atosigantes amasamientos de capitales abultados malamente. 
            Don José, como lo llamaba con respeto la gente joven, falleció víctima del mal de Alzheimer, en Altagracia de Orituco, a las diez y media de la mañana del día lunes 15 de julio de 1996, en su residencia ubicada en la calle Santiago Gil-Norte, entre la Ilustres Próceres y la Colombia. Estaba próximo a cumplir 84 años de edad, pues nació en Zaraza el 4 de octubre de 1912. Era hijo de Miguel A. Martínez y María Esther Armas Santos de Martínez. Quedó huérfano muy niño. Llegó jovencito a Altagracia de Orituco, procedente de su pueblo natal y acompañado de su padre, quien trabajaba como telegrafista en la estación gracitana. Fue alumno de la Escuela Federal Ángel Moreno (centro docente para varones que funcionó en Altagracia de 1924 a 1956), a la cual ingresó el 7 de enero de 1929 para continuar el tercer grado, que había iniciado en una escuela zaraceña. Contrajo matrimonio con Amanda Gutiérrez Carchidio y de esta unión nacieron Esther, Delia y José Francisco.
 Aprendió la telegrafía para ganarse la vida y la ejerció como operario en Altagracia y Cumaná, durante veinticinco años hasta 1960, cuando fue jubilado por el Ministerio de Comunicaciones. Obtuvo el certificado de locutor, conocía de avicultura y enseñó castellano a empleados extranjeros de la Creole Petroleum Corporation. Fue un tangófilo cautivado por Carlos Gardel y taurófilo (¿paradoja?) admirador de los hermanos Girón, del Diamante Negro y de Manolete. Su vocación para versificar con sensibilidad motivó que se le identificara, cariñosamente, como Poeta Martínez; así fue confirmado en tierras orituqueñas donde enraizó sus afectos infinitos. Cantos sencillos a la fauna, a la flora y, en fin, a la naturaleza prodigiosa, vertidos en décimas y sonetos, predominan en su apreciable poesía, la que revela una pasión ornitofílica, como puede observarse en Paraje (Caracas, 1975) y en periódicos de Altagracia y de San Juan de los Morros.
            Debe resaltarse que José Francisco Martínez realizó actividades cronísticas con mucho esmero e intensa devoción, asumiendo, espontáneamente, la obligación de reconstruir hechos históricos de nuestros pueblos, sobre todo de los de Orituco e insistió en destacar virtudes personales ajenas. Pruebas de estas afanosas voluntades productivas son los libros siguientes: Reminiscencias de Zaraza: 1891-1936 (Caracas, 1963), una recopilación de notas periodísticas relativas a esta población guariqueña; Historia del béisbol en Altagracia de Orituco: 1907-1936 (Caracas, 1972), título éste que explica por sí mismo y Ellos también en el recuerdo (Caracas, 1981), un compendio de microbiografías de personajes populares que moraban en Altagracia de Orituco durante el siglo XX; además, publicó estos folletos: Servidores del telégrafo (Caracas, 1968), relato biográfico de don Valeriano Tinedo Moreán, experimentado telegrafista chaguaramense;  Dr. Pedro María Arévalo Cedeño: una vida consagrada al bien común (Caracas, 1970), reputado médico vallepascuense, muy respetado y apreciado en los pueblos de Orituco, donde contribuyó tesoneramente con la fundación y operatividad del Hospital San Antonio y del Colegio Guárico, que funcionaron en Altagracia en el siglo XX; Ángel Santiago González (Caracas, 1974), resumen de la vida corta y productiva de un joven intelectual y deportista gracitano, fallecido en 1925, a los 23 años de edad, que es el epónimo del estadio principal de Altagracia; El Grupo Escolar José Ramón Camejo de Altagracia de Orituco (Caracas, 1976) y Próspero Infante y la Escuela Federal Graduada Ángel Moreno (1984). Estos dos últimos folletos contienen importantes datos para comprender la evolución educativa altagraciana, desde 1924 hasta 1975. Dejó inéditos varios trabajos: Jefes civiles y concejales del distrito Monagas y presidentes del estado Guárico (en la primera mitad del siglo XX);  Algunas familias de Orituco y el poemario Recuerdos de Zaraza. Son conocidas algunas muestras de la interesante y variada colección fotográfica de motivos altagracianos, que logró captar y reunir desde joven como testimonios del transcurso del siglo XX.
Muchas crónicas escritas por el Poeta Martínez fueron publicadas en los diarios El Universal de Caracas, Alborada de Altagracia de Orituco y El Nacionalista de San Juan de los Morros, pero, básicamente, en Topano, periódico tabloide, de publicación mensual, fundado por el propio Martínez y Luis Emilio Infante, que circuló en Altagracia de Orituco desde mayo de 1964 hasta mayo de 1968, con el sano propósito de divulgar valores culturales orituqueños, destacando temas históricos, geográficos, literarios, folclóricos y humanos en general, sin parcialidades políticas. Martínez adquirió cierta experiencia periodística en sus tiempos juveniles gracitanos, cuando editaba la revista Terrón y los periódicos El Surco, Alfa y La Ñapa, que dirigió con dignidad junto con otros jóvenes contemporáneos.
José Francisco Martínez Armas debe ser considerado como uno de los cronistas confiables del siglo XX orituqueño, aun cuando haya incurrido en menudas equivocaciones propias de humanos, que no desacreditan su trabajo respetable por valioso. Colaboró con el Dr. José Ramón Medina en la elaboración de una antología poética del estado Guárico. Fue cofundador del Club Orituco, un “centro social” que agrupaba a la high life  altagraciana de los años cincuenta del siglo XX, donde se estimulaba la realización de acontecimientos culturales interesantes por influencias martinecinas. Ejerció la Secretaría del Concejo del Distrito Monagas guariqueño en 1954-1955, cuando eran tiempos del perezjimenato. Desempeñó el cargo de Secretario Privado del Gobernador del Estado Guárico, Dr. José Ignacio González Aragort, en 1969-1970, cuando comenzaba la primera presidencia del Dr. Rafael Caldera. Suya es la letra del Himno a Don José Ramón Camejo, escrito en 1975, para ser cantado por alumnos de esta escuela, con la música de los docentes Nelson Tortolero, Dalia de Dorta y Clara Carpio de Alfonso. Martínez Armas fue Secretario de Cultura y Relaciones Públicas de la Fundación Dr. Pedro María Arévalo Cedeño, la cual contribuyó a crear en 1981 y a funcionar para provecho altagraciano.
Careció de apasionamientos político-partidistas, aunque no ocultó su admiración por el general Isaías Medina Angarita ni sus críticas al Dr. Arturo Uslar Pietro por integrarse con el Frente Nacional Democrático (FND) al llamado Gobierno de Amplia Base, propiciado por el presidente Raúl Leoni (militante accióndemocratista), en 1964. Martínez no admitió tal conciliación con quienes pretendieron difamar al notable intelectual venezolano. No fue perezjimenista; sin embargo, fue acusado de serlo por algunos adversarios de esta dictadura, vinculados a Acción Democrática, quienes idearon expulsarlo de Altagracia recién derrocado aquel gobierno, pero no lograron el objetivo porque se impuso la razón, finalmente, y el tiempo eliminó las consecuencias de estos sinsabores. Trabajó un corto lapso en el Ministerio de Educación, cuando este organismo lo dirigía el Dr. Julio de Armas. Vivió en Los Rosales, Caracas, después de jubilado como telegrafista, sin olvidar al Orituco, adonde viajaba con frecuencia. El Concejo del otrora Distrito Monagas del Estado Guárico, presidido por el ciudadano Pedro Celestino Itriago, lo declaró Hijo Ilustre de Altagracia de Orituco, junto con el pintor Efraín López González (Chepín) y el profesor Pedro Durán, el 4 de junio de 1987. Le temió mucho a la muerte; no obstante, solicitó seriamente la colocación en su tumba, a modo de epitafio, de los siguientes versos que memorizaba en junio de 1987: Cuando me entierren aquí: / Ruego a una mano piadosa / que siembre junto a mi fosa / una mata de alelí.
Los ciudadanos Arturo Graffe Armas, Erasmo Padilla Alvarado y Rafael Vicente Arévalo, tres fieles amigos de Martínez Armas cumplieron aquel requerimiento sublime del poeta, tiempo después de su deceso, en un gesto de fraternal solidaridad.
El poeta Martínez poseyó el privilegio de la buena y admirable memoria, hasta que lo afectó el mal de sus años finales. Fue enterrado en el Cementerio General de Altagracia de Orituco, en la mañana del día siguiente de su deceso. El profesor Arturo Graffe Armas, la señora Eva Luisa de Gómez y la docente Hilmar Hernández de Constant pronunciaron emotivas palabras de despedida ante el cadáver, en la Fundación Dr. Pedro María Arévalo Cedeño, de la cual fue miembro fundador y celoso guardián de su operatividad; allí le fue rendido un breve homenaje, que incluyó el Himno del Grupo Escolar José Ramón Camejo, cantado por alumnos de esta escuela.
            La obra de José Francisco Martínez Armas debe ser difundida para favorecer el conocimiento histórico de Orituco en particular y del Guárico en general. La Alcaldía del municipio José Tadeo Monagas del estado Guárico puede y debe auspiciar este propósito ennoblecedor.
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NOTA. La foto fue tomada del Diccionario biográfico-cultural del estado Guárico, escrito y publicado por Lorenzo Rubín Zamora (Caracas, 1974, p. 163).










Crónica 20.- 2018

ALFONSO GONZÁLEZ PÉREZ
  
            Nació en el caserío Batatal, municipio El Guapo del estado Miranda,  el 2 de agosto de 1911. Sus progenitores fueron: el canario Antonio González Alonso y Mercedes Pérez. Su madre fue víctima de la gripe española en 1918. Su padre, viudo y con cuatro hijos menores, se trasladó de Batatal a la hacienda Tocoragua, cerca de Lezama, por razones de trabajo;  allí conoció a la negra Adela Marrero, con quien se casó; esta nueva esposa lo ayudó solidariamente a terminar la crianza de aquellos muchachos.
Don Alfonso González contrajo nupcias con la dama lezamense Mercedes Fernández Méndez, de cuya unión nacieron: Mercedes, Alfonso, Antonio, Miguel, Providencia, Adolfina y Santiago González Fernández. Tuvo la oportunidad de estudiar en el Colegio La Salle de Caracas cuando era joven, pero no culminó la formación académica.
Mantuvo sus inquietudes por el desarrollo intelectual. Era autodidacta. Articulista colaborador de periódicos nacionales y locales, como El Morrocoy Azul de Caracas y Equis de Altagracia de Orituco. Tenía sensibilidad poética y afinidad por la cría y las riñas de gallos. Redactaba, con excelente prosa, discursos que le solicitaban para ser leídos por oradores en actos especiales. Recopiló numerosas noticias sobre la historia de Lezama, las cuales quedaron escritas en un cuaderno que las inclemencias del tiempo destrozó, lamentablemente, sin haber sido publicadas, como debió ocurrir para favorecer el estudio de la evolución de esta noble población orituqueña y contribuir con la comprensión del proceso histórico del Guárico. Transmitía, sin mezquindades, sus sólidos y confiables conocimientos de legislación, historia lezamense y otras áreas del saber a quien se las solicitara.

            Ejerció cargos públicos con respetable vocación de servidor e incuestionable honestidad; entre otros: Prefecto de San Francisco de Macaira, de San Rafael de Orituco y de San Francisco Javier de Lezama.  Fue Jubilado por el Consejo de la Judicatura después de cumplir treintitrés años como Juez del Tribunal del Municipio Lezama del otrora distrito Monagas del estado Guárico. Murió en Lezama el 4 de julio de 1989; fue enterrado en el Cementerio General de esta población orituqueña.

Crònica 19.-


JOSÉ MELCHOR GONZÁLEZ AROCHA


Nació en Lezama el 10 de enero de 1908. Hijo del canario Melchor González y de la venezolana Olimpia Arocha de González. Quedó huérfano de madre antes de cumplir el primer año de edad, por lo que su crianza estuvo a cargo de su tía paterna Carmen González. Contrajo matrimonio con la dama lezamense Blanca Ofelia Méndez Díaz, en San Rafael de Orituco, el 14 de agosto de 1927.
Consagró su vida al trabajo agropecuario, al comercio y al periodismo. Se desempeñó como edil del Concejo Municipal del Distrito Monagas del Estado Guárico, en los períodos 1959-1964 y 1964-1969, para los cuales fue electo en las planchas del partido Acción Democrática, del que era militante. Fundó y dirigió durante catorce años el periódico Equis, que circuló mensualmente en Altagracia de Orituco desde el 24 de octubre de 1963, cuando fue publicado el primer número de este medio impreso gracitano.
Falleció en Altagracia de Orituco el 1º de noviembre de 1977; fue enterrado en el Cementerio General de Lezama. Sin embargo, su obra máxima, el periódico Equis continuó su labor comunicativa hasta la segunda quincena de noviembre de 1978, dirigido por la periodista Marbella Sierra de Gámez. Se ganó el respeto y aprecio de la comunidad orituqueña.
            Publicó un folleto titulado Br. Francisco Domínguez Acosta, El Maestro, editado por el Concejo Municipal del distrito Monagas del estado Guárico, en 1972, el cual es un breve aporte para la historia de la educación orituquense.



 Crónica 18.-
JESÚS BANDRES FERNÁNDEZ

Nació el 19 de octubre de 1906 en una hacienda llamada Bucaral, que era propiedad de su padre, ubicada en las cercanías del pueblo San Francisco de Macaira, jurisdicción del municipio José Tadeo Monagas del estado Guárico. Era hijo de don Antonio María Bandres Bencomo y de doña Evangelia Fernández Bustamante. Contrajo matrimonio con Amelia Florez Benavente. Procreó cuatro descendientes: José Ramón Córdova y Enmanuel, Marcos y Gustavo Bandres Flores. Aprendió a leer cuando era un joven de veinte años de edad. Pedro Asciclo Ruiz Paz-Castillo, don Teodoro Toledo, el Br. Nicolás Osío y Antonio Miguel Martínez, cuatro intelectuales respetables, lo orientaron en sus primeros años de aprendizaje. Era docente, poeta y periodista.
Ejerció como maestro de escuela en San Francisco de Macaira, San Rafael de Orituco y en Lezama, durante 26 años, hasta su jubilación en 1959.
Publicó y dirigió medios impresos en Altagracia de Orituco, junto con algunos amigos, tan soñadores y defensores como él del periodismo provinciano; así surgieron: El Pirata, con Ramón Infante y Rodrigo Infante Marrero en 1941; El Viejo Verde, con Miguel Toro Alayón en 1943; Fogata, con Mario Torrealba Lossi en 1945.  Bandres fundó dos periódicos más: El Grito cuya primera publicación fue hecha en Altagracia de Orituco, en diciembre de 1944, y Orituco que circulaba ocasionalmente en Lezama, de 1950 a 1952. Su etapa de educador jubilado la vivió en San Juan de los Morros, donde se residenció en 1960, desde donde colaboraba con los diarios caraqueños El Nacional y El Universal, con diferentes medios impresos de las tierras guariqueñas y, junto con Pedro Díaz Seijas en 1976, puso en circulación El Nacionalista, periódico dirigido por Parminio González Arzola.  Bandres fue  Secretario de la Asociación Venezolana de Periodistas de la Seccional Guárico y corresponsal de la Agencia de Noticias (INNAC).
Este maestro y comunicador social cultivó la poesía con extraordinaria sensibilidad e infinita espiritualidad; su estro poético está estampado en dos obras suyas: Cántaro Roto, hecho público en Caracas por la Biblioteca de Temas y Autores Guariqueños en 1967; Herido Caracol, cuya primera edición fue auspiciada por la Oficina de Prensa y Relaciones Públicas de la Gobernación del Estado Guárico, en 1981. Además, escribió la biografía de cuatro educadores guariqueños meritorios: Nicolás Osío y Araujo, Don Teodoro Augusto Toledo, Próspero Infante visto por uno de sus amigos y Antonio Miguel Martínez; éstas fueron dadas a conocer en folletos respectivos, con el auspicio del Ejecutivo Regional del Estado Guárico, en 1972. Publicó una Síntesis biográfica del general Joaquín Crespo, en el vocero gracitano Equis. Dejó inédito un libro de vivencias personales titulado Entre Peñascos. Trabajos cronísticos suyos están dispersos en diferentes periódicos locales, regionales y nacionales, cuya recopilación es una tarea que está pendiente.
Fue el primer Cronista Oficial de Orituco (ad honórem), designado  mediante nombramiento Nº 94, de fecha 10 de febrero de 1960, firmado por el ciudadano César Mata de Gregorio, entonces Presidente del Concejo Municipal del otrora distrito Monagas del estado Guárico. El poeta Bandres había solicitado al Concejo que se le designara Cronista del Distrito Monagas con una modesta asignación mensual, según la minuta correspondiente a la sesión del 19 de enero de 1960, cuando fue tratado lo expuesto en el siguiente numeral:
“Nº 15. Correspondencia del ciudadano Jesús Bandres manifestando que tiene en mientes constituir una publicidad que ponga en claro la historia de esta región de Orituco tomando como base la historia de Altagracia, para lo cual exige se le designe ‘Cronista del Distrito Monagas’ y, como tal, se le asigne una modesta asignación mensual. El Concejal [José Melchor] González dice que es conveniente y útil los fines que se propone realizar el señor Bandres, por lo que es acertado expedirle el nombramiento sugerido, pero en forma ad-honoren [sic] hasta tanto las Rentas Municipales permitan concederle una asignación. Fue aprobada la sugerencia González y en tal sentido se le dio respuesta.”
Este mismo cuerpo edilicio creó el Premio Municipal de Periodismo Jesús Bandres en 1981 y lo declaró Hijo Ilustre del Distrito Monagas, junto con los profesores Pedro Felipe Ledezma y Mario Torrealba Lossi, el 12 de octubre de 1985.

            Murió en San Juan de los Morros, el 11 de febrero de 1988, a los 81 años de edad. Había perdido la visión cuando era un septuagenario, lo que no frustró sus inquietudes intelectuales. La naturaleza le concedió la posibilidad de tener larga vida y con ella demostrar toda la potencialidad de su talento creador.

Crónica 17.-


UN RESTO ARQUITECTÓNICO DEL SIGLO XIX EN ORITUCO 
  

 
La gráfica muestra el frontis de una casa en ruinas que revela el poder económico de su propietario original; está ubicada en la calle Rondón de Altagracia de Orituco, al norte inmediato de la plaza Bolívar y, con vista hacia el Este, entre la Julián Mellado y la Chapaiguana. Fue residencia del comandante José María Rubín de Celis, un afamado caudillo conservador orituqueño de mediados del siglo XIX, quien fue dueño-fundador de la hacienda La Rubileña cuya denominación habría procedido del apelativo de ese jefe militar, quien acostumbraba asomarse al balcón de su vivienda en los atardeceres, usando un gorro bordado en oro, pues amaba demasiado el lujo, tanto que sus vajillas procedían de Europa, según afirmación del cronista José Francisco Martínez Armas (1912-1996) publicada en su periódico Topano Nº 15 (Altagra
cia de Orituco, abril de 1966, p. 1), sin mencionar la fuente. El godo Rubín Celis obtuvo el grado de general; fue Ministro de Guerra bajo la Presidencia de don Manuel Felipe Tovar y la dictadura del general José Antonio Páez, de acuerdo con lo dicho por el académico José Antonio de Armas Chitty (1908-1995) en su discurso de incorporación como individuo de número a la Academia Nacional de la Historia, el 10 de enero de 1979.
Luego la hacienda pasó a ser propiedad de un familiar de Rubín de Célis cuando este ya había fallecido; el nuevo propietario fue don Pablo Sierra Rubín, quien estaba casado con una sobrina de nombre Josefita Sierra, de cuya unión nació un solo hijo llamado Pablo Antonio Sierra (Martínez: op. cit.). La Rubileña estaba situada a nueve kilómetros, aproximadamente, al noroeste de Altagracia; mantuvo su nombre hasta que su espacio fue uno de los utilizados para la construcción del embalse Guanapito, inaugurado en abril de 1963 por Rómulo Betancourt, entonces Presidente de Venezuela.
Al parecer, esa casa de alto perteneció en tiempos imprecisos todavía a don Jesús María Mijares, un reputado y respetable ciudadano orituquense, conforme lo dijo el poeta José Francisco Martínez Armas, citado por Pedro Natalio Arévalo en su libro Calles, sitios y aleros de Altagracia de Orituco (San Juan de los Morros, 2012, p. 109). En ella estuvo la fábrica de Colas El Polo, quizás en el octavo lustro de la centuria XX, cuyo nombre habría derivado del apellido de su dueño, un negociante llamado León Poleo nativo de Chaguaramas, estado Guárico; la presentación del producto era en botellas, que vendían al mayor por sacos; así lo informó en cierta ocasión el señor Nicolás Olivares (1920-2015) al autor de esta nota. Allí funcionó también el Cine Ayacucho durante muchos años en el transcurso del siglo XX hasta el decimoctavo quinquenio. Hacia la décima década de esta última centuria sirvió de sede a una heladería, que cambió su nombre comercial de Maquihelados a La Guariqueña por razones desconocidas. Ahora es propiedad del Banco Agrícola de Venezuela C.A., Banco Universal, una entidad financiera pública que adquirió el local mediante compra hecha el 22 de septiembre de 2006 al señor Anastase Arapheilidis Anastasidis, cuya españolización es Rafael Anastasio, un comerciante de origen griego residenciado en Altagracia desde hace más de cincuenta años. Foto y comentario: Carlos A. López Garcés; Altagracia de Orituco, jueves 5 de octubre de 2017.



















 
Crónica 16.-

          FERNANDO SEGUNDO ACOSTA PAZ-CASTILLO

Las noticias acerca de su vida son muy exiguas. Apenas es sabido que nació en Altagracia de Orituco el 1º de junio de 1849, que fue bautizado en su parroquia natal el 6 de enero de 1850 por el cura párroco licenciado Juan Pablo Cabriales, que sus padrinos fueron José Antonio Paz-Castillo y Petronila Laya, que casó con Juana Josefa López en 1882, que era comerciante e hijo de Fernando Guillermo Acosta Rodríguez y Bibiana Paz-Castillo Pérez de Acosta, quienes contrajeron nupcias el 9 de abril de1845, y que es el autor del artículo titulado “Fundación de Altagracia de Orituco”, publicado en el periódico Eco Regional que circuló en Altagracia de Orituco, con fecha 26 de agosto de 1910, y en el cual mezcló su imaginación con datos históricos documentados para explicar los orígenes altagracianos.

En algunas fuentes está citado con el nombre Fernando Guillermo Acosta Paz-Castillo. Al parecer, acostumbraba identificarse como Fernando G. Acosta. Falleció a los 71 años de edad, en Altagracia de Orituco, el 17 de octubre de 1920, a las once y media de la noche (11:30 p.m.), como consecuencia de atonía cardíaca y gastroenteritis infecciosa.

Era el padre legítimo de Fernando Guillermo Acosta López, quien nació en Altagracia de Orituco el 10 de octubre de 1886, fue dueño de la tienda La Popular, ubicada en la calle Rondón cruce con la Sucre, y destacó como uno de los principales propulsores y sostenedores del béisbol gracitano, además de distinguido ajedrecista, al decir del escritor José Francisco Martínez Armas.

Crónica 15 .-



 PEDRO ASCICLO RUIZ PAZ-CASTILLO







Periodista de reconocidos méritos, nacido en San Francisco de Macaira en 1905. Hijo de Timoteo Ruiz y Ursulina Paz-Castillo. Casado con Columba Álvarez. Procreó tres hijos: Tenecoro, Pedro Asciclo y María Carolina. Laboró y colaboró con importantes periódicos caraqueños, como El Heraldo, La Esfera y El Universal. Fue presidente de la Asociación Venezolana de Periodistas (AVP) en varias ocasiones. El profesor Pedro Díaz Seijas (Caracas, 1989), respetable literato vallepascuense, afirmó que: “Pedro Asciclo [sic] formó parte de una brillante generación de intelectuales guariqueños, que se abrió paso en Caracas en una hora menguada para el destino de todos los venezolanos de aquel momento. Su nombre hay que mencionarlo al lado de los de Pedro Sotillo, Luis Barrios Cruz, Marco Aurelio Rodríguez, Arístides Parra, entre otros, cuando se trata de profundizar la proyección del periodismo guariqueño a través de los diarios de la capital de la República”.

P. A. Ruiz Paz-Castillo fue orador, escritor y poeta; publicó un folleto titulado Personajes guariqueños: Adolfo A. Machado (Caracas, 1967), que es una sucinta biografía del primer cronista conocido del Orituco, de mucha utilidad para estudiar la vida de este ilustre gracitano. Además, entre sus artículos, escribió uno titulado “El padre Laya”, que fue hecho público en el diario El Universal, Caracas, 24 de mayo de 1978, y otro que, con el título “Altagracia de Orituco”, fue impreso en el periódico Equis, editado en Altagracia de Orituco, en la segunda quincena de julio de 1970. Murió en Caracas el 15 de febrero de 1984, a los setenta y nueve años de edad(1).
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(1) Nota. La foto es de Pedro Asciclo Ruiz Paz-Castillo; fue tomada del Diccionario biográfico-cultural del estado Guárico cuyo autor es Lorenzo Rubín Zamora (Caracas, 1974, p. 253)




 
Crónica 14.-


HACIENDA LA RUBILEÑA


 Valor histórico

Las riberas del río Orituco, específicamente en el municipio José Tadeo Monagas del estado Guárico y desde tiempos coloniales hasta el presente, han sido utilizadas como base territorial para la operatividad de unidades de producción agropecuaria, entre las cuales estaba la hacienda La Rubileña cuyo nombre, según una suposición tradicional, derivó del apellido Rubín, que habría sido el de uno de sus antiguos propietarios; pero hasta ahora no ha sido posible encontrar datos documentales que sirvan para verificar tal conjetura ni otros relacionados con su evolución. Sin embargo, es pertinente reseñar que el reputado cronista José Francisco Martínez Armas (1912-1996) publicó en su periódico Topano Nº 15 (Altagracia de Orituco, abril de 1966, p. 1), sin mencionar la fuente, que la denominación de esta hacienda provino del apelativo de su fundador comandante José María Rubín de Celis, un afamado caudillo conservador orituqueño de mediados del siglo XIX, quien residía en la calle Rondón gracitana de hoy, enfrente de la plaza Bolívar, donde funcionó el Cine Ayacucho durante varios años de la centuria XX. Martínez agregó que el comandante Rubín acostumbraba asomarse al balcón de su casa en los atardeceres, usando un gorro bordado en oro, pues amaba tanto el lujo que sus vajillas procedían de Europa.  El académico José Antonio de Armas afirmó en su discurso de incorporación como individuo de número de la Academia Nacional de La Historia, el 10 de enero de 1979, que el godo José María Rubín de Celis obtuvo el grado de general y fue Ministro de Guerra bajo la Presidencia de don Manuel Felipe Tovar y la dictadura del general José Antonio Páez. 
 Esa finca estaba ubicada a nueve kilómetros (9 Km), aproximadamente, al noroeste de Altagracia y a dos kilómetros (2 Km), en la misma dirección, del vecindario Guanape. Esta localidad y la hacienda fueron cubiertas por las aguas del embalse Guanapito en 1962. Restos de este centro agrícola quedaron expuestos, como nunca antes, debido a la intensa sequía causada por el fenómeno natural El Niño, sobre todo en los cuatro primeros meses del año 2016, lo cual estimuló la idea de reseñarle algunas noticias provechosas, porque La Rubileña integraba la dinámica socio-económica orituquense, lo que la hace interesante para la historia local del siglo XX con respecto a tres factores básicos: el modo de producción predominante, el aprovechamiento de la energía eléctrica y la introducción del tabaco Virginia.

 Tenencia, superficie y uso
 El modo de producción capitalista imperaba en territorio orituqueño a mediados del siglo XX; era el mismo que regía en el área rural venezolana; estaba caracterizado por la tenencia y uso particular de los medios de producción, lo que es decir: la tierra, edificaciones o inmuebles, maquinarias y otros mobiliarios e instrumentos de labor eran de propiedad privada o usufructuadas por un arrendatario o más; el capital era propio o a préstamo; el trabajo era asalariado.
 El último propietario de La Rubileña fue el doctor Aza Sánchez (abogado), a quien se la arrendó don Miguel Ávila hacia el año 1949, cuando ya había desistido de continuar con el arrendamiento de la hacienda La Margarita, propiedad del licenciado Pedro Salazar Vásquez y donde, con aporte crediticio del Banco Agrícola y Pecuario, cultivaba café cuya producción era de poca rentabilidad.
La superficie de La Rubileña se extendía por el oeste hasta el sitio de Curucutí y por el sur colindaba con la hacienda Guanapito; habría sido alrededor de cuarenta hectáreas (40 has), que incluían el lugar de las edificaciones y el de los sembradíos; entre las primeras estaban: la casa principal, grande, de paredes de tapia, techo de tejas sobre caña amarga y piso de ladrillos; la casa de los isleños; el trapiche y sus  anexos; el cuarto del alambique; los hornos de tabaco; el baño de ganado; la sala de la planta hidroeléctrica; la vivienda para el celador o responsable de la planta; el tanque de agua.
Siembra primordial       
 La caña dulce era el cultivo principal de la hacienda cuando don Miguel Ávila se encargó de ella; además, había plantaciones de cacao, tomate y lechosa en menor extensión, que trasladaban a Caracas con fines comerciales, y de cebolla, cebollín, cilantro, lechuga, etcétera, para autoabastecimiento, en primer lugar, y mercadeo; la lechosa también la vendían a la empresa de Ron Pampero, en Aponte, cerca de Ocumare del Tuy. Por otra parte, hicieron pruebas con tomate tipo manzano en 1950, con semillas importadas de Estados Unidos; empero las siembras, al igual que en otras haciendas, fueron destruidas por la extraordinaria creciente del río Orituco ocurrida el 22 de octubre, como lo reseñó el periódico altagraciano Alborada Nº 17, del día 29 de ese mismo mes y año, que dirigía el profesor Blas Loreto Loreto (2009, p. 202).
La molienda de caña dulce la hacían en un trapiche activado con fuerza hidráulica. El jugo o guarapo pasaba, a través de un canal y previamente filtrado para eliminarle las impurezas, a una serie de cuatro o cinco pailas donde era hervido, con el fuego de la leña, hasta un punto óptimo de densidad para fabricar papelón, con los moldes de madera respectivos, y alfondoque y alfeñique, dos tipos de golosinas muy apreciados por la colectividad orituqueña. Asimismo, lo utilizaban para la elaboración de aguardiente, lo que requería de un cuarto oscuro, una batería de cubas para fermentar el jugo o guarapo y un alambique para destilar el derivado alcohólico, cuya graduación debía ser de 40 oGL, aunque algunas veces sobrepasaba tal medida; esta actividad era supervisada por un funcionario de las rentas de licores municipales, la que tenía dos inspectores encargados de esa labor, uno de los cuales era el señor John Méndez en los años cincuenta de la centuria XX.
El papelón lo vendían, hacia 1950, con peso de un kilogramo por unidad y a razón de setenta bolívares la carga, equivalente a ochenta papelones cada una, que envolvían con el bagazo de caña; su mercado elemental era Altagracia y otros pueblos de Orituco, mientras que el aguardiente lo comercializaban en Caracas, principalmente, y en bodegas y botiquines de Altagracia, envasado en bidones o “carboyas”, con la fama de ser el mejor de la región, donde había otras haciendas que elaboraban ambos productos, entre las cuales estaban Santa Rosa, Garabán y Tocoragua. El precio de esos artículos disminuyó significativamente, al extremo que bajó el rendimiento de las haciendas de caña orituquenses e hizo pensar a los productores en soluciones urgentes para esa situación perjudicial.
Prueba victoriosa
 Coincidiendo con aquellas circunstancias desfavorables, don Miguel Ávila tuvo la oportunidad de conocer en Caracas al presidente de la Compañía Anónima Venezolana de Tabaco (CAVET), empresa productora de cigarrillos Capitolio, quien lo motivó para hacer una prueba con tabaco Virginia en La Rubileña, la cual fue ejecutada favorablemente con crédito aportado por la misma fabrica cigarrera. Los primeros trabajos fueron hechos hacia 1951; incluyeron la aradura con dos bueyes llamados Tumbaga y Ojo Negro, que los manejaba un portugués de nombre Blas Balagao, quien ya trabajaba en esa hacienda, donde los utilizaba preparando la tierra para sembrar y aporcando los frutos menores; estos animales fueron de gran utilidad para el isleño Juan Gómez, un español-canario de Gomera conocedor de las exigencias del tabaco, quien fue empleado por don Miguel Ávila para coordinar actividades atinentes a ese cultivo. La casa principal sirvió de horno para la primera cosecha obtenida, que fue de excelente calidad, según lo indicó el altísimo porcentaje de hojas amarillas.  
El resultado de aquella prueba fue tan exitoso que ocasionó la sustitución de la caña dulce por el tabaco, dada su mayor rentabilidad, lo que significaba la aplicación de nuevos criterios económicos y tecnológicos mediante: un aumento de la superficie a cultivar; la incorporación de varios isleños expertos en ese vegetal; la edificación de hornos tabacaleros a cargo del canario Manolo Hernández como constructor, los cuales se activaban con querosén; la adquisición de un tractor Massey-Harris con su respectiva rastra para reemplazar a los dos bueyes, etcétera. Con este tractor sumaban dos en Orituco; el otro estaba en la hacienda Campo Alegre, de acuerdo con una información publicada en el quincenario altagraciano Correo del Orituco, de la segunda quincena de abril de 1968, dirigido por Víctor Pérez Pérez; después hubo un tractor más, de marca Oliver, en la hacienda Tocoragua.
 El tabaco de La Rubileña lo llevaban a la factoría de CAVET, ubicada en San Martín, Caracas. El éxito tabacalero de esa hacienda sirvió para estimular la proliferación de ese cultivo en otras fincas orituquenses, lo que se acrecentó con tanta determinación que fue el sustituto de la caña dulce; esto denotaba un mejoramiento económico sustancioso y sustentable para los hacendados. Valga un paréntesis para recordar que La Carmenatera era la única unidad de producción valleorituqueña donde no sembraban caña; allí predominaban las naranjas.  
Personal
 Las labores relacionadas con la producción tabacalera, cuando esta realidad se había consolidado en La Rubileña, incluían, entre otros, los elementos siguientes: de ocho a diez isleños canarios encargados del cultivo de la planta; veinte peones cosechadores; un tractorista y dos obreros cargadores para trasladar las hojas hasta los hornos; quince a veinte mujeres para el encuje; la cura en los hornos a cargo de los isleños expertos; un grupo de mujeres clasificadoras. Esto revela que había una división social del trabajo con respecto al sexo. La clasificación la hacían según el color y la integridad de la hoja: amarillo indicaba mejor calidad; marrón oscuro era inferior al amarillo y superior al bajero. Este último era de baja categoría por estar muy maltratado y no tener el color conveniente; tenía tres niveles: bajero uno, bajero dos y bajero tres.
 Es oportuno resaltar que una práctica hecha común fue el uso de guano (importado de Chile) para abonar y de orina por su contenido de urea, ante la dificultad de adquirirla en el mercado, como sucedía igualmente con los plaguicidas; por esto combatían a los gusanos quitándoselos uno a uno a cada mata y echándolos en un sombrero; los peones ganaban un bolívar por cada sombrero lleno de esa plaga. Conviene decir que don Miguel Ávila se residenció con su esposa e hijos en La Rubileña, donde también laboraban algunos familiares suyos muy cercanos: Jesús y Juan Ramón Ávila, caporales; Rafael y Alberto Ávila, tractoristas; Arturo y Napoleón Ávila, choferes (sobrino el sexto y hermanos los demás).
Dos recursos  importantes
 En la hacienda había un sistema hidráulico que se surtía con agua del río Orituco, la cual, desde la finca El Onoto sita al norte, descendía por gravedad y a través de un canal construido en los cerros aledaños hasta La Rubileña, donde era utilizada para activar el trapiche y la planta eléctrica. Es justo recordar que el señor Nicasio Benavente era el encargado de la distribución del agua que se hacía desde este sistema, durante varios años hasta que terminaron las actividades.
El trapiche constaba de una rueda metálica giratoria, quizás de cinco a seis metros de diámetro, que se activaba con la fuerza del agua que le caía sobre las paletas de madera desde un canal elevado; esa rueda estaba conectada mediante un engranaje a unos gruesos rodillos de metal, que, al girar, servían para la molienda de la caña dulce y así extraerle el jugo o guarapo que, por medio de un canal, iba a las pailas para la elaboración del papelón antes comentada. El agua regresaba al río Orituco por una acequia hecha con esa finalidad. Toda esta instalación, excepto la rueda, estaba techada con zinc al igual que otras.
La planta era encendida al activarse el movimiento del generador de electricidad (dínamo), mediante una correa conectada a una turbina que giraba impulsada por la fuerza del agua, la cual le llegaba, por gravedad y con abundancia, descendiendo a alta velocidad por un tubo de quince a dieciséis pulgadas de diámetro aproximado y una inclinación quizás de 40º, desde un tanque ubicado acaso a veinte metros de altura. El agua también regresaba al río Orituco por medio de una acequia como en el caso del trapiche.
 El señor Carlos Maurel era el encargado de encender la planta a las seis de la tarde y apagarla a las nueve de la noche. Esta planta estaba en La Rubileña cuando don Miguel Ávila asumió el arrendamiento de esa hacienda. Una versión, narrada por el médico-escritor Rodrigo Infante Marrero en su libro La prole de Evaristo (1989, pp. 7 a 10), revela que habría sido instalada hacia 1926 por el dueño de esa finca en esos días, el italiano don Arturo De Gregorio, con la ayuda de sus hijos y del señor Ángel Constant, quien era muy inventivo para estos quehaceres. Don Arturo la importó de Estados Unidos, vía La Guaira, y logró que fuese trasladada a La Rubileña después de superar muchas dificultades por caminos fragosos recorridos en el transcurso de varios meses. Don Arturo vendió la hacienda, con la planta incluida, en 1929; luego compró la finca Tocoragua donde falleció como consecuencia de la hematuria en 1930.
 Novedad tecnológica
 Al principio, aquella planta proporcionaba únicamente electricidad para la finca; después sirvió además para el alumbrado público de Altagracia de Orituco, donde significó un módico e importante cambio cualitativo, a pesar de la baja intensidad de la luz, porque fue la introducción de un adelanto tecnológico en el pueblo para sustituir un servicio muy limitado, que había sido hecho con faroles de querosén, encendidos por un farolero, desde el 5 de julio de 1874, al decir de Adolfo Antonio Machado en sus Apuntaciones para la historia de Altagracia de Orituco (1961, p. 90; 2008, p. 204).
 Aquel reducido avance, dado por la primera planta eléctrica de Orituco, fue posible gracias a un contrato del dueño de la hacienda con el Concejo del otrora distrito Monagas del estado Guárico, de acuerdo con el cual este cuerpo edilicio debía pagar una determinada cantidad de dinero, que, inicialmente, habría sido de trescientos bolívares por quinientos bombillos y durante el mismo horario que regía para la finca. Este convenio permitió tender las líneas de cables desde La Rubileña, por el camino de Guanapito a La Carmenatera con rumbo hacia Altagracia de Orituco, donde era aprovechada su utilidad aún en el año 1943, aproximadamente, cuando fue instalada en la población una planta eléctrica que funcionaba con gasoil, aportada por el ejecutivo regional guariqueño, según lo aseveró el gracitano Agustín Fernández, quien fue uno de sus operadores; pero la de La Rubileña siguió al servicio de la hacienda hasta que en esta cesaron las labores hacia 1958, como consecuencia de la decisión ejecutiva nacional de construir el embalse Guanapito por medio del otrora Ministerio de Obras Públicas (MOP); esta obra fue iniciada en 1959 e inaugurada en abril de 1963 por el Presidente Rómulo Betancourt.      
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Nota. La foto es de una vista parcial del sitio donde estuvo la hacienda La Rubileña, en  la porción norte del embalse Guanapito, con notable sequía por efecto del fenómeno natural El Niño. Obsérvese: restos del trapiche (rueda hidráulica de hierro y base de madera del molino metálico), del canal elevado de agua y, al fondo, una estructura ruinosa de madera correspondiente a los hornos de tabaco; además del nivel de descenso del agua y de la acumulación de sedimentos. Foto: C.L.G., domingo 17 de abril de 2016.

          

Crónica 13.- 
PBRO. DR. BALDOMERO RAUSEO

Carlos A. López Garcés
Cronista de Orituco

Párroco de Altagracia de Orituco desde el primer trimestre de 1915, según una anotación hecha por él mismo en el libro de bautismos y otra en el de matrimonios, ambos de ese año, que dice textualmente: “Nota.- Hoy cuatro de marzo de mil novecientos quince tomé posesión de esta Parroquia y Vicaría de ‘Nuestra Señora de Altagracia de Orituco’ y entré en ejercicio de dichos cargos. / Véase el ‘Libro de Gobierno’ / B. Rauseo”. Se mantuvo entre los altagracianos hasta 1928 en actividades sacerdotales y políticas. Fungió de Presidente del Concejo Municipal del viejo distrito Monagas del estado Guárico en 1926, en cuya condición firmó el acta de apertura del Libro de Registro de Defunciones del antiguo municipio San Rafael de Orituco, correspondiente al año 1927, fechada el 31 de diciembre de 1926.  
 El abogado y cronista Pedro Natalio Arévalo, en su libro Calles, sitios y aleros de Altagracia de Orituco (2012, pp. 41, 42), aseveró que el padre Baldomero Rauseo era un oriental, presuntamente nativo de Maturín (estado Monagas), que se desempeñaba como concejal a la fecha del 6 de diciembre de 1917, cuando, junto con otros ediles, firmó el acuerdo dictado por el Concejo Municipal del distrito Monagas mediante el cual este órgano legislativo, en pleno, protestaba enérgicamente contra el contenido del folleto Los pretendidos ejidos de Altagracia, escrito por Manuel Landaeta Rosales, publicado en Caracas el 9 de noviembre de 1917 y en el cual negaba el derecho de propiedad que tiene Altagracia de Orituco sobre las tierras concedidas por el rey de España a los indígenas gracitanos, el 2 de agosto de 1714, con la intermediación del Corregidor de esa comunidad, alférez don Martín Pellón y Palacio, que desde entonces son la base territorial del pueblo mencionado.   
Rauseo escribió el artículo “Breve historial”, impreso  en la página 7 de la revista Luz y Vida, cuyo único número fue editado en Altagracia de Orituco en octubre de 1927. El autor refiere en ese trabajo periodístico la discutible hipótesis de la transformación de San Miguel del Rosario en Altagracia de Orituco. Tuvo el don de ser un orador de discurso muy atractivo; un ejemplo de esta virtud fue su disertación con motivo del centenario de la Batalla de Ayacucho en 1924, expuesta en el Centro Concordia, otrora asociación cultural altagraciense. Ejerció el sacerdocio en Guarenas, estado Miranda, donde cumplió importantes actividades educativas para niñas. Fue designado Vicario de Ocumare del Tuy en 1935, por disposición del Arzobispo de Caracas, monseñor Rincón González.  Murió en Caracas, el 28 de abril de 1950.
Este religioso es el epónimo de la calle Rauseo de Altagracia de Orituco, que, en dirección este-oeste, se extiende desde la calle Bolívar hasta La Playera, con lo que se le tributa un recuerdo perdurable. Esta vía  fue conocida inicialmente como La Rasante, la cual bordeaba el cerro Peña de Mota; por allí comenzó a ser construida, a pico y pala, la carretera hacia los Valles del Tuy durante el gobierno presidido por el general Eleazar López Contreras, hacia la cuarta década del siglo XX, de acuerdo con informaciones aportadas por el señor José Ramón Ochoa (el Chingo José Ramón), quien trabajó como obrero en esa obra.


Crónica 12.-

NICOLÁS OLIVARES

Carlos A. López Garcés
Cronista de Orituco

Nació en San Rafael de Orituco, el 23 de septiembre de 1920. Sus padres fueron Rafael Betancourt y María Olivares. Hijos: Aída, Violeta, Ramiro, Mirna Claret, María Magdalena, Carmen Yanet, Rafael Antonio, Odoardo, José (f), Milagros del Rosario, Carmen Alesia (f) y Carlos. Era autodidacta. No asistióformalmente a una escuela de educación primaria, debido a la falta de  esta  enSan Rafael de Orituco; sin embargo, recibió enseñanzas básicas del maestro Luis Requena Laya y logró obtener el certificado de sexto grado de educación primaria elemental. 
Sus inquietudes por la obtención y transmisión de conocimientos lo motivaron para fundar una escuela primaria en su pueblo natal. Editó el periódico El Guariqueño, que circuló mensualmente y durante poco tiempo en San Rafael de Orituco.
Trabajó como servidor público en el transcurso de treinta y nueve años, desde 1940 hasta 1979; en el estado Guárico fue: Secretario y Juez del Tribunal del Municipio San Rafael de Orituco, Secretario de la Prefectura y Prefecto de ese mismo municipio, Secretario de la Prefectura del Distrito Monagas, Prefecto del Municipio San Francisco de Macaira, Secretario de la Prefectura del Municipio Ortiz, Primer Juez Suplente del Tribunal del Distrito Monagas; Secretario del Concejo Municipal del Distrito Monagas; en el estado Aragua se desempeñó como: Juez del Municipio Taguay, Secretario de la Prefectura del Municipio Valle Morín, Prefecto del Distrito San Casimiro, Prefecto del Distrito San Sebastián, maestro suplente en  el  Grupo  Escolar  de  Taguay;  además, fue Secretario de la Cámara de Comercio de Altagracia de  Orituco y colaborador del levantamiento de censos nacionales de San Rafael de Orituco y Taguay.
Estudioso de la historia de su pueblo natal. Aportó sus conocimientos a quienes se los solicitaban. Versado en crónicas locales sanrafaelinas de tradición oral. Su obra escrita corresponde a eventuales artículos de prensa, referentes a temas de interés histórico del Orituco y de otros sitios del país, que, en calidad de colaborador, le fueron publicados en periódicos locales y regionales como X (Equis) de Altagracia de Orituco y El Nacionalista de San Juan de los Morros, respectivamente; ejemplos de estas publicaciones son los escritos titulados Imagen y destino de una comunidad y Consideraciones sobre una amenaza de exterminio, impresos en el periódico gracitano X y los artículos Relatos históricos de San Rafael de Orituco, El armamentismo no es la solución, Guerra en el continente, Un hombre y su destino, Consideraciones sobre aspectos culturales de Altagracia de Orituco, Paz: una meta inalcanzable, hechos públicos en el diario guariqueño El Nacionalista. Tenía 94 años de edad cuando murió el viernes 23 de enero de 2015 en San Rafael de Orituco, en cuyo Cementerio General yacen sus restos.
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Observaciones:
1.- Según información dada por el mismo Nicolás Olivares, su partida de nacimiento no existe porque el Archivo de la Prefectura de San Rafael de Orituco, en el municipio José Tadeo Monagas del estado Guárico, fue quemado en una de las invasiones del general Emilio Arévalo Cedeño, pertinaz combatiente contra la dictadura del general Juan Vicente Gómez.

2.- Foto de Nicolás Olivares tomada por C.L.G. en San Rafael de Orituco el viernes 09-12-2011.


Crónica 11.-


LEOPOLDO OLIVARES
Carlos A. López Garcés
Cronista de Orituco

Leonidas del Carmen era su nombre original, el que cambió por  Leopoldo; fue conocido sencillamente como Leo entre sus allegados. Nació en San Rafael de Orituco, municipio José Tadeo Monagas del estado Guárico, el 15 de noviembre de 1918. Hijo de María Olivares. Católico practicante, buen conversador y apasionado investigador del ayer sanrafaelense. Considerado como el Cronista de San Rafael de Orituco, debido a la gama de conocimientos que tuvo de la historia de esta comunidad, adquiridos mediante consultas a libros, periódicos, documentos y otras fuentes. 
Ejerció funciones de servidor público con demostrada e irrefutable honestidad. Fue Prefecto y Secretario de la Prefectura del otrora distrito Monagas del estado Guárico y Secretario del Concejo Municipal de este mismo distrito. Ocupó el cargo de Juez del Municipio Capaya, estado Miranda.
Mantuvo siempre su espíritu deportivo y tradicionalista. Participó en su pueblo natal como fundador del equipo San Rafael BBC (beisbol club), categorías junior e infantil, afiliado a los Criollitos de Venezuela; de la novena Criollos de Tememure y del primer club de softball femenino creado en Orituco. Presidió el Comité Organizador de las Fiestas Patronales en Honor a San Rafael Arcángel durante varios años consecutivos.
Fue un defensor tenaz de todo el patrimonio sanrafaelino. Sintió una querencia infinita y especial por su terruño. Curiosamente, no poseyó afinidad por la escritura, aun cuando tuvo amplia información histórica confiable, buena caligrafía, buena ortografía y buena redacción, además de dominar la mecanografía; no obstante, transmitió verbalmente sus saberes, sin mezquindades ni petulancias, en las frecuentes consultas que le hacían estudiantes y otros interesados.  Falleció en Altagracia de Orituco, el 28 de enero de 2003, a los 84 años de edad. Fue enterrado en el Cementerio General de San Rafael de Orituco.
Es pertinente decir que la foto de Leopoldo Olivares ilustrativa de esta crónica fue tomada de la página 8 del periódico La Voz de Orituco, que circuló en Altagracia con fecha 15 de julio de 2009


Crónica 10.-

EMILIA WIERER DE ZANDERS

Carlos A. López Garcés
Cronista de Orituco




Nació en Salzburgo, Austria, el 1º de mayo de 1918. Hija de Emilie Wierer (1880-1968). Contrajo matrimonio en 1946 con el ingeniero civil letón Arminio Zanders (1904–1969), de cuya unión nacieron Percy y Roque Oliver Zanders Wierer. Se formó profesionalmente en la Academia de Música Mozarteum de Salzburgo, donde: comenzó estudios de solfeo, coro de niños, violín, etcetera, en 1926; fue estudiante del Seminario Leopoldo Mozart, de 1938 a 1941; fundó y dirigió el Orfeón Folclórico en 1940; obtuvo el título de Pedagoga de Música en apreciación musical para niños, dirección de coros y flauta dulce, en 1941, y ejerció la docencia desde 1941 hasta 1944, cuando cerraron la academia como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial. Fue integrante de la Signal División del ejército estadounidense de ocupación, de 1945 a 1946. Ejecutaba el piano, el violín y la flauta dulce. Hablaba alemán, inglés, italiano y español.


Emigró a Venezuela con su esposo e hijo Percy de pocos meses de nacido, en 1947. Trabajó como profesora de música, gimnasia rítmica e inglés en colegios de Caracas: Instituto Politécnico Educacional, Colegio Santa María, Colegio América, Hospital Poliomielítico y otros de 1950 a 1956. Se residenció en Altagracia de Orituco desde 1956; en esta población guariqueña laboró como docente de inglés, música, teatro, gimnasia rítmica, etcétera, en el Liceo Ramón Buenahora, Escuela Normal Rómulo Gallegos, Escuela Técnica Agropecuaria, Liceo Nocturno Pedro María Arévalo y Colegio Padre Juan de Barnuevo, en el lapso de 1956 a 1982, cuando fue jubilada por el Ministerio de Educación Nacional. Compuso un Himno al Liceo Ramón Buenahora, cuyo coro dice a la letra: “El Liceo Ramón Buenahora, / el liceo ideal de aquí, / ser alumno de este colegio / siempre es un honor para mi.” 
Creó una academia de arte dramático y un grupo de baile en Altagracia de Orituco en 1972, aunque fueron de corta duración. Fue autora de la música de un Himno a Altagracia de Orituco, cuya letra escribió el presbítero Augustino Jaramillo, a propósito de una equivocada celebración tricentenaria de Altagracia en 1976. Publicó Memorias de una inmigrante: altibajos de una familia europea en Venezuela, editado por el Congreso de la República de Venezuela en 1988, en el cual están expuestas vivencias personales de la familia Zanders-Wierer, asociadas a la cotidianidad de Altagracia de Orituco, que constituyen importante fuente para la historia de esta comunidad. De su autoría es el ABC de la música clásica, que contiene una serie de microbiografías de renombrados compositores y ejecutantes de esta especialidad musical. 
La profesora Zanders, como fue conocida cariñosamente, supo ganarse el aprecio de toda la comunidad orituqueña, donde convivió hasta el día de su fallecimiento, ocurrido el 6 de septiembre de 1998. Fue enterrada en el Cementerio General de Altagracia de Orituco.
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Foto: Emilia de Zanders en 1956; tomada del suplemento gráfico de su libro Memorias de una inmigrante.


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Crónica 9.-

EMBALSE GUANAPITO

 Carlos A. López Garcés
Cronista de Orituco

1.- Situación y nombre
 Está ubicado a siete kilómetros (7 Km), aproximadamente, al noroeste de Altagracia de Orituco, municipio José Tadeo Monagas del estado Guárico. El río Orituco y la quebrada  Guanape son sus principales afluentes. Su nombre proviene del de un lugar situado en las riberas del río Orituco, donde hubo una hacienda de igual denominación, en las cercanías de la desembocadura de la quebrada Guanape en el río precitado.

2.- Una obra alentadora
 Su consecución fue consecuencia de la tenacidad de un grupo de agro-productores que insistieron en lograr ese objetivo, porque la productividad de las haciendas localizadas en las riberas del río Orituco había disminuido considerablemente a mediados de la quinta década del siglo XX, debido, sobre todo, a la prolongación de los períodos de sequía, al incremento de los costos de producción, a la escasez de las cosechas, a la disminución de los productos derivados de la caña, que era el principal de los vegetales cultivados, y a lo comprometido de las actividades pecuarias. La situación era tan preocupante que los productores optaron por pensar en el mejoramiento de la rentabilidad de sus posesiones mediante la construcción de una represa, que sirviera para garantizar el riego de los sembradíos, de conformidad con criterios técnicos emitidos por especialistas, entre los cuales estuvo el ingeniero agrónomo Sebastián Aníbal Romero, quien, en 1946, redactó un informe acerca de la inquietante realidad agrícola valle-orituqueña que justificaba la aspiración de los cultivadores, amen de la posibilidad de utilizarla como fuente para el acueducto de la población altagraciana, que carecía de ese servicio, de acuerdo con informaciones publicadas en la edición Nº 1 del periódico Correo del Orituco, que circuló en Altagracia en la segunda quincena de abril de 1968, dirigido por Víctor Pérez Pérez.
 La idea motivó el estudio y planificación de la presa Guanapito por parte del hoy desaparecido Ministerio de Obras Públicas (MOP) en representación del Ejecutivo Nacional; sin embargo, pasaron varios años para que la respuesta del Gobierno fuese favorable a la realización de aquella obra, luego que un grupo de productores orituqueños la replanteara ante el Presidente de la Junta de Gobierno, contralmirante Wolfgang Larrazabal, mediante comunicación fechada en Caracas el 6 de marzo de 1958, firmada por Juan González Rodríguez, Gustavo Aguilera, Jesús Pérez Montes, doctor Miguel Gutiérrez Carchidio, David Jaspe J., Silvio Pérez Montes, Carlos J. Chapellín, Jorge Zseplaki y César Mata de Gregorio, según escrito hecho público en el periódico Caminos Nº 3, que dirigía el margariteño Cruz Fermín B. y circuló en Altagracia de Orituco con fecha 15 de marzo de 1958. El impacto de la necesidad de aquel embalse era muy significativo; no obstante, su ejecución no había comenzado todavía a varios meses de haber sido aprobada; esto estimuló la difusión, durante cierto tiempo por medio de Radio Orituco (aún de reciente existencia), de un mensaje que decía: “La represa de Guanapito ya es un hecho; pero… ¿Cuándo comienzan los trabajos?”
  
3.- Dos medidas aplicables
 La expropiación de bienes particulares y el desalojo de pobladores de las tierras a utilizar para la obra fueron dos medidas, indispensables e inevitables, aplicadas hacia 1958-59 cuando ya estaba tomada la decisión de iniciar aquellas labores, conforme a los dictámenes de la legislación correspondiente a esta materia por causas de utilidad colectiva. Los espacios del vecindario Guanape y de las haciendas Guanapito y La Rubileña los requirieron para la construcción de la represa, cuyos trabajos fueron ejecutados de 1959 a 1962 mediante la coordinación del otrora Ministerio de Obras Públicas (MOP), el cual contrató para esa finalidad a la empresa CAMYFA, un acrónimo derivado del nombre de su propietario Cayetano A. Méndez y familia.
 El jefe de las actividades fue el ingeniero Otto Luis Pérez, quien estuvo acompañado por un cuerpo de profesionales de la ingeniería, entre los que estaban los hermanos José y Rafael Méndez Arocha, hijos del dueño de la contratista, Luis Segundo Romero Martínez, Rubén Tinedo Meza y uno de apellido Carbonell; además, por un equipo de topógrafos, entre quienes se recuerda a Pelayo Augusto Ledezma; asimismo, hubo la participación de algunas subcontratistas.

4.- Vida útil
 El dique fue hecho sobre el paso del río Orituco en Guanapito, que era parte del viejo camino Altagracia de Orituco-Ocumare del Tuy, por la vía de Quere-Las Bestias-Las Bocainas  hacia Quiripital. La obra fue edificada para almacenar cuarentinueve millones de metros cúbicos de agua, en una superficie aproximada de trescientas cuarenta hectáreas. Al parecer, estaba previsto que alcanzaría su máxima cota en el transcurso de cuatro años; no obstante, las lluvias fueron copiosas en 1962, tanto que la represa llegó a su capacidad extrema en el lapso de tres días de ese mismo año, según noticias aportadas por el señor Julio Girón, el domingo 29 de mayo de 2016 y comentarios repetidos entre gracitanos.

La durabilidad de este embalse habría sido estimada en ochenta años de vida útil. Su construcción incluyó la del sistema de riego de igual nombre, con suficiencia para regar cuatro mil hectáreas; también la de la Planta de Tratamiento Chapaiguana, ubicada en el barrio Peña de Mota de Altagracia de Orituco, para surtir de agua potable a esta población, inicialmente; aunque, después de ser ampliada varios años más tarde, ha servido para surtir a San Rafael y Lezama. Estas obras fueron inauguradas en abril de 1963 por Rómulo Betancourt, quien era el Presidente de la República. Desde entonces, Guanape y parte de Guanapito quedaron cubiertos por las aguas del embalse recién construido; tuvieron el mismo destino final de la finca La Rubileña, de un puente metálico situado sobre el cauce de la quebrada Guanape, en la antigua vía Altagracia-Caracas, y de un “turnapul” que no fue posible sacarlo a tiempo.

5.- Dos problemas principales
 Desde 1973 se habla públicamente de dos problemas principales que tiene la represa.  Uno, demostrado varias veces, es el de la contaminación ocasionada por el uso sin control de agroquímicos de baja, media y alta toxicidad, con efectos residuales como los clorados y fosforados, en las siembras realizadas al norte del embalse, los cuales le son vertidos con las aguas de lluvia y de riego junto con excrementos y otros desechos de humanos y animales domésticos desde vecindarios situados por allí en sus inmediaciones. El otro es el de la sedimentación causada por materiales trasladados por aguas de lluvias, procedentes de los cerros cercanos que fueron sometidos a talas indiscriminadas, cuyos suelos quedaron expuestos a la erosión por efecto de las precipitaciones. Este segundo problema pudo evidenciarse con estudios batimétricos efectuados en 1994, cuando la alcaldía orituquense era dirigida por el ciudadano Salomón Gómez Naranjo; además, en días más recientes, a propósito de la intensa sequía derivada del fenómeno climatológico El Niño, sucedido en el primer semestre del año 2016, cuando disminuyó significativamente su volumen de agua. Ambos problemas fueron expuestos por el autor de estas notas en un escrito publicado en dos ocasiones: la  primera, en las páginas 12 y 13 del diario La Prensa Nº 1070, que circuló en San Juan de los Morros el sábado 22 de agosto de 1987 y, la segunda, en la página A-10 del periódico el siglo Nº 5838, editado en Maracay el domingo 18 de marzo de 1990.
Con la idea de prolongarle la vida útil a esta obra hidráulica, amén de la preservación de la cuenca alta del río Orituco, ha sido propuesta en diversas ocasiones, ante distintas instancias con poder de decisión, la posibilidad de dragarla y de  extender el Parque Nacional Guatopo hasta la propia represa, sin que haya sucedido la receptividad esperada, lo que implica, entre otros casos, la prohibición absoluta de la permanencia humana en trabajos agrícolas y pecuarios en la porción territorial sujeta a los desalojos correspondientes. Sin embargo, debe decirse que, como resultado de una lucha vecinal tenaz e intensa, el Presidente de la República de Venezuela, Carlos Andrés Pérez, declaró la creación de la Zona Protectora de la Cuenca Alta y Media del Río Orituco, mediante Decreto Nº 1652 de fecha 5 de junio de 1991 y, un año después, dictó el Plan de Ordenamiento y Reglamento de Uso de la Zona Protectora de la Cuenca Alta y Media del Río Orituco, por medio del Decreto Nº 2329 fechado el 5 de junio de 1992, de acuerdo con los cuales están permitidos los asentamientos humanos al norte de la represa, con la restricción de las actividades agrícolas y la prohibición de las pecuarias. Estos instrumentos jurídicos no han sido aplicados a la fecha de hoy, a pesar de su vigencia; aunque constituyen elementos legales que estimulan la posibilidad de enseñar a los vecinos a vivir en armonía con la naturaleza, sin dañar el ambiente, sin alterar el equilibrio ecológico, lo cual fue fundamento de un proyecto relacionado con la creación de un Núcleo de Desarrollo Endógeno (NUDE), integrado por los vecindarios Orocollal, El Banco de Guanape, Naranjal, Caramacate y otros, que, lamentablemente, quedó inconcluso.

6.- El aliviadero
 Desaguar el embalse durante los períodos de lluvias, en los primeros años de su utilización, era un verdadero espectáculo muy atrayente, tanto que fue motivo de postales como las hechas por el fotógrafo italiano Icilio Stéfani. Esa espectacularidad la ocasionaba el torrente de agua que descendía a modo de cascada, deslizándose sobre la plataforma de concreto de más de ochenta metros de largo, hasta un gran tanque receptor muy amplio y profundo, de donde el caudal daba continuidad al curso del río Orituco.
 Algunos jóvenes, sobre todo los buenos nadadores y más arriesgados, aprovechaban aquel volumen de agua que bajaba con fuerza para lanzarse por allí, sentados sobre gaveras plásticas y disfrutando el momento, tanto como el de bañarse en el tanque de más de diez metros de profundidad, donde era realmente un reto para los nadadores más diestros el hecho de atravesar el fuerte oleaje que ahí se formaba. Otros, menos audaces, evitaban usar aquel espacio porque no estaba acondicionado para bañistas inexpertos. Era una diversión juvenil muy riesgosa, que, curiosamente, nadie contrariaba ni controlaba.
 7.- Piscicultura y recreación.
Dos obras más fueron hechas al sur inmediato de la presa Guanapito, tiempo después de haber sido inaugurada. Una fue la Sub-estación Piscícola Experimental, dedicada principalmente a la investigación científica de esta área animal, con la finalidad de incrementar su rendimiento como fuente sustentable de proteínas para el consumo humano, lo que ha servido, entre otros casos, para producir alevines de diferentes especies de agua dulce, como son, por ejemplo, las cachamas, los pavones y las mojarras, que luego son aportadas a productores interesados en la piscicultura, además de ser utilizadas para repoblar el propio embalse. La otra fue el Parque Recreacional Guanapito, adonde acuden personas de diversas edades con el objeto de aprovechar sanamente los días de descanso. Debe agregarse que la represa también ha sido útil muchas veces a los pescadores ocasionales y deportivos.

 8.- Parque El Venado

Este fue solo un plan recreacional que incluía el parcelamiento de terrenos y la edificación de viviendas respectivas, en las inmediaciones de la quebrada Guanape, cuyas  aguas fueron útiles para la construcción de un balneario. Su ejecución plena fue frustrada por la construcción de la represa Guanapito, aunque ésta no inundaría los espacios del parque. Apenas quedó una casa modelo y la piscina, adonde iban excursionistas dominicales orituqueños aún en 1960.     


Altagracia de Orituco, junio de 2017.

  FUENTES


I.- Hemerográficas

“El dique de Guanapito”. Caminos. Director-Administrador: Cruz Fermín B. Año I – Nº 3. Altagracia de Orituco, 15 de marzo de 1958, p. 3.

“El tabaco Rubio: Base económica de Orituco”. Correo del Orituco. Director: Víctor Pérez Pérez. Año I - Nº 1. Altagracia de Orituco, segunda quincena de abril de 1968, pp. 4, 5.

LÓPEZ GARCÉS, Carlos A. “Guanapito: un embalse con dos problemas principales”La Prensa. Año III - Nº 1070. San Juan de los Morros, sábado 22 de agosto de 1987, pp. 12, 13. IBÍDEM: el siglo. Año XVII - Nº 5838. Maracay, domingo 18 de marzo de 1990, p. A-10.

II.- Informaciones orales

GIRÓN, Julio. Altagracia de Orituco, domingo 29 de mayo de 2016.

PEDRIQUEZ, Tulio. Altagracia de Orituco, domingo 11 de junio de 2017.


SOSA, Ramón. Altagracia de Orituco, jueves 7 de julio de 2016.

Crónica 8.- 
RODRIGO RAFAEL INFANTE MARRERO

Carlos A. López Garcés

Nació en Altagracia de Orituco, el 12 de octubre de 1927. Hijo de Próspero Infante y María Antonia Marrero Belisario de Infante. Contrajo matrimonio civil el 31 de marzo de 1959 y eclesiástico, según el ordenamiento de la Iglesia Católica, el 11 de abril de ese mismo año,  con la dama gracitana Lucrecia Zoraida Carballo de Gregorio, de cuya unión nacieron cinco hijos: María Angelina, Rodrigo Rafael, Próspero Tomás, Susana Isabel y Gustavo José Infante Carballo. Cursó la educación primaria en la Escuela Federal Ángel Moreno, de su terruño natal. Inició sus estudios de bachillerato en el Colegio Federal de Altagracia de Orituco y los terminó en el Liceo Aplicación de Caracas, en 1946. Realizó estudios hasta quinto año de medicina en la Universidad Central de Venezuela, Caracas, y los culminó en la Universidad Central de Madrid, España, en 1952.  Revalidó su título de médico cirujano en la Universidad Central de Venezuela, en abril de 1953. Aprobó el Curso Medio de Salud Pública, Caracas, 1959, y el de maestría de esta misma especialidad en la Universidad Central de Venezuela, en 1961. Obtuvo el título de Doctor en Ciencias Médicas en la Universidad Central de Venezuela, en 1968. 
Su desempeño profesional lo cumplió como: médico rural en San Francisco de Macaira; médico residente y Director del Centro de Salud Dr. José Francisco Torrealba de Altagracia de Orituco; Director del Hospital Universitario de Maracaibo, dependiente de la Universidad del Zulia; Director del Hospital Psiquiátrico de Bárbula; profesor de la Universidad Central de Venezuela y de la Universidad de Carabobo.  Ejerció la docencia en  distintas instancias: a los trece años fue maestro de una escuela primaria de adultos para obreros y campesinos de Orituco, que había fundado su padre con carácter gratuito;  profesor del Liceo Ramón Buenahora y de la Escuela Normal Rómulo Gallegos de Altagracia, en el lapso de1954 a 1960;  profesor universitario de cursos de    pregrado y de postgrado en el área de Salud Pública, durante 30 años, de los cuales laboró 27 en la Universidad Central de Venezuela, donde alcanzó la categoría de Profesor Titular en 1979. Fue jubilado en 1992. Ocupó el cargo de Viceministro de Sanidad  en 1992 y en tres ocasiones estuvo encargado como Ministro. Representó a Venezuela en reuniones internacionales de Facultades de Medicina, de Escuelas de Salud Pública, de la Asociación Internacional de Epidemiología, realizadas en Venezuela y en el exterior; además, asistió en calidad de representante venezolano a encuentros internacionales de salud promovidos por el Pacto Andino y el Convenio Hipólito Unanue, en América, y por la Organización Mundial de la Salud, en Ginebra, Suiza.
Sus inquietudes de comunicador social las manifestó desde sus tiempos juveniles gracitanos, participando en la publicación del impreso ocasional Briznas, junto con Simón Pérez, Leopoldo González Aragort y Mario Torrealba Lossi, cuando eran estudiantes del Colegio Federal de Altagracia, en 1942, y cuando fue redactor del periódico mecanografiado Chiquitín, que dirigía Leopoldo González Aragort, en 1943. Colaborador de los periódicos Antorcha, Topano y Equis de Altagracia de Orituco. Fue redactor de la revista Cuadernos de la Escuela de Salud Pública, en 1965. Publicó treinta y cinco trabajos científicos en varias revistas acreditadas. Es autor de los siguientes libros de contenido científico: La formación del Médico General para el Servicio Único Nacional de Salud (1968); La voz de los ministros (1983); Epidemiología para los cursos de pregrado de la Escuela de Salud Pública; Epidemiología para los cursos medios de Salud Pública; Epidemiología Clínica (1984); Temas de Salud Pública (1987); Evolución de la política de salud de Venezuela de 1909 a 1983 (1993). Participó como orador de orden en la sesión solemne celebrada el 19 de abril de 1967, por el Concejo del otrora Distrito Monagas del Estado Guárico, con motivo de la conmemoración del 19 de Abril 1810.
Su afinidad por la poesía está expresada en los siete poemarios que  escribió: Mascarillas y facetas (1967); Por los predios del sol (1975); Sueños inscritos (1989); Espigas del silencio (1990); Sonetos y otros poemas (1991), Calendario atávico (inédito) y Espigas del silencio, con prólogo del profesor Blas Loreto Loreto (inédito); además, dejó sin publicar Un juego de bolas criollas, donde relata vivencias del doctor José Izquierdo como practicante de ese divertido juego venezolano.
Aporte de interés para la historiografía orituqueña es su libro titulado La prole de Evaristo, historias de Altagracia de Orituco, obra prosística editada en 1989 por la Casa de la Cultura Jesús Bandres, de Altagracia, en el cual recopila una serie de testimonios acerca de la dinámica cotidiana de aquel pueblo guariqueño, que estaba empeñado en liberarse de su condición de aldea a la que fue sometido en la primera mitad del siglo XX. De interés similar son sus libros: Vivieron en Orituco, editado por la Alcaldía del Municipio José Tadeo Monagas del Estado Guárico en 1999, y Valores de Orituco, literatura I, publicado por la Fundación Dr. Pedro María Arévalo Cedeño en 2003; ambos contienen datos biográficos de intelectuales orituqueños destacados.
Fue miembro de distintas organizaciones: de la Fundación Dr. Pedro María Arévalo Cedeño de Altagracia de Orituco, cuya directiva integró en ciertas ocasiones; de la Asociación Venezolana de Salud Pública, la cual  presidió durante un bienio; de la Sociedad Venezolana de Médicos Higienistas, la que contribuyó a crear;  del Colegio de Médicos del Distrito Federal y de la Federación Médica Venezolana.
Su labor productiva lo hizo merecedor de diversos galardones, entre otros están: Medalla de Bronce, conferida por el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, por los servicios cumplidos a favor de la salud; Orden Dr. Arnoldo Gabaldón, otorgada por ese mismo ministerio; Botón de Honor al Mérito como poeta, concedida por la Alcaldía del Municipio José Tadeo Monagas del Estado Guárico; Orden Dr. José Francisco Torrealba, impuesta en honor al mérito por la Gobernación del Estado Guárico; Orden al Mérito del Trabajo conferida por el Ministerio del Trabajo; Medalla Pro Salutis Novi Mundi, otorgada por la Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud; Medalla de Oro concedida por la Asociación de Profesores de la Universidad Central de Venezuela, por el primer premio al libro de texto y otra similar del mismo gremio por su meritoria labor como profesor universitario; Orden del Libertador en grado de oficial, impuesta por la Presidencia de la República.
Fijó residencia en Botalón, cerca de Altagracia de Orituco, donde se ubicó después de su jubilación. Murió en su pueblo natal el domingo 29 de noviembre de 2015, a los 88 años de edad*.
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*Foto Oscar Itriago

Crónica 7.-

EL INDIO MACAIRE

Carlos A. López Garcés
Cronista de Orituco

Cabeza imaginaria del supuesto “indio Macaire”, esculpida por el maestro Rafael González Carías
cuando era Director de la Escuela Macaira, en la sexta década del siglo XX.
Foto: C.L.G., miércoles 16-09-2015.
 El cronista altagraciano Adolfo Antonio Machado (1855-1903) afirmó, con lo que parece ser una hipótesis, que el vocablo Macaira corresponde al apelativo de una de las tribus indígenas moradoras de Orituco en días de la conquista hispánica, las cuales “terminaron su ignorada historia dando su nombre al lugar donde más frecuentemente residían en la vida seminómada que llevaban”, de donde habría derivado una versión tradicional que circula entre vecinos de San Francisco de Macaira, municipio José Tadeo Monagas del estado Guárico, según la cual el cacique Macaire era uno de los indios que moraba en las cabeceras del río al que le dio nombre.  Esta creencia está tan enraizada que hasta fue hecha una efigie del supuesto aborigen aquí citado, cuya existencia no ha sido posible demostrar con documentos confiables ni argumentos sustentables, que estén más allá de los aportados por la imaginación colectiva; sin embargo, la convicción está muy arraigada en la conciencia de los lugareños desde hace muchos años, en tiempos imprecisos, lo que la hace respetable por su procedencia popular
 El educador Rafael González Carías, a la sazón Director de la Escuela Macaira, consumó su idea de hacerle una imagen con “tierra de loza” en la sexta década del siglo XX, para lo cual contó con la colaboración de un grupo de alumnos y alumnas de sexto grado, entre quienes estaban Hipólita Bencomo (Pola), Juan González, María González, Gladys Herrera, Teresa Pérez, Juan Herrera, Orlando Ruiz, Petra Mejías, Irama Martínez, Acacia Infante, etcétera. Este grupo tuvo la tarea de buscar la arcilla requerida en la ribera del río Macaira, en el conocido pozo del Naranjillo.
La obra esculpida por el maestro González Carías es representativa de la cabeza del indio Macaire; fue puesta en un pedestal con una placa donde dice: “Macaire igual América”. Quedó colocada en el patio de la escuela, cuando esta funcionaba en la casa que ahora es la residencia de la señora Cruz Revilla y familia, sita en la calle Urdaneta-Este de San Francisco de Macaira, donde se conserva y puede ser apreciada por los interesados. La escuela fue mudada en la sexta década del siglo XX a una edificación moderna, construida por el gobierno nacional en un terreno acondicionado para tal fin, ubicado al margen de la calle Bolívar, frente a la plaza con igual epónimo.  
 Algunas personas macaireñas insisten en aseverar que la pronunciación del vocablo para referirse al indígena debe hacerse acentuando la e, lo que es decir Macairé cuya explicación es desconocida y despierta la curiosidad porque sus formas escritas con respecto al río, al pueblo y otros lugares aledaños en las fuentes consultadas es Macayre o Macaire, sin el tilde, que eran las grafías antiguas de la actual palabra Macaira.
 Por otra parte, debe recordarse que son dos ríos Macaira: uno es afluente del Orituco, a orillas del cual está localizado San Francisco de Macaira;  el otro desemboca en el Tuy, en cuyo lado izquierdo se encuentra Santa Cruz de Macaira, en Barlovento, cerca de Caucagua. Este último dato obliga a preguntar: ¿El presunto cacique Macaire orituqueño anduvo además por las nacientes y márgenes del río Macaira barloventeño y de allí proviene también este topónimo o acaso tiene otro origen?

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Crónica 6.- 

                   UNA CONCENTRACIÓN CHAVISTA EN ORITUCO DE 1998

Carlos A. López Garcés

     Una multitudinaria concentración popular, con la asistencia de diez mil personas aproximadamente, hubo en Altagracia de Orituco el jueves 29 de octubre de 1998, con motivo de la visita electoral del teniente coronel (r) Hugo Rafael Chávez Frías, candidato a Presidente de la República de Venezuela postulado por el Polo Patriótico, una asociación política nacional que en el territorio orituqueño estaba formada por el Movimiento Quinta República (MVR), el partido Patria Para Todos (PPT), el Movimiento Al Socialismo (MAS), el Partido Comunista de Venezuela (PCV), el Movimiento Electoral del Pueblo (MEP) y un grupo de productores agropecuarios independientes denominado Acción Agropecuaria.

     La calle Ilustres Próceres, desde el cruce con la Sucre, sirvió de sitio de concentración. . Dos remolques grandes, estacionados apenas a seis metros de la esquina y frente a la casa de la familia Arocha-Rojas, sirvieron de tarima, donde un podio fue colocado en alto para los oradores principales. La multitud ocupó la calle Ilustres Próceres, en dirección al este, hasta dos cuadras por delante de la tarima y una cuadra detrás de ésta, hacia el oeste, hasta la llamada esquina del Mercado, en el cruce con la calle Bolívar, aunque un telón propagandístico, que servía de fondo del escenario, impedía ver la escena por el lado occidental; además, mucho público se aglomeró en las bocacalles de la Sucre con la Ilustres Próceres y de ésta con la Gil Pulido.

     La gente comenzó a concentrarse desde las nueve de la mañana, aun cuando el inicio del acto estaba anunciado para las doce del mediodía y el transporte colectivo urbano, tanto la empresa Hermanos Unidos como la Chapaiguana, había suspendido el servicio desde tempranas horas del día, por indicaciones de sus directivos (¿antichavistas?). Según comentarios que circularon en el pueblo, algunos opositores al chavismo habrían pagado para lograr esa suspensión. No obstante,  el entusiasmo era tan visible que por todas partes se observaban muchos grupos de personas con boinas rojas (del MVR), franelas y banderas simbólicas y encaminadas espontáneamente, a pie y en carros particulares, hacia el lugar de la concentración.

     El programa fue iniciado minutos después de la hora prevista. Hubo intervenciones de grupos musicales, de representantes de organizaciones políticas solidarizadas con Chávez y de candidatos a la Legislatura guariqueña y al Congreso Nacional (diputados y senadores). La programación era desarrollada normalmente, con la intervención de oradores y los intermedios musicales; pero el tiempo pasaba y la inquietud del público era inocultable porque Chávez no había llegado aún a las tres de la tarde. Muchas personas creyeron que no llegaría y decidieron regresar a sus casas; sin embargo, la gran mayoría de los asistentes se mantuvo a la espera, a pesar del cansancio, del hambre y de la sed. Hombres, mujeres, ancianos y niños y madres con hijos cargados en brazos, en coches y/o a pie compartían estas dificultades y la decisión de apoyar a un candidato que ofrecía formar un gobierno para atender las necesidades prioritarias del país y, sobre todo, para combatir duramente a la corrupción (principal problema venezolano), sin diferenciar su origen.

     A las tres y veinte minutos de la tarde, procedente de Tinaquillo, estado Cojedes, apareció de pronto en el cielo altagraciano el helicóptero que transportaba a Chávez, quien saludaba a la multitud alborozada, mientras la aeronave sobrevolaba en círculo dos veces, para luego aterrizar en el estadio Ángel Santiago González, en Saladillo (El Chala), donde otra multitud esperaba al candidato, a quien acompañaron en recorrido por la avenida Ilustres Próceres hasta el sitio de la tarima. Una camioneta pick up azul, marca Toyota y propiedad del productor agropecuario Eduardo Osío Velasco, sirvió para transportar a Chávez en este recorrido.

      En el mitin central hablaron Eduardo Manuitt, candidato a Gobernador del Estado Guárico, quien fue muy breve y contundente contra sus opositores, y Hugo Chávez quien clausuró el acto con un discurso de una hora, durante la cual fustigó a los enemigos de la patria, expuso sus ideas acerca de la refundación de la República y contó algunas anécdotas de su infancia en el estado Barinas. Era la segunda vez que Chávez visitaba a Altagracia de Orituco con fines de proselitismo político; antes lo había hecho en 1995, cuando, recién salido de la cárcel de Yare y sin ser candidato, expuso sus inquietudes bolivarianas en la plaza Bolívar de la ciudad, ante un público tan numeroso como atento.

     Quienes no asistieron al acto del 29 de octubre de 1998, independientemente de la causa, podían oírlo por medio de Radio Orituco, emisora local altagraciense, cuyo director, señor Gerardo Corado, permitió la transmisión completa. Entre tanto, los presentes oían las intervenciones mediante cornetas de alta fidelidad, ubicadas sobre la tarima y frente a la ferretería Fereca, propiedad del señor Segundo Lagazzi, en el cruce de las calles Ilustres Próceres y Gil Pulido.

     El acto concluyó después de las cinco de la tarde. Chávez iba al Tuy; Ocumare y Santa Teresa lo esperaban. La multitud se retiró en orden, disciplinadamente, comentando su chavismo; esto contrariaba los pronósticos de desórdenes y saqueos que algunos adversarios habían difundido malintencionadamente, tanto que varios comerciantes, temerosos y precavidos, cerraron sus negocios desde temprano. Un inmenso “mar de gente” en retirada, que transitaba a lo largo y ancho de la Ilustres Próceres hacia Saladillo, podía ser observada desde la esquina con la Gil Pulido, calle por donde sucedía una escena similar. Este acontecimiento hacía presagiar el triunfo de Manuitt en las elecciones del domingo 8 de noviembre de 1998 y el de Chávez en las del domingo 6 de diciembre de ese mismo año… Los escrutinios confirmaron las predicciones(1).
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(1)    Fotos de Oscar Itriago
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Crónica 5.-


ADOLFO ANTONIO MACHADO PÉREZ
(RESUMEN BIOGRÁFICO)

                                                                                                                                                     Carlos A. López Garcés
Cronista de Orituco
caloga_47@hotmail.com

Nació en Altagracia de Orituco, el 10 de septiembre de 1855. Sus progenitores fueron: don Manuel María Machado y doña Ana Francisca Pérez. Contrajo matrimonio con la gracitana Rafaela Inocencia Pérez, con quien procreó ocho hijos: Fortuna, Adolfo (Pipo), Manuel María, Carmen Consuelo, Rafaela, Adolfina, José Manuel y María Adolfina. Tenía una firma mercantil con su hermano Manuel denominada Hermanos Machado, que constituía su base económica principal. El protagonismo en la actividad política no ocupaba su diario quehacer; sin embargo, fue concejal y jefe civil del otrora distrito Monagas del estado Guárico en la novena década de la centuria XIX; además, se solidarizó con la Revolución Legalista liderada por el general Joaquín Crespo en 1892, cuando este caudillo combatía las pretensiones continuistas inconstitucionales del presidente Raimundo Andueza Palacio. Procuraba con tenacidad la ejecución de importantes obras de interés para la colectividad altagraciense, hasta lograrlas. Su conducta cotidiana estuvo regida por sólidos principios morales. Era católico practicante, muy devoto de la Inmaculada Concepción. Interpretaba el órgano, con preferencia por la música litúrgica. 
Fue autor del libro Recopilación de apuntaciones para la historia de Altagracia de Orituco hasta el siglo XIX, publicado por tercera vez y con su título original por la Alcaldía del Municipio José Tadeo Monagas del Estado Guárico, en el año 2008. La primera edición de esta obra fue hecha en 1961 por empeño de su bisnieto Pedro Rafael Arévalo, con el título Apuntaciones para la historia (obra escrita entre 1875 y 1899). La segunda edición ocurrió en el año 2003; fue titulada Apuntaciones para la historia y otros textos y auspiciada por el Fondo Editorial Orituco, representado por el ciudadano Ramón Alberto (Beto) Mirabal Zapata. Machado recopiló también, en dos volúmenes, instrucciones para varias artes fabriles y numerosas recetas para tratar diferentes enfermedades; así mismo, compilaba informaciones estadísticas relacionadas con las actividades agrícolas, ganaderas, mineras, comerciales, etcétera, de Altagracia de Orituco, según lo afirmó el doctor Pedro Natalio Arévalo en un trabajo suyo sobre el biografiado, hecho público en 1984. Lamentablemente, esas noticias de interés historiográfico local están inéditas y, quizás, en manos de algún descendiente. 
Su casa de habitación fue muy dañada cuando el general Nicolás Rolando, uno de los jefes de la Revolución Libertadora, estableció en ella su cuartel general durante su marcha hacia La Victoria, para enfrentar las fuerzas gubernamentales comandadas por el general Cipriano Castro en 1902. Entre los daños más graves estuvo la destrucción total de la biblioteca, compuesta de numerosos libros y documentos de mucha importancia. Sus apuntaciones se salvaron entonces porque estaban, afortunadamente, en posesión del abogado orituqueño Luis Ramón Morín, quien las utilizaba en calidad de préstamo para obtener ciertos datos. Así lo informó su nieto Pedro Fortunio Arévalo Machado al académico José Antonio de Armas Chitty, mediante carta fechada en Madrid el 29 de febrero de 1961. 
Machado fue un intelectual autodidacta, que practicó con devoción la historiografía orituqueña. Sus apuntaciones son fuente de consulta obligatoria para los interesados en investigar acerca del proceso histórico del Orituco. Es válido considerarlo como el primer cronista orituquense conocido, en concordancia con el significado estricto de la actividad cronística, la cual ejerció, por vocación y con metodología aceptable, en el transcurso de más de veinticuatro años, a pesar de las tantas limitaciones de su época. Murió en su pueblo natal el 1º de julio de 1903, como consecuencia de una cardiopatía, a los cuarentiocho años de edad. Es el epónimo de la biblioteca de la Fundación Dr. Pedro María Arévalo gracitana, creada el 5 de mayo de 1984 y adscrita a la Red Nacional de Bibliotecas Públicas desde ese mismo año. 

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Crónica 4.- 


CASA DE GOBIERNO MUNICIPAL EN ORITUCO

Carlos A. López Garcés
Cronista de Orituco
 Nota previa

 Casa de Gobierno Municipal. Altagracia de Orituco. 1935.
 Fuente: Cosechas. Director:
 Pedro Natalio Arévalo. Año I – Mes II.
Altagracia de Orituco, jueves 28 de marzo de 1935, p. 1.

La sede de la Alcaldía y del Concejo del municipio José Tadeo Monagas del estado Guárico está ubicada en la calle Julián Mellado (conocida también como calle del Concejo) de Altagracia de Orituco, entre la Rondón y la José Martí, al oeste inmediato de la plaza Bolívar. Consta de dos casas que datan del siglo XIX, una de las cuales es más grande que la otra. Ambas fueron hechas originalmente de paredes de tapia y rafa, techo de tejas sobre caña amarga, piso enladrillado, puertas de madera y ventanas con hojas y rejas de igual material; son muestras del proceso de transformación arquitectónica-habitacional ocurrido en el transcurso de la décimo novena centuria, como consecuencia de la ocupación que hicieron grupos económica y políticamente dominantes del territorio destinado para viviendas perteneciente a la comunidad indígena altagraciana, la cual fue sometida a un desplazamiento progresivo e irreversible, favorecido por la transculturación, el elitismo, las epidemias, las guerras civiles, etcétera, hasta desaparecerla totalmente.  Entre ellos habrían estado los mismos elitistas que se apropiaron de las tierras valleorituqueñas de uso agrícola, asignadas a los aborígenes del pueblo gracitano recién fundado.     

1.- La de mayor tamaño

 Casa de Gobierno Municipal a pocos años de ser remodelada.
Altagracia de Orituco.

 Foto: autor anónimo; tal vez data de 1946 o 1947.
 Fue construida en el primer cuarto del siglo XIX por Nicolás de Cerpa, con la finalidad de usarla como residencia familiar(1), sobre una superficie estimada en mil doscientos ochentinueve metros cuadrados, conforme a cálculos efectuados el viernes 20 de enero de 2017 por Arsenio Alexander Palacios, trabajador del servicio de catastro de la alcaldía orituquense(2). El municipio la obtuvo en propiedad el 31 de mayo de 1865, mediante compra hecha a Julián Velasco(3). Ha sido reformada en diversas ocasiones para adaptarla a la operatividad propia de oficinas gubernamentales. El antecedente más antiguo con respecto a estas modificaciones data del primer cuatrimestre de 1874, cuando la Junta de Fomento recién instalada ordenó la demolición de “una pieza de galería que tenía en el extremo norte” y la realización de los trabajos de “enladrillados, sardineles, tiranteaduras, construcción de nuevas luces, levantamiento del techo del corredor del naciente para erigirle nuevos pilares de obra limpia, escalinatas, enlozados y calzada de piedra al frente”,  al decir de un intelectual altagraciense meritorio(4), quien agregó que los mismos fueron concluidos en mayo de ese año con la participación del carpintero José Eduvigis Guevara, los albañiles Juan Bautista Narvarte y Luis Morales y el aparejador Juan D’Suze(5). Una nueva refacción ocurrió en 1880, acerca de la cual no hay más informaciones conocidas(6).
Esta casa fue modificada varias veces en el transcurso del siglo XX. Algunas obras habrían sido ejecutadas después de marzo de 1935, porque en esos días aún conservaba  características viejas, tal como lo muestra una imagen impresa en el periódico gracitano Cosechas que dirigía Pedro Natalio Arévalo(7), quien, mucho tiempo después, aportó datos para pensar en que aquellos trabajos tal vez correspondían a los de la remodelación, comentada sin mayores detalles en un trabajo suyo editado en 2012, que fue realizada del 9 de febrero de 1939 al 8 de abril de 1940, durante el segundo gobierno del Dr. Rafael Zamora Arévalo y cuyo encargado era el señor Leonidas Ponce, quien ejercía la Dirección de Obras Públicas Municipales(8). De esas obras pueden ser mencionadas las más visibles: ampliación del corredor hacia el norte y edificación de la sala de sesiones del Concejo y nuevas oficinas en este extremo; reemplazo del alero por una cornisa; sustitución de columnas rectangulares del corredor frontal por otras cilíndricas de estilo toscano, para pasar de seis a doce pilares con la inclusión de las del lado norte; cambio de la baranda del frontis por un tipo de pasamanos de concreto con especies de balaustres del mismo material en los intercolumnios, más dos filas de tubos metálicos entre balaustres; aceras y escalinatas de concreto para el acceso desde la calle y lo contrario.  Otras reformas fueron efectuadas en la segunda mitad de dicha centuria, entre las cuales están las siguientes: solado con baldosas graníticas; abertura de una puerta en el extremo sur del corredor frontal para comunicarla con la casa de menor tamaño, cuando esta pasó a ser propiedad municipal; eliminación de puertas de la mitad sur del frontis y del pasadizo que unía el corredor del frente con el de atrás, hacia el patio y calabozos de la policía, acaso en la séptima década; construcción del despacho del alcalde en el primer semestre de 1990, cuando se iniciaba el primer período del burgomaestre Salomón Gómez Naranjo, de acuerdo con aseveración suya aportada el 23 de enero de 2017(9);  reparación del techo hacia 1997 con el aval del alcalde Eusebio Dáger Boyer, que fue hecha por la empresa COACA C.A. cuyo representante era el ciudadano Harold Quillen(10).
   Es factible presumir, de acuerdo con el cronista Adolfo Antonio Machado, que el aprovechamiento de esta edificación como Casa de Gobierno comenzó el 27 de septiembre de 1870, cuando, inconstitucionalmente, fue establecida en Altagracia la capital ejecutiva del otrora departamento Cedeño, con su respectiva prefectura y comandancia militar representadas por el general sombrereño Carlos Pinto, luego de la victoria que obtuvieron en Orituco las fuerzas liberales guzmanistas, dirigidas por los generales Joaquín Crespo y Manuel Borrego, al enfrentarse ese mismo día contra una pequeña guarnición de restos del monagato nepotista y neo-conservador, acantonada en Altagracia a las órdenes de Brígido Quintero, quien murió en la acción. Por su parte, el Concejo siguió funcionando en San Rafael de Orituco, que entonces quedó reducido de cabecera departamental absoluta a capital legislativa(11).
Esa situación inconstitucional se mantenía aún en 1875, cuando fue aprobada una nueva Constitución del Estado Guárico; sin embargo, en febrero de 1881 ya el Concejo funcionaba en Altagracia, presidido por el general Adolfo Chataing, lo que significaba el establecimiento de facto de la capital absoluta en esta población;  esto fue legal y definitivamente reconocido mediante el “Decreto Ejecutivo sobre organización provisional de los Grandes Estados de la Federación”, dictado por el general Antonio Guzmán Blanco en Caracas, el 19 de mayo de 1881, de donde derivó la Constitución del Estado Guzmán Blanco, sancionada el 20 de agosto de 1881, que ratificaba la reorganización de los estados federales y fue determinante para que el departamento Cedeño pasara a denominarse distrito Guzmán Blanco, perteneciente a la sección Guárico del estado de igual epónimo(12), desde cuando “…entró Altagracia, también constitucionalmente, a ser cabecera del Distrito Guzmán de aquel Grande Estado, quedando de entonces legalmente constituidas en este pueblo las oficinas de la Jefatura Civil, Concejo Municipal, Registro Público y la de los demás empleados correspondientes a la administración civil, judicial y administrativa del distrito”, según apuntes cronísticos del orituquense prenombrado(13), que ayudan a suponer el funcionamiento simultáneo de esas oficinas en la Casa de Gobierno objeto de estas notas. Su uso como despachos gubernamentales del municipio se mantuvo durante el siglo XX y todavía en las primeras décadas del XXI. Ha servido de sede a la Jefatura Civil, Comandancia de Policía con calabozos incluidos, Administración de Rentas y cámara municipal; en los años sesenta de la centuria recién pasada hubo allí una oficina de la Dirección General de Policía (DIGEPOL), que era el ente político-policial de los gobiernos presididos por Rómulo Betancourt y Raúl Leoni. En la actualidad funcionan en ella las oficinas de Hacienda, Recursos Humanos y Regularización de la Tierra Urbana desde el tercer trimestre de 2013. 
 
2.- La de menor dimensión

No hay datos precisos referentes a su origen; empero, puede presumirse que ya existía en la segunda mitad del siglo XIX, como lo revela una fotografía tomada por Henrique Avril y hecha publica en 1895 en la revista El Cojo Ilustrado Nº 94(14). Fue edificada en un terreno de quinientos noventidós metros cuadrados, aproximadamente, de conformidad con la medición realizada por Arsenio Palacios antes mencionado(15). Ha sido utilizada con distintos propósitos. Puede suponerse que, al comienzo, fue construida para vivienda de familia, como lo indica una placa marmórea colocada en su frente el 21 de febrero de 1970,  cuando el Dr. José Ignacio González Aragort fungía de Gobernador del Estado Guárico, y cuyo texto dice que “Esta casa fue el hogar del Dr. Pedro María Arévalo Cedeño…”(16) de quien es oportuno resaltar que fue un médico nacido en Valle de la Pascua el 27 de enero de 1870, filántropo, ciudadano ejemplar, miembro de la Academia Nacional de Medicina, que se residenció durante años en Altagracia de Orituco, donde dejó huellas muy notables e importantes: profesor del Colegio Roscio, el primero de educación secundaria de la localidad, del cual fue Rector en 1898 y Vice-rector en 1899; cofundador del Hospital San Antonio en 1903; creador del segundo Colegio Guárico en 1931, que antecedió al  Liceo Ramón Buenahora del presente; en 1920 se mudó con su familia a Caracas, de donde regresó a tierras altagracianas en 1936; por razones de salud se trasladó a San Juan de los Morros donde falleció en julio de ese año(17).
  Esta misma casa también sirvió de habitación familiar a don Miguel Martínez, un zaraceño que ejerció la jefatura de la estación telegráfica gracitana, la cual operaba allí mismo; además, en ella fue instalado un comedor escolar en tiempos de la dictadura perezjimenista, que funcionó hasta comienzos de 1956; igualmente, ha sido aprovechada como sede de oficinas del gobierno municipal en la segunda mitad del siglo XX y primeras décadas del XXI.
 No hay noticias confirmadas acerca de la propiedad tradicional de esta edificación, antes de ser comprada por el municipio en fecha y condiciones desconocidas todavía, aunque hay datos contradictorios: el señor  Luis D’Suze García dijo el 21 de abril de 1999 que perteneció a don Carlos Pérez(18);  no obstante, don José Manuel Pérez afirmó dos días más tarde, cuando era un octogenario, que su dueño fue siempre el Dr. Pedro María Arévalo y luego pasó a ser de la municipalidad, coincidiendo con el cronista Arévalo (19).
 Ha sido remodelada en diferentes oportunidades. Su frente actual es hacia la calle Julián Mellado, que es el lado este; tiene tres ventanas y una puerta que da acceso de la calle al interior y viceversa a través de un zaguán empalmado con un corredor interior. Debe decirse que su frontis era antes por la calle José Martí, que es el lado sur, por donde tenía su entrada principal, según lo revela una gráfica de Henrique Avril publicada en 1902 en la revista El Cojo Ilustrado Nº 263(20), donde puede observarse la ausencia de puerta en la fachada este y la existencia de tres ventanas grandes con rejas de madera en este mismo lado, por donde, años después, le hicieron la entrada principal  y pusieron rejas de hierro en las ventanas, como lo demuestra una foto de 1928 dada a conocer por el profesor orituqueño Mario Torrealba Lossi en su libro Memorias de Pacífico Sereno(21).
  Cuando era de uso familiar estaba constituida por: cuatro corredores que circundaban un pequeño patio central, que hacía de jardín a cielo abierto; sala de recepción de visitantes; dormitorios, cocina y comedor;  sanitario y un patio grande o solar del lado oeste, separado por una pared del resto de la casa. Estas características las mantenía en el primer quinquenio de la séptima década del siglo XX, aunque ya le habían hecho algunos cambios para adaptarla al funcionamiento de oficinas públicas. Aún tenía el alero en 1935, tal como se observa en la imagen impresa en el periódico Cosechas citado en párrafos precedentes(22); tiempo después, quizás en la cuarta o quinta década de la centuria XX, se lo sustituyeron por una cornisa, en cuyos trabajos participó un maestro de obra conocido como Wallis, quien tuvo de albañil principal a un señor de apellido Camacaro; así lo aseveró el telegrafista  Héctor Mendoza el 23 de abril de 1999(23).  Hacia los años 1965-1966, la Comandancia de Policía fue trasladada de la casa más grande al patio trasero de esta más pequeña, donde se edificaron las instalaciones de esa dependencia policial y se le acondicionaron algunos espacios para este propósito, aun cuando los calabozos y el dormitorio de los funcionarios policiales fueron edificados en el solar de la casa grande. También han funcionado en ella diferentes entidades gubernamentales en la segunda mitad del siglo XX y primeros años del XXI: Jefatura Civil o Prefectura, Comandancia de Policía, Sindicatura, Concejo y algunas dependencias de la Alcaldía. 

          3.- Un hecho lamentable

 El techo de la casa más grande tenía “fallas y deficiencias” en el primer semestre de 1998, con respecto a las reparaciones realizadas hacia 1997 por la empresa COACA C.A., cuyo representante era el ciudadano Harold Quillen, antes citado; por este motivo la cámara edilicia aprobó en la sesión del 23 de junio de 1998 autorizar plenamente a la Síndico Municipal, abogada Mirna Claret Leal, para investigar este caso sin limitaciones, según oficio Nº 205, fechado en Altagracia de Orituco el 30 de junio de 1998 y firmado por el señor Julio César Herrera, Secretario Municipal. El resultado de esta investigación es desconocido; sin embargo, debe decirse que aquellas “fallas y deficiencias” fueron la causa fundamental del desplome de gran parte del techo de esta casa, correspondiente al de la Sala de Sesiones del Concejo y las oficinas de Presupuesto y Contabilidad de la Alcaldía, cuando el alcalde era José Luis García(24).

Ese hecho sucedió el jueves 22 de julio de 2004;  fue resultante de la colocación de un sobrepeso dado por un recubrimiento de concreto de cinco centímetros de espesor aproximado, con malla truckson más un manto asfáltico y tejas criollas, sin tomar la precaución de revisar las condiciones de las vigas y columnas de la estructura de madera y reforzarlas, lo que debió haberse realizado necesariamente porque se trataba de una armazón liviana muy antigua, deteriorada por el tiempo, a la cual se le colocaría un peso adicional. Así lo dice una información suministrada el 26 de julio de 2004 por el ingeniero Giovanni Donnarumma V., entonces Director de Desarrollo Urbano de la Alcaldía, designado como perito práctico en construcción civil para presentarle un criterio técnico sobre el caso al Juzgado de los municipios José Tadeo Monagas y San José de Guaribe del estado Guárico, representado por el abogado Jesús Eduardo Moreno G., quien inspeccionó  la Casa de Gobierno Municipal en hora de la tarde de aquel 26 de julio de 2004, para dejar constancia de lo acontecido, por solicitud del alcalde José Luis García con la asistencia del abogado José Miguel Del Corral, en atención de lo cual se ordenó efectuar la peritación comentada(25). 

Aquella realidad obligó a trasladar el Concejo a la casa de menor dimensión, donde funcionaban la Sindicatura y algunas  oficinas de la Alcaldía, mientras que otras de esta institución fueron mudadas al otrora Parque Recreacional Rómulo Gallegos de La Playera y a un edificio particular situado en la calle Sucre, entre la Rondón e Ilustres Próceres, perteneciente a la ciudadana Marisela D’Angelis. El despacho del alcalde se mantuvo en la casa grande hasta finales del 2007 porque el tejado no sufrió daños.

La caída del techo hizo retomar la idea de reconstruirlo con tejas sobre madera de caoba; pero ampliándolo con el concepto de una techumbre única para ambas casas, con sentido de integración como si se tratase de una sola, tal como fue hecho efectivamente,  además de ciertas reformas internas para adaptarlas a la operatividad de oficinas del poder público municipal, que incluían la sala de sesiones de la cámara edilicia, donde se instalarían varios vitrales. La mayor parte de estos trabajos fueron ejecutados por la Cooperativa Monte Sacro 200 R.L., representada por el ingeniero gracitano Luis Calleja en los años 2007 y parte del 2008, cuando el autor de este escrito era el alcalde(26). Las obras internas fueron continuadas por el señor Danilo Barrios en el segundo semestre del 2008; desafortunadamente, estas últimas fueron suspendidas de manera arbitraria en el año 2009, sin levantar un acta siquiera, por el señor Harold Quillen, quien actuaba a nombre de la Alcaldía sin ser funcionario de ella, aunque, extrañamente, contaba con el respaldo de la alcaldesa recién encargada, la pediatra María Chacín. Los trabajos fueron reiniciados meses después de aquella arbitrariedad por una empresa que estaba supuestamente vinculada al señor Quillen, cuando decidieron cambiar la distribución espacial planificada, aplicaron un nuevo criterio antojadizo de remodelación y procedieron a instalar allí algunas dependencias como la Sindicatura y Catastro, donde funcionan ahora desde el segundo semestre de 2013, y el Consejo de Protección del Niño y del Adolescente a partir de 2016.

Esas refacciones iniciadas en 2007 estaban inconclusas al momento de redactar estas notas (2017); por esta razón, otras oficinas del ejecutivo orituqueño, incluido el despacho del alcalde, permanecen todavía en el antiguo Parque Rómulo Gallegos, una edificación municipal localizada en el sector La Playera, en el oeste de la población, en la margen izquierda del río Orituco, que estaba destinada inicialmente a ser una posada turística y fue necesario acondicionarla como sede provisional de la Alcaldía en los años 2006-2007(27), aun cuando desde 2004 ya estaban allí ciertas dependencias del ejecutivo municipal en los pocos espacios disponibles que había  en ese tiempo. Entre tanto, el Concejo se mantiene en una casa ubicada en la calle Julián Mellado, en el sector Buenos Aires, propiedad de la profesora María Escalante de Dávila, a donde fue mudado en 2007, debido al comienzo inminente de las obras precitadas. 

4.- Una creencia errónea

Es oportuno recordar que algunas personas identifican estas casas con el nombre de Palacio Municipal, como si se tratara de una sola edificación;  otras se empeñan en llamarla Palacio de los Arévalo, quizás porque en una de ellas habitó el Dr. Pedro María Arévalo Cedeño con su núcleo familiar y haya la equivocación de creer que corresponde a una vivienda única.  Sin embargo, en la identificación de la casa de columnas predominaba la que la colectividad mantuvo asociada durante cierto tiempo con una de las instituciones que allí funcionaban; por esto los nombres de Casa de la Jefatura Civil, Casa del Concejo,  Alcaldía, con los que fue conocida en el siglo XX.

Altagracia de Orituco,  enero de 2017.

REFERENCIAS Y NOTAS

(1) MACHADO: Madrid, 1961, p. 79; Caracas, 2005, p. 189.

(2) PALACIOS: Conversación, 20 de enero de 2017.

(3) MACHADO: Madrid, 1961, p. 79; Caracas, 2005, p. 189.

(4) IBÍDEM: Madrid, 1961, p. 90; Caracas, 2005, p. 204.

(5) IBÍDEM.

(6) IBÍDEM: Madrid, 1961, p.  98; Caracas, 2005, p.  215.

(7) ARÉVALO: Cosechas, Altagracia de Orituco, 28 de marzo de 1935, p. 1.
Observación. El doctor Pedro Natalio Arévalo fue profesional de la abogacía; ejerció la docencia en el Colegio Santa María de Caracas y en el Liceo Juan Germán Roscio de San Juan de los Morros; cultivó la poesía, el periodismo y la oratoria; escribió trabajos cronísticos muy significativos sobre la tierra orituqueña, publicados en periódicos, libros y folletos. Fue Miembro Correspondiente de la Academia Nacional de la Historia y uno de los creadores de la Fundación Dr. Pedro María Arévalo Cedeño de Altagracia de Orituco, donde nació el 1º de diciembre de 1914. Murió en San Juan de los Morros el 27 de noviembre de 1996.

(8) IBÍDEM: 2012, p. 73.

(9) GÓMEZ NARANJO: Conversación, 23 de enero de 2017.

(10) A.A.M.G.: Inspección Judicial al Palacio Municipal practicada por el Juzgado de los       municipios José Tadeo Monagas y San José de Guaribe del estado Guárico.  Expediente Nº 04-2644. Altagracia de Orituco 26 de julio de 2004.

(11) MACHADO: Madrid, 1961, pp. 86, 87; Caracas, 2008, pp. 199, 200.

(12) MACHADO: Madrid, 1961, pp. 91, 100, 105; Caracas, 2008, pp. 206, 218, 219. LÓPEZ GARCÉS: 1999, pp. 25 a 27.

(13) MACHADO: Madrid, 1961, p. 100; Caracas, 2008, p. 219.

(14) AVRIL: El Cojo Ilustrado,  Caracas, 15 de septiembre de 1895, p. 726.

(15) PALACIOS: Conversación: 20 de enero de 2017.

(16) ARÉVALO: 2012, p. 73.

(17) SOSA y MARTÍNEZ: San Juan de los Morros, 1970; Caracas, 1991. RUBÍN ZAMORA: Caracas, 1974, p. 36.

(18) D’SUZE GARCÍA: Conversación, 21 de abril de 1999.

(19) PÉREZ: Conversación, 23 de abril de 1999. ARÉVALO: 2012, p. 73.
Observación. El señor José Manuel Pérez García fue un reputado comerciante mayorista, nacido en Sabana Grande de Orituco el 20 de mayo de 1918 y residenciado desde muy joven en Altagracia de Orituco, donde falleció en enero de 2012.

(20) AVRIL: El Cojo Ilustrado, Caracas, 1º de diciembre de 1902, p. 735.

(21) TORREALBA LOSSI: Caracas, 1989, p. 73.

(22) ARÉVALO: Cosechas, Altagracia de Orituco, 28 de marzo de 1935, p. 1.

(23) MENDOZA: Conversación, Altagracia de Orituco, 23 de abril de 1999.

(24) A.A.M.G.: Inspección citada. Expediente Nº 04-2.644.

(25) IBÍDEM.

(26) LÓPEZ GARCÉS: Informe de gestión de la alcaldía… Año 2007, p. 17.

(27) IBÍDEM: 2006, p. 19; 2007, p. 16. Visor de Orituco. Nº 6. Enero-febrero de 2006, p. 3; Nº 7, abril-mayo de 2006, p. 8.
 FUENTES
 1.- Documentales
ARCHIVO DE LA ALCALDÍA DEL MUNICIPIO JOSÉ TADEO MONAGAS DEL ESTADO GUÁRICO. Altagracia de Orituco. (A.A.M.G.) 

Inspección Judicial al Palacio Municipal practicada por el Juzgado de los municipios José Tadeo Monagas y San José de Guaribe del estado Guárico. Expediente Nº 04-2644. Altagracia de Orituco, 26 de julio de 2004.
 2.- Bibliográficas
ARÉVALO, Pedro Natalio. Calles, sitios y aleros de Altagracia de Orituco. San Juan de los Morros. Sistema Nacional de Imprentas. Fundación Editorial El Perro y La Rana. Colección José Antonio De Armas Chitty.  2012.

LÓPEZ GARCÉS, Carlos. Evolución político-territorial de Orituco. Altagracia de Orituco. Edición del municipio José Tadeo Monagas del estado Guárico. 1999.

MACHADO, Adolfo A. Apuntaciones para la historia (obra escrita entre 1875 y 1899). Madrid, España. Publicaciones Amexo, 1961.

MACHADO, Adolfo A. Recopilación de apuntaciones para la historia de Altagracia de Orituco hasta el siglo XIX. Caracas. Edición de la Alcaldía del municipio José Tadeo Monagas del estado Guárico, Venezuela, 2008.

RUBÍN ZAMORA, Lorenzo. Diccionario biográfico cultural del estado Guárico. Caracas. Edición del autor. Impreso por Gráficas Herpa, 1974.
 3.- Fotográficas
AVRIL, Henrique. “Tropa nacional en Altagracia de Orituco”. El Cojo Ilustrado. Año XI – N° 263.  Caracas, 1° de septiembre de 1902, p. 735.

“Casa de Gobierno”. Gráficas Gracitanas. Tabloide dedicado a la Vuelta al Orituco. Director: Víctor Pérez Pérez. Altagracia de Orituco, diciembre de 1967, p. 4.

Casa de Gobierno en Altagracia de Orituco, 1928 (en: TORREALBA LOSSI, Mario. Memorias de Pacífico Sereno. San Juan de los Morros. Fundación Guariqueña para la Cultura (FUNDACULGUA), Biblioteca Temas y Autores Guariqueños. 1989, p. 73) 

Casa de la Jefatura Civil. Cosechas. Director: Pedro Natalio Arévalo. Año I – Mes II. Altagracia de Orituco, jueves 28 de marzo de 1935, p. 1.

4.- Hemerográficas

LÓPEZ GARCÉS, Carlos A. Informe de Gestión de la Alcaldía del Municipio José Tadeo Monagas del Estado Guárico. Año 2006. Altagracia de Orituco, marzo de 2007. (Inédito)  

LÓPEZ GARCÉS, Carlos A. Informe de Gestión de la Alcaldía del Municipio José Tadeo Monagas del Estado Guárico. Año 2007. Altagracia de Orituco, 31 de marzo de 2008. (Inédito)

“Nuevas oficinas y aulas serán inauguradas”. Visor de Orituco. Mensuario de la Alcaldía del Municipio José Tadeo Monagas del Estado Guárico. Coordinador: Pedro Salazar. Nº 6. Enero-febrero de 2006.

“Nuevos espacios para mejorar la atención al ciudadano”. Visor de Orituco. Mensuario de la Alcaldía del Municipio José Tadeo Monagas del Estado Guárico. Coordinador: Pedro Salazar. Nº 7. Abril-Mayo de 2006. 

SOSA, Sixto; MARTÍNEZ, José Francisco. Dr. P.M. Arévalo Cedeño: Una vida consagrada al bien común. San Juan de los Morros. Ediciones de la Secretaría y Relaciones Públicas del Ejecutivo del Estado Guárico. 1970.

SOSA, Sixto; MARTÍNEZ, José Francisco. Dr. P.M. Arévalo Cedeño (una vida consagrada al bien común). Altagracia de Orituco. Publicaciones de la Fundación Dr. Pedro María Arévalo Cedeño. Nº 6. Altagracia de Orituco, septiembre de 1991.
 5.- Informaciones orales
 Conversaciones con:
 D’SUZE GARCÍA, Luis. Altagracia de Orituco, 21 de abril de 1999.
GÓMEZ NARANJO, Salomón. Altagracia de Orituco, 23 de enero de 2017.
MENDOZA, Héctor. Altagracia de Orituco, 23 de abril de 1999.
PALACIOS, Arsenio. Altagracia de Orituco, 20 de enero de 2017.

PÉREZ, José Manuel. Altagracia de Orituco, 23 de abril de 1999.



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Carlos A. López Garcés
Cronista de Orituco
caloga_47@hotmail.com

Crónica 3.-
LA COLONIA GUZMÁN BLANCO


Carlos A. López Garcés
Cronista de Orituco


Nota previa

Venezuela no había logrado superar significativamente la disminución de sus habitantes ni la decadencia de la agricultura, como efectos negativos de las guerras de Independencia y Federal, aún en los comienzos de la  octava década del siglo XIX, amén de las enfermedades que diezmaban la población. El gobierno presidido por el abogado y general Antonio Guzmán Blanco, a quien apodaban el Ilustre Americano,  se propuso ejecutar medidas que sirvieran para incrementar el número de pobladores en espacios rurales y, al mismo tiempo, aumentar la producción de las actividades agrícolas, con énfasis en el café, que dominaba la economía monoproductora venezolana de entonces,  para reforzar el mercado agro-exportador, del cual dependía un alto porcentaje de los ingresos hacendísticos nacionales. 



1.- Ubicación y superficie

La Presidencia de la República, con aquellos objetivos y el asentamiento de inmigrantes europeos, creó dos colonias agrícolas en 1874. A una la llamaron Simón Bolívar y fue establecida en vecindades de Araira, al noreste de Guatire, estado Miranda, con una superficie de 22 kilómetros cuadrados. A la otra la denominaron Guzmán Blanco; quedó ubicada en la Serranía del Interior, jurisdicción de los actuales municipios José Tadeo Monagas del estado Guárico y Acevedo del estado Miranda, en el hoy Parque Nacional Guatopo, y circunvalada por los pueblos Altagracia de Orituco, Ocumare del Tuy, San Francisco de Yare, Santa Teresa del Tuy, Aragüita, Caucagua, Tapipa y San Francisco de Macaira, con una superficie de 555 kilómetros cuadrados, equivalentes a 55.500 hectáreas, según datos aportados por Federico Brito Figueroa, en el primer tomo de su obra Historia Económica y Social de Venezuela(1).

Noticias más recientes, publicadas en la revista Memorias de Venezuela, editada por el Centro Nacional de Historia, dependiente del Ministerio del Poder Popular para la Cultura, indican que: “A la Colonia ‘Guzmán Blanco’ fueron destinados los terrenos situados, según mapa elaborado por Alfredo Jahn, en la vertiente Norte de la Cordillera del Interior, entre los morros de Mocapa y Apa, el pico Marasipano, la quebrada de Dos Brazos y la confluencia del Río Grande con Taguacita, en los linderos de los estados Miranda y Guárico…” y agregan que  la extensión fue de 14.605 hectáreas, de las cuales 11.087 (76 %) correspondían a la hoya del río Taguaza y las 3.518 (24 %) restantes a la del río Orituco(2).

2.-  Primeros inmigrantes

La colonia Guzmán Blanco comenzó con la incorporación de un grupo de 71 inmigrantes franceses en 1875, los cuales fueron asentados en El Lucero, lugar de la Serranía del Interior, en los límites de los estados Guárico y Miranda, donde el gobierno nacional había construido un galpón para alojarlos provisionalmente, luego de haberlos mantenido en Altagracia de Orituco, aposentados en viviendas cedidas por la municipalidad orituquense, desde cuando estaban recién llegados a Venezuela en noviembre de 1874 y por el lapso de un año, aproximadamente. Otro grupo formado por 30 españoles y 9 franceses llegó en abril de 1875, cuando los primeros colonos no estaban aún establecidos. Siete meses después, en noviembre de ese mismo año, arribaron a Altagracia de Orituco nuevos inmigrantes franceses, españoles e italianos(3).

3.- Constitución

La comunidad coloniera guzmanense estaba formada por los pueblos Taguacita y San Antonio, a los cuales se anexaban ocho vecindarios. En Taguacita asentaba la capital, por lo que servía de residencia a la Gobernación, Jefatura Civil, Juzgado y demás oficinas públicas de la colonia; le construían una capilla católica, una cárcel y un matadero público en 1881, cuando la poblaban italianos, españoles y venezolanos. En San Antonio había entonces una escuela para varones y hembras, más de cien casas distribuidas en calles, una plaza, cementerio, etcétera, y estaba habitado mayoritariamente por españoles. Los ocho vecindarios eran cultivados por venezolanos e inmigrantes franceses, italianos y españoles(4).  

4.- Población

El asentamiento de aquellos agricultores europeos contribuyó a un crecimiento demográfico muy significativo de la colonia Guzmán Blanco, cuya  población era aproximadamente de 1.500 habitantes en 1876, cuando estaba formada por campesinos venezolanos que ya residían allí con anterioridad, junto con inmigrantes recién llegados y otros nuevos pobladores que fueron seducidos por la presunción de un auge económico en el sector(5). Al parecer, esa población había disminuido a 953 personas en 1881, de las cuales 685 eran venezolanas y 268 extranjeras, representadas por españoles, franceses e italianos(6). Sin embargo, hubo un incremento poblacional en 1886, cuando había 1.599 habitantes, de los cuales 849 eran varones y 750 hembras, distribuidos en 352 casas(7). No obstante, Manuel Landaeta Rosales afirmó en un escrito periodístico precitado, con fecha en Altagracia de Orituco el 20 de febrero de 1881, que toda la colonia tenía entonces 2.500 pobladores y cerca de tres millones de plantas de café, algunos fundos de caña y grandes plantaciones de frutos menores, que abastecían a muchos pueblos y comarcas del Guárico(8).

5.- Producción

Las actividades agrícolas realizadas en la colonia Guzmán Blanco, a once años de su fundación, revelaban la importancia de su aporte para la economía regional y nacional. Un meritorio historiador venezolano reseñó en una obra suya, ya citada en este trabajo, que: “En 1886, la colonia Guzmán Blanco tenía 125 plantaciones de café, con 2.000.000 de matas y una producción de 500.000 kilogramos; 292 fanegadas de caña de azúcar, siete trapiches, dos molinos, dos trillas y siembras de granos y tubérculos vernáculos…”(9) Este mismo autor publicó, en su ya mencionada obra, un cuadro resumen de la realidad económica existente en 1886 en la comunidad agrícola que motiva este escrito(10), el cual está expuesto a continuación


COLONIA GUZMÁN BLANCO
AÑO1886



Distritos

Propietarios

Plantas de café

Tablones de caña
Tablones de yuca y de frutos menores
Taguacita
64
241.000
  7
59
San Antonio
30
  16.900
20
78
Guatopo
73
104.200
    118
67
Taguaza
23
  17.000
12
29
Agua Blanca
35
116.500
33
16
Bucaral
22
167.300
  3
13
Santa Cruz
54
490.400
  6
88
Santa Rosa
24
  80.000
21
14
El Lucero
55
691.000
47
67
San Lorenzo
37
149.200
25
59
Total
      417
   2.073.500
    292
           490
 

6.- Factores de éxodo

Los caminos internos de la colonia  habían aumentado y mejorado en 1881, a los cuales se sumaba el de dos metros de ancho que había sido abierto desde Caramacate hasta Santa Teresa del Tuy y la porción de carretera que surcaba los sembradíos(11). Sin embargo, la insuficiencia de vías de comunicación, el aislamiento, la escasez de incentivos gubernamentales, los pocos beneficios obtenidos, los perjuicios en el mercadeo del café por la disminución de los precios en el ámbito internacional, etcétera, fueron algunos de los factores que motivaron el éxodo de numerosos colonos europeos hacia pueblos vecinos, como Altagracia de Orituco, Ocumare del Tuy y Santa Teresa del Tuy, para dedicarse a actividades más rentables y menos riesgosas que la agricultura de plantación, sobre todo en los años 1888-1889 cuando la situación fue más crítica en la colonia Guzmán Blanco(12).

7.- Duración

Al principio, el vulgo identificaba este asentamiento campesino como la Colonia de los Franceses y después, sencillamente y todavía a mediados del siglo XX,  como La Colonia,  aunque el nombre original era Guzmán Blanco y lo conservó desde su fundación hasta 1890, cuando había disminuido considerablemente la influencia política guzmanista, tanto que a la colonia le cambiaron la denominación por la de Independencia, la cual mantuvo hasta 1904, cuando el general Cipriano Castro, Presidente de la República, decretó la eliminación de las colonias agrícolas nacionales(13).

La abolición de la colonia Guzmán Blanco no significó el despoblamiento absoluto de su territorio ni su desaprovechamiento agrícola. Allí permanecieron muchos campesinos hasta 1964, cuando el ejecutivo nacional comenzó a concretar los pagos por bienhechurías a los agricultores que habían desalojado la zona o debían abandonarla, desde el 31 de marzo de 1958 cuando fue decretada la creación del Parque Nacional Guatopo(14) por el gobierno que presidía el contralmirante Wolfgan Larrazabal Ugueto, con la noble finalidad de preservar la vegetación, la fauna silvestre y las fuentes hídricas, que estaban seriamente intervenidas por la acción devastadora de la agricultura de conucos.

8.- Consecuencias

Entre las consecuencias generadas por la colonia Guzmán Blanco es factible destacar las siguientes: una,  la reactivación de la agricultura en una región cuya economía estaba deprimida desde la guerra de Independencia, como lo era el Valle de Orituco, debido a la pérdida de las haciendas cacaoteras, las cuales predominaban en la economía orituqueña de tiempos hispano-colonialistas; dos, el aumento de la cantidad de habitantes en lugares cuya población había sido tradicionalmente escasa; tres, el resurgimiento de labores artesanales con la aplicación de nuevas tecnologías en pueblos circunvecinos y, por ende, el establecimiento de pequeñas industrias y talleres de artesanía con mano de obra y técnicas europea(15).

9.- Topónimos y apellidos

La tradición conserva muchos toponímicos de los tiempos de la colonia Guzmán Blanco; entre ellos están: Guatopo, El Lucero, Bucaral, Taguaza, Taguacita, Santa Cruz, Agua Blanca y La Colonia; este último, por sí mismo, sintetiza el recuerdo de lo que fue el proyecto poblador guzmanista. Por otra parte, varios de los apellidos de inmigrantes europeos asentados en la colonia Guzmán Blanco están diseminados en los pueblos del Orituco y de los Valles del Tuy, aun cuando en territorio orituqueño han predominado los de origen italiano, de los cuales es posible mencionar algunos: Chiano, Chiliberti, Gandolphi, Guglietta, Lentini, Liporachi, Lossi, Moretti, Néspoli, Pirrongelli, Polachini, Punchilupi, Secco, Zanotti, Zuliani(16). Llama la atención que los apellidos de procedencia francesa no se arraigaron a la tradición en Orituco, aunque los colonos de esa nacionalidad fueron más numerosos que los italianos y los españoles; sin embargo, debe decirse que el apellido Constant, de origen francés, logró enraizarse en Altagracia de Orituco.

Es justo resaltar que los inmigrantes europeos transmitieron a sus descendientes la vocación por el trabajo agrícola y artesanal. Un ejemplo fueron los hermanos Alejandro y Deogracias Constant Zuliani, quienes establecieron sendos talleres de artesanía en Altagracia de Orituco, donde ejecutaban labores de herrería, armería y mecánica en el transcurso del siglo XX.  Eran hijos de los esposos Francisco Nicolás Constant y Antonia Zuliani, ambos inmigrantes, casados en Venezuela(17).

 REFERENCIAS Y NOTAS
 (1) BRITO FIGUEROA: 1979, p. 298.
 Observación. Un reputado cronista orituquense escribió que la jurisdicción territorial del distrito Altagracia del departamento Cedeño (actualmente, parroquia Altagracia de Orituco del municipio José Tadeo Monagas del estado Guárico) fue desmembrada el 11 de septiembre de 1874 “…con la creación de la Colonia Guzmán Blanco, cuyo límite del sur fijado posteriormente llega hasta el vecindario de Caramacate, en la cabecera del río Orituco, parte de cuyo vecindario sirve hoy de límite por ese rumbo a esta jurisdicción”. (MACHADO: 2008, pp. 205, 206). 

(2) Memorias de Venezuela. Nº 2. Caracas, marzo-abril de 2008,  p. 33.

(3) IBIDEM. CALZADILLA: 1999.

Observación. El escritor gracitano Pedro Rafael Arévalo afirmó lo siguiente: “Las tierras repartidas a las familias que constituyeron la Colonia [Guzmán Blanco] pertenecían al extenso latifundio que la nación otorgó al general [Carlos] Soublette, como haberes militares en la guerra de Independencia. Su viuda, doña Olalla, vendió a los Azcárate, de quien fue causahabiente don Felicio R. Girón, quien inició pleito contra los sucesores de los primitivos colonos, con un interdicto de amparo. El mencionado pleito duró cerca de cuarenta años, concluyendo al pagar el gobierno nacional, en tiempos de la dictadura del presidente Gómez, Bs. 100.000, a los herederos del señor Girón, fijando así un nuevo límite a la hacienda Conoropa o Caramacate”. (MACHADO: 2008, p. 206, nota  85)

(4) LANDAETA ROSALES. La Opinión Nacional. Año XIV – Mes III - Nº   3.517. Caracas, jueves 3 de marzo de 1881, p. 3. 

(5) Memorias de Venezuela. Nº 2. Caracas, marzo-abril de 2008,  p. 34.

(6) BRITO FIGUEROA: op. cit., p. 315.

(7) IBIDEM: p. 313.

(8) LANDAETA ROSALES. La Opinión Nacional. Año XIV – Mes III - Nº 3.517. Caracas, jueves 3 de marzo de 1881, p. 3. 

(9) BRITO FIGUEROA: op. cit., p. 298.

(10) IBIDEM: p. 299.

(11) LANDAETA ROSALES. La Opinión Nacional. Año XIV – Mes III - Nº 3.517. Caracas, jueves 3 de marzo de 1881, p. 3. 

(12) Memorias de Venezuela. Nº 2. Caracas, marzo-abril de 2008, p. 34.

(13) IBIDEM: pp. 34, 35.

(14) Gaceta Oficial de la República de Venezuela. Nº 25.624. Caracas, 31 de marzo de 1958, pp. 5, 6.

(15) Memorias de Venezuela. Nº 2. Caracas, marzo-abril de 2008, p. 35.

(16) TORREALBA LOSSI: 1989, pp. 58, 88. CALZADILLA: op. cit.

(17) MARTÍNEZ. Topano. Año I - Nº 3. Altagracia de Orituco, julio de 1964, p. 2.

Observación. La fotografía que ilustra este escrito está tomada de esta misma fuente. Corresponde al señor Ángel Constant Zuliani en su taller de artesanía, ubicado en la calle José Martí, cruce con la Gil Pulido, de Altagracia de Orituco. La casa fue demolida y en su lugar fue construido un moderno edificio de cuatro plantas, propiedad del comerciante árabe Jorge Masri (Musiri).

 FUENTES
 I.- Bibliográfica
 BRITO FIGUEROA, Federico. Historia Económica y Social de Venezuela. Caracas, Ediciones de la Biblioteca de la Universidad Central de Venezuela, Colección Historia III, t. I, 1979.
 MACHADO, Adolfo A. Recopilación de apuntaciones para la historia de Altagracia de Orituco hasta el siglo XIX. Caracas. Edición de la Alcaldía del Municipio José Tadeo Monagas del Estado Guárico, 2008.
 TORREALBA LOSSI, Mario. Memorias de Pacífico Sereno. San Juan de los Morros. Fundación Guariqueña para la Cultura. Biblioteca de Temas y Autores Guariqueños. 1989.
 II.- Hemerográficas
 CALZADILLA ÁLVAREZ, Pedro. Discurso con motivo del III Encuentro de Naciones. Altagracia de Orituco, domingo 31 de octubre de 1999. (Hojas sueltas)
 “Decreto Nº 122 por el cual se declara ‘Parque Nacional de Guatopo’ las cuencas hidrográficas de los ríos Lagartijo, Taguaza y Taguacita y sus respectivos tributarios, ubicados en jurisdicción de los Distritos Paz Castillo y Lander del Estado Miranda”.. Gaceta Oficial de la República de Venezuela. Nº 25.624. Caracas, 31 de marzo de 1958, pp. 5, 6. 
 La Colonia ‘Guzmán Blanco’ o Colonia de los franceses. Breve historia del Parque Nacional Guatopo”. Memorias de Venezuela. Edición del Centro Nacional de Historia. Nº 2. Caracas, marzo-abril de 2008, pp. 33 a 35.
 LANDAETA ROSALES, Manuel. “La colonia Guzmán Blanco”. La Opinión Nacional. Año XIV – Mes III – Nº 3.517. Caracas, jueves 3 de marzo de 1881, p. 3.

MARTÍNEZ, José Francisco. “Valores humanos del Orituco: Ángel Constant”. Topano. Año I - Nº 3. Altagracia de Orituco, julio de 1964, p. 2.

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Crónica 2.- 
ESCUELA FELIPE NERI SENDREA



Carlos A. López Garcés
Cronista de Orituco

Busto de monseñor Felipe Neri Sendrea, Obispo de la Diócesis de Calabozo de 1888 a 1921, erigido en el parque del cual es epónimo en Altagracia de Orituco, ubicado en el ángulo sur-oeste del cruce de las calles José Martí y Julián Mellado, diagonal a la plaza Bolívar. Nació en los Puertos de Altagracia, estado Zulia, el 27 de septiembre de 1844. Murió en Valencia, estado Carabobo, el 9 de mayo de 1921. (Foto: C.L.G. / Domingo 12-04-2010).




Algunos antecedentes










Las niñas de Altagracia de Orituco, durante el primer tercio del siglo veinte, no tenían posibilidades de cursar estudios primarios sistemáticos en una escuela legal y formalmente constituida. Sus representantes debían acudir, generalmente, a institutrices particulares, quienes impartían conocimientos en especies de escuelas privadas que mantenían en sus propias casas, como lo hacían, por ejemplo, las señoritas Julia Díaz, Adelina Orozco, Clemencia Ortega, Clemira D’Suze y Cándida Amelia Ruiz Espi, quienes enseñaban a leer, escribir, sumar, restar, multiplicar, dividir y otras nociones elementales de matemáticas, así como de ciencias naturales, geografía, historia, religión, moral y buenas costumbres, manualidades femeninas, etcétera. Por otra parte, algunas familias que se habían convertido al protestantismo, tenían entonces la opción de enviar a sus niños y niñas a la escuela que funcionaba en la propia capilla de la Iglesia Evangélica Libre, ubicada en la calle Ilustres Próceres cruce con la Gil Pulido (otrora esquina del Ciprés), donde recibían enseñanzas elementales impartidas por personal preparado para tales menesteres, entre quienes destacaban las señoritas Esther Carlson y Mabel Sundell. 
Esta situación cambió desde septiembre de 1932, cuando un grupo de niñas, entre quienes estaban Yolanda García, Carmen Rosalía Rodríguez, Osmunda Trejo, Leticia Toledo, Consuelo Arévalo, Graciela Paredes y otras, fue admitido por primera vez como parte del alumnado de la Escuela Federal Ángel Moreno, la cual había iniciado oficialmente sus actividades desde el 1º de junio de 1924 para la educación elemental de niños, como respuesta satisfactoria a la solicitud de don Clemente Ortega, un orituqueño respetable y preocupado por la educación de la niñez, ante el general Manuel Sarmiento, cuando este gracitano estaba encargado por segunda vez de la Presidencia del Estado Guárico, desde el 1º de junio de 1915 hasta febrero de 1924. Otras alumnas ingresaron en años subsiguientes a cursar estudios en aquella institución para varones.


Fundación 


La admisión de hembras para estudiar en la escuela de varones generaba algunos comentarios malsanos en personas de pensamiento muy conservador, quienes no aceptaban esa mixtura y hasta la criticaban severamente, pues no entendían la aplicabilidad de los cambios sociales y culturales a la educación, propugnada por ciertos intelectuales que asumieron ese significativo rol de docente transformador, entre quienes destacaba el poeta e institutor ipirense Próspero Infante. Sin embargo, había la necesidad de fundar nuevos espacios escolares, al tiempo que circulaba la idea específica de crear un plantel para hembras, lo cual era una realidad altagraciana en los primeros días de noviembre de 1935, cuando ya existía la Escuela Concentrada de Niñas, oficialmente reconocida por el Ministerio de Instrucción Pública y dirigida por la señorita Carmen Joaquina Osío Sarmiento, de acuerdo con una nota de prensa, publicada en Cosechas con el titular NUEVA MAESTRA, cuyo texto dice:
“Hemos tenido el honor de conocer a la Señorita Gloria Yanes, quien desde la Capital de la República i por resolución del Ministerio de Instrucción Pública se encuentra en esta población desempeñando el grado Nº 2 de la Escuela Concentrada de niñas que dirige con acierto la señorita Joaquina Osío Sarmiento.”
Al parecer, aquella escuela estaba consolidada en esos días, cuando ya contaba con el respeto y aprecio de la comunidad, según lo indica su participación en los actos efectuados en Altagracia de Orituco el viernes 21 de febrero de 1936, como un homenaje de los pueblos del otrora distrito Monagas del estado Guárico a la memoria de los asesinados en Caracas, el viernes 14 de ese mismo mes y año, cuando protestaban contra el gobierno encabezado por el general Eleazar López Contreras recién constituido y exigían mayores libertades populares.
El cronista José Francisco Martínez Armas afirmó, sin revelar la fuente, que la escuela de niñas Felipe Neri Sendrea fue fundada por la joven señorita Carmen Joaquina Osío Sarmiento, quien fungió de directora del plantel y estuvo acompañada por Clemencia Ortega (Clemencita), Gloria Yánez y doña Josefina Pérez Wichman de Ramírez, como maestras número uno, dos y tres, respectivamente. Ese mismo cronista aseveró que aquel establecimiento escolar fue creado en abril de 1936, lo cual parece ser incierto, porque esa escuela ya existía y estaba reconocida por el Ministerio de Instrucción Pública en noviembre de 1935, como está escrito en párrafos anteriores. No obstante, es factible suponer que aquella Escuela Concentrada de Niñas la graduaron en abril de 1936, le asignaron el nombre del segundo Obispo de la Diócesis de Calabozo y la denominaron Escuela Federal Graduada Felipe Neri Sendrea. 


Otras directoras

Carmen Joaquina Osío dirigió aquella escuela de niñas hasta noviembre de 1937, cuando fue sustituida por la señora Josefina Pérez Wichman de Ramírez, una venerable dama nativa de Altagracia de Orituco, conocida cariñosamente como Doña Pepita de Ramírez. 
La Dirección de la Escuela Federal Felipe Neri Sendrea fue desempeñada por otras educadoras respetables, entre las cuales estuvieron: Cristobalina Ramírez de Ortíz, Esther María Guzmán, Ada Ságer, Margot Ismayer, Dilia Gómez, Amalia Medina de Pérez y, finalmente, René Medina, quien ejerció el cargo desde octubre de 1950 hasta febrero de 1956, cuando la escuela Felipe Neri Sendrea y la Ángel Moreno, de niñas y de niños, respectivamente, culminaron sus actividades y juntas fueron integradas en una institución mixta, para varones y hembras, constituida en el Grupo Escolar José Ramón Camejo, el cual absorbió el personal de ambas escuelas. Algunas de aquellas damas también fueron maestras en esa misma escuela femenina que luego dirigieron, entre las cuales es oportuno mencionar como ejemplo a: Cristobalina Ramírez de Ortíz, quien lo fue de quinto grado; Esther María Guzmán, de quinto y sexto; Margot Ismayer, de primero y segundo; René Medina, de segundo, quinto y sexto. 


Algunas maestras

La directora de aquella escuela de niñas tenía a su cargo un equipo de maestras de indudable vocación docente y capacidad pedagógica. La ocasión es apropiada para recordar algunas de ellas y agregarlas a las ya nombradas: Carmen Rojas de López (La Maestra Carmita), Aura García de D’Suze, Rosita de Ságer (?), Ernestina González, Carmen Dolores Rangel, Carmen Rosalía Rodríguez, Yolanda García, Carmen Justina García, Josefina Caldera, Josefina Estanga, Blanca Gimón, Carmen Gámez de Martínez, Isabel Teresa Balduz, Dulce Camero, Elide Rivas Espinoza, Carmen García de Hibirmas, Antonieta Graffe, Elsa Josefina Machado de Carballo (La Maestra Pipina) y otras. 
Eran educadoras valiosas por su prestigio, que estaba fundamentado principalmente por la moralidad, el esmero, la preparación, la conducta y la exigencia en el aprendizaje y en el rendimiento de sus alumnas, según el grado que éstas cursaran. Impartían conocimientos básicos de castellano, literatura, matemáticas, ciencias naturales, geografía general, geografía de América, geografía de Venezuela, historia universal, historia de América, historia de Venezuela, historia del arte, etcétera; además, enseñaban el acatamiento de valores morales como el respeto, el pudor, la disciplina, la responsabilidad, la puntualidad, la pulcritud, la honestidad, la honradez y de otras normas vinculadas a la decencia. Eran dignamente venerables por su ética para inculcar esas cualidades humanas.

Un hecho discriminatorio

Es conveniente reiterar, como hecho discriminatorio, que en la escuela femenina Felipe Neri Sendrea no admitían maestros ni alumnos; sólo hubo maestras y alumnas, con la excepción del presbítero Rafael Chacín Soto (padre Chacín), quien se desempeñó como entrenador de voleibol, quizás en 1949-50. Por el contrario, en la masculina aceptaban maestros, maestras, alumnos y, desde 1932, un grupo significativo de alumnas, por lo que la Ángel Moreno ya tenía cierta condición de mixta, aunque limitada por la postura de algunas personas que se mostraban reacias a lo novedoso; sin embargo, con aquella mixtura se demostraba una notable diferencia al compararla con la escuela de niñas en la aplicabilidad de los cambios socio-culturales ejecutados en la educación altagraciana, como los que ya ocurrían en otros lugares del país, con la tendencia a eliminar ciertos tabúes que imponían patrones culturales de conducta para discriminar la enseñanza escolar según el sexo y a rescatar el derecho natural femenino de estudiar en igualdad de condiciones.
Debe aclararse que en la Escuela Felipe Neri Sendrea sólo se cursaba inicialmente la educación primaria elemental, que comprendía hasta el cuarto grado. Las alumnas interesadas en culminar la educación primaria superior, mediante la aprobación del quinto y sexto grado, debían asistir a la de varones. Esta circunstancia reforzaba el carácter mixto de la Ángel Moreno, el cual fue mantenido aun cuando en la escuela de niñas fue posible, años después, cursar y aprobar los dos grados de escolaridad superior. 


Significación


La Escuela Federal Graduada Felipe Neri Sendrea culminó sus actividades después de más de veinte años de fructíferas labores, transcurridos de noviembre de 1935 a febrero de 1956. De sus aulas egresaron numerosas niñas, muchas de las cuales se integraron al Liceo Ramón Buenahora de Altagracia de Orituco para continuar estudios secundarios, que debieron terminar en Caracas u otra ciudad donde hubiese la opción de obtener el título de bachiller, que les permitiera ingresar a la universidad hasta lograr el grado académico profesional respectivo, como lo hicieron varias con talento y dedicación.
La Sendrea, como se le conocía popularmente, constituyó la posibilidad práctica, real, que tuvieron las niñas altagracianas de cursar estudios primarios elementales hasta cuarto grado, primero, y superiores hasta sexto grado, después, para obtener la certificación de Educación Primaria, otorgada por el Ministerio de Educación, llamado anteriormente de Instrucción Pública. 
Esa escuela representaba una expresión gracitana feminista, dentro de una sociedad conservadora de muchos prejuicios, en la cual se discriminaba todavía la educación escolar según el sexo; esto explica el por qué en Altagracia de Orituco existía simultáneamente una escuela para varones, que era la Ángel Moreno. No obstante, había signos de superación de aquellos hechos discriminatorios, como eran, por ejemplo, el que algunas muchachas estudiaban en la de varones, donde había maestras y maestros que atendían indistintamente niños y niñas, aunque en la de hembras no había alumnos ni maestros; además, ocurrían intercambios culturales entre ambas escuelas mediante la participación de sus estudiantes, quienes actuaban en escenarios montados en el patio central de la Ángel Moreno; las muchachas de la escuela de hembras asistían semanalmente a Saladillo, con su vestimenta apropiada, a practicar los ejercicios indicados en las clases de educación física, que recibían a la vista de los escasos transeúntes en un terreno poseído por un particular.
Eran tiempos de transformaciones sociales favorables para el feminismo orituqueño, cuando se luchaba abiertamente contra muchos mitos segregadores del sexo femenino, impuestos por patrones culturales, que habían sido heredados de los días de la dominación hispano-colonialista.*
 __________
*Observaciones:
1.- Trabajo leído en el III Congreso Estudiantil de Historia Local, celebrado en el Auditorio de la Escuela Básica José Ramón Camejo de Altagracia de Orituco, el miércoles 17 de noviembre de 2010.
2.- Bibliografía y otras fuentes en reserva.


Crónica 1-.

DIOCLECIANO CHILIBERTI
(Revisión biográfica)

Diocleciano Chiliberti
(1905 – 1982)
Diocleciano Saturnino Chiliberti Brito fue el nombre completo de un pintor orituqueño talentoso, mejor conocido familiar y cariñosamente como Chiquito. Nació el 3 de junio de 1905 en un sitio llamado Fila Verde, de la jurisdicción de Altagracia de Orituco; sin embargo, en esta población vivió la mayor parte de su existencia desde muy pequeño. Sus progenitores fueron: Saturnino Chiliberti y Juana Brito de Chiliberti. Tuvo dos hijos: Aníbal (fallecido recientemente) y Zully Chiliberti Mujica; abogado el primero y secretaria, con estudios superiores universitarios de comercio, la segunda.
Cursó la instrucción primaria en Altagracia de Orituco, en una escuela dirigida en 1918 por un educador nativo de Francia, nombrado Juan de Leuze, de quien recibió además lecciones de francés, idioma que lo apasionaba.  
Desde muy niño demostró tener buenas aptitudes para dibujar. A los 16 años de edad ingresó como alumno a la Academia Nacional de Bellas Artes de Caracas, donde estudió dibujo; allí fue discípulo de Carlos Otero y Marcos Castillo, prominentes pintores venezolanos. Aun cuando le habían propuesto enviarlo a Francia para continuar su preparación artístico-intelectual, debió abandonar la academia por solicitud de su padre, un propietario de haciendas en las cercanías de Macaira estado Guárico, quien, según su apreciación económica predominante, no entendía el beneficio futuro de ese academicismo y aspiraba para su hijo una ocupación rentable en breve tiempo. No obstante, se mantuvo en Caracas durante un año, aproximadamente, estudiando y vendiendo creyones de su autoría.
Inducido por los planteamientos de su papá, regresó a Altagracia donde se dedicó al comercio asociado con su hermano Pedro, gracias a la ayuda paterna para establecer una casa mercantil; pero sin abandonar la actividad pictórica, inspirado en el ejemplo de Miguel Ángel Buonarroti, de quien fue admirador. También tuvo excelente oído musical, lo que le permitió aprender a ejecutar el violín con el profesor Jesús María Estrada, un buen músico que llegó a tierras altagracianas, donde integró la Banda Padre Sojo.
De sus creaciones con óleo sobre tela pueden ser citadas las siguientes: Los Cazadores, Sucre en Berruecos, El Centauro del Llano, Rómulo Betancourt, El Charro de San Rafael de Orituco (una figura del pueblo), La Justicia, La Disputa, Bodegón, Paisaje, etcétera. Gracias a su retentiva prodigiosa, dibujó memorizando una serie de personajes populares orituquenses, entre quienes están: El Mudo, Zorro Mocho, Rafael Oropeza, La Señora, Claudio y otros. Hizo un dibujo (plumilla) titulado La Lucha, el cual representa una impactante batalla por la sobrevivencia entre un águila y una serpiente. Su trabajo artístico originó comentarios positivos importantes.
No sintió gran atracción por la praxis política. Se dedicó espiritualmente al ejercicio de sus virtudes creativas. Tal vez su afiliación al pensamiento rosacruz influyó en sus quehaceres plásticos; así lo indican ciertos rasgos que lo mostraron como un personaje místico: siempre estuvo identificado plena e íntimamente con su inquietud artística, que la plasmó muchas veces por “amor al arte”, pues solo en dos ocasiones pintó por encargo y apenas vendió algunas obras, con las cuales fue tan reservado que no participó en exposiciones. Estas características habrían influido en la escasa divulgación de su trabajo tan valioso, conocido únicamente por ciertas personas. Debieron transcurrir ocho años después de su muerte para exponer una muestra suya en Altagracia de Orituco, en la sede del Concejo, durante los días 14, 15 y 16 de junio de 1990. 
Chiquito Chiliberti fue víctima de una intoxicación urémica, causada por insuficiencia renal aguda, de acuerdo con la certificación médica expedida por la doctora Ruth Maigualida Castro; falleció a las nueve y media de la mañana (9 a.m.) del 29 de abril de 1982 en Altagracia de Orituco, en cuyo Cementerio General están sus restos.


Sucre en Berruecos. Óleo sobre tela, 182 x 142 cm.















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